jueves, 28 de agosto de 2008

Palabras que me llegan...

Ernestina de Champourcín Morán de Loredo (Vitoria, 10 de julio 1905 - Madrid, 27 de marzo 1999), poetisa española perteneciente a la Generación del 27.


Gota a gota

Hay algo -gota a gota-
que nos llena el vacío
¡Hondones del deseo!
¡Qué colmo de esperanzas!
El oleaje arrastra
caudales sin objeto
y hay muchos anaqueles
que ningún libro ocupa.
¿A dónde vamos, dime?
Aún nos quedan paisajes
con frondas ignoradas
y orquídeas que navegan
en busca de su nombre.
Quisiéramos al fin la belleza absoluta
que rebosa verdad porque la luz es nueva.
Se borran las fechas
del momento incendiado,
pero nos grabarán
como inicial las sienes.
Es el fin o el principio
de las augustas ruinas circulares.
¿Se pierde o se gana?
Hay manos que triunfan

al quedarse vacías
y otras como puños
que no conservan nada.

viernes, 22 de agosto de 2008

Abrazos

Queridos amigos:
Os dejo esta imágen como símbolo de los abrazos que tengo ganas de daros... Me voy por fin de vacaciones y aunque parezca algo trillado, no me lo puedo creer...
Los últimos meses han sido duros. Ahora me dispongo a recuperarme. De cualquier forma tengo tanta necesidad de escribir que seguro desde algún ciber u otro lugar, volveré a conectarme para poder dejar aquí mis huellas y compartirlas con vosotros.
Este blog está abierto a vuestras casas y almas. Si alguno tiene apetencia de colaborar con él, no tiene más que decirlo.
Os abro la puerta y os pongo la alfombra. Y quizás algún té fresquito.
Nos vemos en ese maravillos mes de Septiembre. Donde todo nos comienza a cambiar desde dentro... Ahí es donde comienzan mis años... en las puertas del otoño.
Me gustaría reunirme con vosotros en alguna fiesta mágica... Quién sabe... lo mismo en breve es posible.
Besos de algodón azucarado. Así, pegajosos, los abrazos son más intensos.
Ya sabéis dónde y cómo localizarme. Estaré siempre cerca.

jueves, 21 de agosto de 2008

Barro


Desde ahí tu aliento es vida. Mi cuello parece una brizna al borde de un río. Me meces con susurros. Robas al viento su poder. Me lo entregas en caricias. Y sé que andas cerrando los ojos para embriagarte más con mi olor; que yo voy cerrando los míos para guardarte sólo en la piel. Que el recuerdo arroje ahí su ancla. En la zona donde tanto te gusta deleitarte.

Cuéntame secretos, amor. Ven y dime esas maravillas que a otros parecen no importarle. Háblame del cosmos, de cómo el agua se parece a la sangre. De los grillos que tú dices entender. De todo eso que nunca hubiera imaginado cercano. No importa el idioma que uses porque sólo hay uno para los momentos de los cuerpos.

Dime secretos. Halla mis páramos donde humedecerte y crearte. Apenas rózame. Porque cuando sé que estás llegando, en ese preciso instante de saberlo, mi cuello se deja caer como si fuera de barro y me preparo a recibirte. No me toques aún. Espera.

Espera que tu vaho me ponga la piel erizada. Sigue sin hablar de grandes cosas. Sólo pequeñas palabras: tú, yo, luz… letras sueltas que nadie entienda. Nuestro lenguaje para las caricias. Detente ahí, donde el pulso te llama. Pósate con la suavidad de una hoja madura. Estreméceme.

Me dejaré seducir si me tapas la cara con las vendas suaves de la noche. Ven. Cúbrete tú también el rostro. Que el mismo tejido nos acune. Insuflémonos como únicos habitantes de la vida. Nutrámonos de roces, de labios y palabras. Quiero ver cómo nuestros cuerpos comienzan a formarse y nos van creciendo algas, corales… y quién sabe si piernas para buscarnos.

Por ahora, ven. No dejes de posarte como una libélula en busca de agua. He preparado tu cobijo. Mi cuello es tu casa. Que tus palabras sean bálsamo y al girarme buscando tu boca, letra a letra, pueda pronunciar tu nombre.

Nacerte desde mi garganta donde ya habrán florecido tus caricias. Sigue apoyado en mí, deletréame la vida para que pueda digerirla. Y ven. Ven siempre a mi piel como un ave a su nido al caer la tarde.


Mariposas

Me crezco hacia dentro
enraizándome
conmigo
en

C
A
S
C
A
D
A

De a poco
comenzaré a ser hoja
de nervios relucientes
por donde
dejaré
res-ba-lar
pensamientos

La flor que seré
si consigo tallificarme
sabrá olerse a si misma
desde la primera gota
hasta
el
último mimo

Requiero a mi savia
dulzor para surgirme
desde el vientre-semilla
que me acoge

Voy desperezando a colores
la idea-vida
que fui
y en los brazos abiertos
hay brotes de alas

Esponjas

He soñado con la muerte. Con la de los seres queridos que me hablaban desde una parte desconocida para mí. Ellos insistían en que estaban bien, que me cuidara de la vida en la tierra. Decían ser felices y que por fin estaban en paz. Mi alma lloraba y quería hablar. Nada salía por la boca. Ni una sola sílaba.
He soñado que eran ellos los que viajaban en ese avión y que era yo quien llegaba buscando sus cuerpos. Rezando (sin saber) para no encontrarlos entre los fallecidos. Volviendo a rezar entre las camillas y las habitaciones donde se encontraban los que estaban al borde mismo de la muerte. Apretándome el pecho por dentro y por fuera para conseguir divisarlos entre los vivos. Heridos pero vivos. Aún a salvo del más allá.

Y no los veía. Caminaba entre humo. Olía de una forma espeluznante. Todo eran sirenas y luces y muerte y más muerte. Todo negro. Todo fin.

Una mano me tocó y al girarme eran ellos. Toda mi familia que venía a rescatarme. Me sentía tan confusa… ¿Por qué lloraban ellos?

En ese instante vi pasar mi cuerpo. En una camilla; dentro de una bolsa que estaban cerrando. Era yo la que iba dentro. Muerta. Y ellos lloraban desconsolados.

Sin duda, el dolor de tantas almas se expande y no he podido dormir sin filtrar las imágenes, los llantos y el olor que parecía salirse ayer noche de mi televisión. He sentido la muerte en mí, el dolor en ellos… Me pongo en el lugar de las personas vivas que buscan a sus familiares quizás muertos. Pero por alguna extraña simbiosis, durante el sueño, opté por morir y sentir la confusión que deben haber sentido todas esas almas cuando han visto pasar sus cuerpos encerrados en bolsas negras.

Creo, firmemente, que el instante de la muerte es confuso. Que es probable que haya unos momentos en los que no sepas qué está pasando. Y que muy sutilmente, intentemos agarrarnos a la vida y no reconozcamos que la caja que nos contiene acaba de cumplir su cometido y nos ha dejado libre el alma.

Somos esa materia que hoy yace quemada. Todos somos un poquito de esa tragedia. Y en cada barbaridad de esta vida, todos morimos un poco o incluso renacemos.

Desee despertarme de este sueño-muerte y lo he conseguido. Ellos no. Muchos de ellos no. Así que, para los que estamos vivos, sería imperdonable dormirnos por la calle.


Dejo aquí mi pequeño canto a la esperanza. Busquen a un niño cualquiera, mírenlo a los ojos y comprueben en su brillo que la vida sigue y que todo, absolutamente todo, es siempre posible.

Somos ante todo, humanos, en toda la amplitud de la palabra. No lo olviden.

Un abrazo.

martes, 19 de agosto de 2008

Guarecerme


Imaginé armarios
abrigos
jugando al invierno
La nieve detrás

Justo
donde miraba
allí
caían los copos
y mis ojos

Tú ponías la mano
desde la parte
injusta del recuerdo
pero
estabas
y
veías
la nieve
donde
yo miraba

Dudé veranos
mares
que incluyeran
tesoros

Justo
frente al olvido
dispuse
toallas
y sombrillas

Viniste tú
hacia la calma
que dormía
sin poder evitarlo
y te anclaste
como la caricia
del otoño

Me convoqué
y te quise
invitando a las estaciones
a vivir entre
la puerta
y la piel

Sospeché
Un volcán en el jardín
y la lava apareció
desplazando la vida
y a nosotros

Justo al lado
he plantado margaritas
abonadas con cenizas
y hoy
sentí calor
al cerrar con llave
los instantes

Por fin haré
la mudanza a la vida
justo
aquí
donde camino sola
y no espero

Ningún abrigo
ha dado nunca ternura
por eso pinté un pozo
y lancé la ropa

Soy
la mujer desnuda
en cuyo hogar
no existen
llaves
ni utensilios para huir

la ventana abierta
desde dónde
hacia todo
y
mañana

Justo encima
de la noche
por la que huyen los cantos
he puesto la esperanza
en forma de insecto

Vivo
para saberme
y si en mis manos
otras deciden descansar
es mejor no tener
armarios ni abrigos ni llaves

imaginé al amor
hecho de casas abiertas

¿Jugamos...?

Mrs.Greenberger
me descompongo
y me vuelvo a componer
me siento niña en tus manos
y puzzle cuando me tocas


soy a veces la mitad
otras el submundo
y nueve partes para tí


si me recompones
me quedo

lunes, 18 de agosto de 2008

Mobiliario descompuesto

Rascacielos Turning Torso
Suecia


El pasado día seis de este mes, miércoles, escribí en este blog un poema titulado “lo que de verdad…” y comenzaba diciendo…

- Quiero ser sueca … -

Pues bien. Como es necesario tener mucho, mucho cuidado con lo que se desea, esta vez la vida me pone en un aprieto.

Ayer, mientras viajaba desde Portugal en el Ferry me llamaron por teléfono. Es lógico que cansada como venía y entusiasmada con el agua, no escuchara mi móvil. Así es que al bajarme ya en Ayamonte comprobé que era un número muy, muy largo, demasiado largo y de un prefijo que desconocía.

Una siempre quiere pensar en lo mejor. Que una amiga te llama desde el extranjero para darte envidia de sus vacaciones. Que algún antiguo novio se acuerda de ti y quiere invitarte a viajar. Que te tocó un premio (yo estaba esperando el cuponazo como agua de mayo…y aunque no tenga nada que ver la once con países extranjeros… en ese momento todo se relaciona tal es el ansía de sentirte afortunada). Incluso llegué a pensar si no sería alguien desde Marruecos ya que ando mirando la posibilidad de irme a trabajar allí (esto es algo extraño porque aún no he enviado ningún currículum… pero como siempre pienso que el universo sabe más de mí que yo… pues…).

Y ahí quedé. Preocupada por saber. Intrigada. Barajando posibilidades remotas. Decidí que en cuanto llegara al trabajo al día siguiente debía mirar a qué país pertenecía el dichoso numerito. Eso y el número del cupón.

Del cupón, como imaginan, nada. Ni siquiera puedo recuperar lo invertido a pesar de ser un regalo. Y de la llamada perdida hay varias sorpresas:

1.- Es el prefijo de Suecia

2.- El número pertenece a una empresa que apenas puedo saber a qué se dedica porque su página Web no hay quien la entienda. Pero parece que venden un poco de todo. Entre algunas cosas que intuyo, motos y coches.

Perpleja. Me quedé sin aliento. Algunos saben que mi coche últimamente ha pasado por el taller. Que ando mirando si puedo o no permitirme comprarme uno.

Si uno mi deseo de ser sueca al deseo de tener un coche nuevo y a la llamada oportuna desde Suecia y desde una empresa que venden coches… Alucino, me estremezco y caigo en un sopor extraño.

¿Cómo pueden saber estos suecos que yo ando buscando coche…? O será que el país es genial y cuando detectan con no sé qué antenas telepáticas que alguien desea ser de allí automáticamente se ponen en contacto. Quizás los suecos no quieran serlo y comiencen a irse del país. Quizás les falte gente. O le sobren coches.

Y otra de las cosas que pasó por mi mente es que lo mismo hay miles de suecos preparados para rastrear por Internet cualquier palabra que nombre a su país para luego analizar y ampliar mercado o captar gente. Tengan cuidado a partir de ahora ya no sólo con los deseos, sino con lo que publicáis en Internet. Puede pasar de todo.

Incluso que me quieran dar el premio Nobel y todo sea una artimaña para que yo no me entere. Porque ahora que lo pienso, cuando la hipoteca me aprieta y no sé de dónde sacar dinero mi mente se va a ese paraíso llamado “Premio Nobel” que tantas puertas me abriría. Viendo como se las gastan, quién me dice a mí que no hayan interceptado mi pensamiento recurrente todos los días 30 y hayan decidido dármelo para evitar interferencias en los aparatos “detectadeseos”.

Cómo no recordar el relato largo que Quin Monzó incluye en su libro “El mejor de los mundos”, donde un escritor que siempre es avisado de que es elegido para los premios Nobel de literatura, se compra un frac y cada año espera el momento y el frac vuelve a ser guardado una y otra vez.. Y siguen pasando cosas y años y el frac y él siguen esperando el Nobel… y…miles de “y”… que los suecos añaden a su vida.

Ahora me siento parte de esa fábula. Lean el libro, lo recomiendo.

Aunque mi parte más racional, que la tengo a veces, me dice, que quizás sólo haya sido una de esas pequeñas confusiones que los humanos tenemos a veces cuando vamos a marcar un número y el dedito se nos va a otro.

¿Casualidad o Causalidad?

De cualquier forma, he guardado en número en la agenda del móvil con una interrogación. Los humanos somos expertos en pulsar mal las teclas. Si vuelven a contactar, entienda o no lo que me digan, sabré al menos que son “ellos”, los suecos.






Todos tenemos un son

SENSUALIDAD
(eso que es pequeñito porque siempre lo ocultamos)

Ritmo
Y en los brazos aire
Cadencia de agua
Ritmo

Mesura
Pies continente
La cadencia en la pierna
imagina torbellinos

Se peinan movimientos
como olas que no rompen
y las manos
agarradas

al aire o a las mareas
resisten

Compás
Susurros de las ropas
Vaivén nostálgico
Compás

Se sitúan las almas
por encima de la luna
frente a frente el rostro
en un giro
el aliento sobre el cuello
baila

No se sabe qué letras
elementos
juntan las caderas
flexionan lo que somos
y nos dispone a la renuncia

Y sin saberlo
Pasa

Sinfonía
Se han parado los vocablos
Despierta la piel

diciéndose
Acorde-Acuerdo

¿ B
A
I
L
A
S ?

jueves, 14 de agosto de 2008

Rastros

Colaboración con la Revista Saigón
Especial Erotismo


He tocado tu ropa

Telas que
antes de ti
no se dejaban ver
y al marcharte
lo son todo

He acercado mi nariz
luego la piel de los dedos
hasta sentirte debajo
o detrás
a punto siempre la caricia

Añoro el contoneo
de los ojos del amor
ser
Gota
a
Gota
la delicia de tu ansia
subrayarme en tu perímetro
bajo el agua de la sien

Guardé tu piel en la camisa
junto a mi falda
y
amo
los roces de escalera
que
sílaba
a
sílaba
nos convierten

porque hay días que somos
pieles - árboles

Nuestro deseo
se parece más al brezo
que en verano se deshoja
dejando a la intemperie
las cabañas

o
algún trozo de voz
nunca pronunciado
Te he tocado, sí
y hoy
tu susurro de amor
me mece
como ayer tú

EL PODER DEL CABELLO


He decidido concentrarme. Cerrar los ojos. Olvidar lo que rodea mi cuerpo físico. Sentir sólo el interior. Han ido saliendo jugosas trenzas de cabezas y cabellos. Mi pelo ha crecido ondulando los pensamientos. Y sin abrir los ojos sé que ahora soy muchas más cosas. Que he derivado hasta tal punto el pensamiento que me siento dragón de cientos de cabezas. Me van llegando sensaciones. Se contradicen los pensantes. Les digo desde dentro que somos hermanas. Todas hijas de mis minúsculas neuronas. Que debemos estar en calma. Buscar entre todas el camino.

Comienzan los conflictos. Las que acaban de nacer no conocen el submundo a que se van acercando las que ya me hacen cosquillas por las piernas.

Y sigo concentrada. Hablo con cada una de ellas. Susurro apenas para sí lo que sé les llega de forma automática. Somos una. Multiplicidad sólo en apariencia. Si alguien me está viendo en este instante podría pensar que me transformo. Pero no. Soy la misma si abro los ojos o los mantengo cerrados a conciencia. Sin embargo al cerrar los párpados desde hace días me veo envuelta en este fenómeno. Soy ellas. Muchas cabezas de mí me hablan de mí. Es como una redundancia molesta. Pero sin saber por qué, las busco. Insisto. Me planto delante del balcón, cierro los ojos, me dejo llevar y comienzan a nacerme cabezas de pelos brillantes. Y aunque parecieran todas iguales no es así. Ya las voy reconociendo por sus nombres. De poco a poco, se van separando de pensamiento y adquieren personalidad propia.

Es doloroso descomponerse y pensar en trozos con los que a veces no se puede hacer nada. Y dejarlos flotar entre tantas miradas me parece peligroso. Debo terminar lo que empecé. Mientras chillan todas queriendo imponerse se me va acercando a mi psique la idea de la guillotina. Comienzo a ver miles de muñecas mutiladas. Niñas que juegan con muñecas sin cabeza. Y yo adquiriendo, no sé a través de que imán, todas las cabezas que ellas van degollando. Mi pelo pesa demasiado.

Hace horas que intento abrir los ojos. Comienzo a perder gobierno. Cuando procuro levantar el párpado izquierdo, decenas de pequeñas cabezas se concentran para pensar justo en lo contrario. Van ganando terreno. Al principio todo era un juego. Una forma de dominar mi mente. Ahora veo que se han puesto de acuerdo para que siga siendo su matriz. La que las hace germinar. Me mantienen con vida sólo para florecer.

¿Qué pasará cuando esté tan agotada que ya no pueda susurrar o en el mundo no queden más cabezas de muñecas decapitadas?

Al menos sigo teniendo el privilegio de cuestionarme ciertas cosas de la vida. Y en una de estas cuestiones, me pregunto a mí misma “¿hasta cuándo?”

Unas cincuenta cabezas han respondido al instante… siempre habrá niños que deseen arrancar las cabezas a sus muñecos. Tu vida es eterna.

Susurro
Me concentro
Sigo desdoblándome
Las cabezas me hacen compañía en este balcón solitario.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Otras Vidas

Detrás
como no queriendo
estar
tengo peces negros
que se nombran míos

yo no conozco a ninguno

cuando me hablan
siento
pesadumbre y
algo parecido a la flama
con rumor de tábano

no sois parte mía
digo
y la voz llega ronca
apagada
casi hueca

desde ayer
uno viene siempre a mi lado
y se contonea
orgulloso de serme
los otros al fondo
Nadan

si fui lago
no lo entiendo
mi recuerdo es sólo arena
ya no existe su humedal

los peces me ajenan la mañana
me cantan
se sumergen
hablan de la vida
preguntándome hasta cuándo

no os quiero
digo
y me tienden una letra
que flota sobre el agua
hasta hacerme con las ondas
el nombre que yo soy

en la tarde
uno me ha saltado desde el ojo
y ahora vive entre mis senos
para así hablarme
dice
de las cosas de los peces

me miro sobre el agua
buscándome las branquias
una aleta
quizás
que me guíe en la deriva

Delante
sin saber que estoy
me mojo las manos
y contemplo las escamas
olvidándolo todo

desde la noche hablo
con la brisa
y el idioma de las charcas

busco personas-peces
que aún no lo saben


Córdoba Sorpren-dente

Viajar es conocer. A veces conocerse.

He visitado de nuevo Córdoba. Quería estar con una amiga, dar un paseo, quizás ir a una piscina intentando soportar el calor asfixiante que esperábamos… Si daba tiempo y no nos achicharrábamos la idea era ver algún monumento. Y aunque conozco bastante de Córdoba, siempre me subyuga. Y de subyugarme quería hablar precisamente.

En la noche del sábado fui “subyugada” de una forma que jamás hubiera pensado. A mi amiga se le ocurre que quedar cerca del río es buena opción. Intentar subir a la terraza de un hotel desde donde las vistas son maravillosas y el aire corre refrescando nuestros cuerpos, sonaba de veras apetecible. En eso estábamos y allí fuimos. Antes, claro, había que pensar en dónde comer. Al no ser de allí, dije que me dejaba llevar. Que todo estaría perfecto. No tenía preferencias. Llamamos a otro amigo al que le pareció perfecto el plan. Y allí que se presentó con la mejor de sus voluntades.

Córdoba me recibió al lado del río con una brisa exquisita. El calor se dejó vencer y el río me instaba a pasearlo. Pero había que comer.

Mi amiga sugiere una pizzería donde ponen las mejores pizzas de Córdoba. A mí me encanta la comida italiana incluso en Andalucía… los demás no ponen objeciones… y llegamos al “PIZZA +”. Apenas había gente. Nos situamos en su terraza. Cerca del río. Miro el cartel, intento meter el ojo en el bar y viene su amable camarera. Toda ella llena de sensualidad y amabilidad. Nos indica que si somos tan amables vayamos dentro a mirar la carta y elijamos alguno de los variados y suculentos manjares que el chef puede ofrecernos, Obedientes, hacemos el pedido de la bebida y aceptamos de buena voluntad su ofrecimiento yendo por turnos a leer la carta y elegir nuestra cena. Mi amiga y yo nos adelantamos y estuvimos de acuerdo en pedir una pizza partida en dos para que fueran diferentes y compartirlas. Su hermana y nuestro amigo, nos siguen en el turno. Desde fuera vemos que tardan mucho. Que hablan con el camarero, que preguntan a la camarera, que se giran hacía la pizarra, luego hacia la barra otra vez… y que por fin vienen hacia la mesa. La hermana de mi amiga, llega medio sonriendo y nos cuenta que dentro de ser una pizzería y restaurante italiano, nuestro amigo tenía antojo de un “Flamenquín” y que así lo hizo saber. Nuestra camarera fue nombrada en ese momento hija predilecta de la ciudad por todos nosotros. Con sus movimientos armónicos indicó a nuestro amigo que no tenían Flamenquín en ese momento, pero que eso no era inconveniente, porque el cliente es quien solicita y ellos los que ofrecen. Que le prepararían el mejor Flamenquín de todo Córdoba si esperaba unos minutos.

¡Cómo resistirse! – pensamos todos en ese instante y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo hacía rato, todos cambiamos nuestro menú por uno de esos Flamenquines exquisitos.

Y subyugada como ya me tenía la ciudad, sus gentes y hasta sus camareras elegidas de no sé qué cuentos árabes… me dispuse a esperar mi Flamenquín humeante y crujiente. Pero la chica no hacía más que monerías con los niños de los clientes que iban llegando, ir y venir por las mesas con su sonrisa siempre renovada y con palabras amables cuando alguien le pedía platos para compartir. A lo que ella contestaba con - “por supuesto, señor, nada más agradable que compartir la comida con los amigos, ¿verdad?, en seguida les traigo platos y cubiertos para todos” ¿Los quieren de color verde o rojos? –

“Rojos” dimimos todos al unísono. Se ve que nos sentíamos contagiados por su pasión y destreza. Rojo como la sangre que fluye como el río. Porque de todos es sabido que cuando se nos sube la ternura, se vuelven las frases cursis… o algo parecido…

¡Ay! Subyugándome más y más por instantes…

Llegaron los platos, nuestros Flamenquines, sus olores sin argucias, directos a las pituitarias y al aparato digestivo… Llegaron más risas, más bromas de la que ya para entonces era nuestra camarera favorita por los tiempos de los tiempos… Más palabras para halagarla que surgían a medida que comíamos. Y me sentí como en la película “Como Agua para Chocolate”. Mientras mi Flamenquín iba esófago abajo, algo en el espíritu se elevaba y la sonrisa me iba floreciendo. Estoy segura, sin verlo, de que el chef, mientras enrollaba el suculento jamón con su queso e iba rebozando todo en pan rallado, debía estar entonando una melodía antigua que hacía florecer los campos. Así comenzamos a sentirnos: Florecidos por dentro.

Y yo, al completo Subyugada.

Qué poco sabía yo del poder de un buen FLAMENQUÍN. Ya lo digo al principio: viajar es conocer y conocerse.

Por supuesto, el resto de la noche, en la que hubo verbena, cantes y bailes; paseos por el río donde mis amigos me mostraron la fuerza del agua, un molino recuperado y algún que otro secreto lugar donde los amantes se refugiaban… durante toda la noche no pudimos sino nombrar de vez en cuando a esa maravillosa chica de andares tan sutiles que parecía que flotaba. Se me antojaba un elfo.

Fue una noche maravillosa por la compañía, las especias que aún Córdoba guarda de su pasado y que se pueden ir oliendo a cada paso… y por ese manjar enrollado que en apariencia es vulgar, pero que da, como ya han visto ustedes, mucho juego.

Lo malo (o bueno) del asunto, es que ahora, desde ese día, es tal la fama que hemos dado al lugar y su camarera, que comienzan a llegar excursiones completas a comer Flamenquines y hasta los solicitan por teléfono desde todos los lugares del mundo.

La última noticia que tengo es que desde las Olimpiadas Chinas han hecho un pedido para que todos los deportistas prueben este manjar. Ya han pasado la prueba del dopaje y por lo visto ha dado negativo. Eso es buena noticia. No cabe duda de la buena estrategia comercial que es, puesto que no habrá muchos lugares en el planeta que puedan escapar a la influencia “Flamenquinesa” del Pizza + Cordobés.

Lleven sus currículos si están en paro. Se adivina que ampliarán su plantilla para poder atender tanta demanda.

Ya me contarán cómo fueron sus Subyugaciones…

Repito, yo aquí yazgo, subyugada… El poder del Flamenquín me ha dejado flotando por los rincones de Córdoba y estoy como hipnotizada, repitiendo la misma escena dentro de mi cabeza una y otra vez… como esos bailes que al final te hacen entrar en algo parecido al “éxtasis”.

Por cierto, de todo lo demás que hice no guardo recuerdos… sólo de que el domingo llegué a mi casa y no estoy segura de si hubo piscina, monumentos o jardines que visitara. Algo tiene el Flamenquín… Algo tiene…


NOTA: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Como siempre hago, cojo trozos de aquí y de allá, fabrico mi collage y fantaseo, fantaseo, fantaseo… Luego le añado ironía casera y voilà. El producto nada tiene que ver con la realidad. Pero por favor, por si acaso, no dejen de visitar este lugar en Córdoba y pidan, os lo ruego, el famoso Flamenquín. Nunca se sabe donde está el límite entre realidad y ficción. Prueben a ver…

Información Suplementaria
El flamenquín es un plato típico de Córdoba (España). Origen etimologico,por su color de rebozado de huevo batido, rubio como los flamencos que llegaron acompañando al emperador Carlos V.
El flamenquín consiste en trozos de
jamón serrano enrollados en lomo de cerdo, rebozado en pan rallado y posteriormente frito. Se acompaña normalmente de patatas y mahonesa. Una variante común es sustituir el lomo por jamón de york. También pueden elaborarse con otros muchos rellenos en lugar de jamón: queso, chorizo, etcétera.
El tamaño del rollo una vez elaborado puede ser variado, desde una simple bola hasta flamenquines de 40 cm de largo, y se puede servir en trozos o bien entero.
Fuente: Wilkipedia

Recetas de Flamenquín
Ingredientes para cuatro personas:

- 8 lonchas de jamon york
- 2 huevos duros
- 2 huevos
- 2 latas de atún
- 1/2 cebolla
- una ramita de perejil
- 8 lonchas de queso
- pan rallado
- sal

Elaboración

Picar las cebollas, el perejil, los huevos duros y el atún y hacer una masa con ellos. Poner en cada loncha de jamón una loncha de queso y un poco de la masa anterior y enrollar. Pasar por huevo batido y pan rallado y freír en abundante aceite.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Deseos inconfesables


lo que de verdad ...

Quiero ser sueca
Venir
Desarmada
Des-alma-da
Empaquetada
Y llenita de agujeros

Que no me sobren piezas
Ni un tornillo en tus manos

Sentir las burbujitas
De plástico entre mis trozos

Deseo suequear todos mis contornos
Que mi espíritu sea puzzle
Que tú encajes una mañana

Y venir toda dibujada
Desmembrada
Arti-cula-da
Sobre papeles con números

Quiero ser sueca
Y no sentir
Salvo el cúter que avasalla mi ataúd

Saber que pronto seré en conjunto
Y estaré de por siempre cerquita
O lejos
No sé
Pero sueca al fin y terminada

Que otros me lleven
Me traigan
Transportando los fragmentos
Y al pasar por la caja
Me sienta por fin valorada

Sueca sueño ser
Porque eso tiene
Sobre todas las cosas
Garantía de devolución

Nada sabe quien me compra

Quiero ser sueca
Dentro
Y
Fuera
E incluso en las terrazas

Que me toquen y me armen
Amen
Amén

martes, 5 de agosto de 2008

Cambio Climático en Sevilla

Me acaban de comunicar que las temperaturas bajan. Y cuando se duerme con casi 40 grados, esa noticia te parece como un anticipo de orgasmo lento y suave… El no va más…

Unos amigos y yo hemos quedado hoy. Comenzamos por quedar por la noche. Luego decidimos más temprano para evitar la bajada repentina de la temperatura. Y desde hace unos cuantos mails… (ahora el tiempo se mide así…) hemos decidido ir abrigaditos, leotardos de lana y gorro polar encasquetados.

De tanto hablar de frío se nos están poniendo los vellos de punta, por la espalda nos recorren escalofríos y una se sorprende pensando dónde estará la toquita aquella de lana que la abuela siempre se ponía delante de la chimenea en diciembre. Para cuando vayamos a vernos pareceremos habitantes del ártico, pero incluso así nos reconoceremos; tantas son las ganas de vernos, abrazarnos y saldar no sé qué deudas que hemos contraído. Bueno, la deuda es conmigo. Un libro. Que espero por el bien de la literatura, venga forrado de terciopelo. Las letras no aguantan bien el frío y me temo que si Rosario no trae el libro bien cerquita de su cuerpo, los poemas se nieguen a salir. O acaso no puedan porque para entonces ya estén congelados. Un poema hecho carámbano no sirve para nada, eso cualquiera lo sabe. La última vez que metí uno en la nevera, el pobre salió con pulmonía y nada quería saber de versos, rimas o ritmos. Aún hoy, que han pasado ya unos meses, sigue sin hablarme. Y se ha ido a vivir a la azotea. Dice que hasta que el sol no le queme las comas, los puntos y algún tachón, no bajará a la libreta.

En fin, que ya casi todo está organizado. Unos llegarán sobre las nueve y media. Otros a las cinco de la tarde, pero salen ya para coger el sitio y encender la chimenea. Yo que casi no llegue hasta las once de la noche, siempre y cuando la máquina quita hielos hubiera podido despejar las calles de la piscina y haya asistido a mi clase de natación. Algún que otro que bufanda en cuello, se decidirá en el último momento, en función de la ventisca. Y los más atrevidos, libro a cuestas, que llegarán en punto: nieve, llueva o truene, a las nueve y media de la noche.

Debo admitir que guardaba la foto que os envío para el invierno e incluso que ya la usé para invitar a bailar a otra persona… Pero quién se resiste a imaginar Sevilla como el paraíso que nos muestran estos alegres osos polares...

Como colofón a la aventura en los polos… el lugar se llama “Gorki”, que bien podría ser un lugar en la Estepa Rusa… - oseasé-… Siberia.

¿Bailaremos esta noche deslizándonos por la nieve?
Como ya saben los que me conocen… me es tan fácil imaginarme en Groenlandia como en África.

Así que, por favor, bailemos sobre la nieve… Están todos invitados.
Un abrazo.



viernes, 1 de agosto de 2008

Lo que se aprende...




AGRO-NO-MÍA
(porque todos somos en parte, mutantes)

Ayer me contaron que las sandías tienen no sé qué sustancia que hace difícil su digestión por los humanos. Y que los pepinos fueron precursores de lo que hoy llamamos melón. Se sobreentiende que siendo parecidos, ambos son indigestos. Y es por eso que siempre escuché a mi abuela decir, “se repite más que los pepinos”, o “este melón está muy malo, sabe a pepino”

Y me quedé pensando…
¡Qué mundo vegetal más rico!

Las sandías con su color rojo que nada más mirarlas ya te van quitando la sed. Al partirlas crujen un placer que se anticipa al paladar. Se asemejan a la imagen que uno tiene de algunos planetas. Todo redondo, sin ser perfecto… Dentro la tierra, con sus cráteres, laderas y ríos. Porque una sandía tiene montañas de donde le nacen riachuelos jugosos y dulces. En ella no hay deshielo. Lo que sí sucede cuando se la toca es que se derrite un poco. Y en ese tocarla está el nacimiento de sus corrientes. A veces me he preguntado si no son las pepitas homónimas a las personas. Cada una agarrada a la tierra como puede. Con esos hilitos minúsculos casi amarillos… Después de todo, nuestros pies son más pequeños que nuestras cabezas… igual que en las pepitas. Es curioso que nos sujetemos por la parte que menos superficie tiene. Lo natural en estos casos podría ser arrastrarnos. Que en su momento así lo hicimos. Es probable que la sandía nos hable sin saberlo. Al madurar en el verano nos provoca su apetito. Se hace irresistible incluso en la noche. Y luego vienen los malos sueños provocados por sus sustancias extrañas. Y el arrepentimiento de haberla comido. Y la que queda en la nevera, deseosa de ser devorada. Luego el sueño termina. Y menos mal que podemos echar la culpa de nuestra inquietud a la sandía. Sigo pensando que el mundo vegetal está por descubrir. Me interesaría mucho saber qué piensa de nosotros una sandía mientras nos chorrean sus venas por los brazos.
Si yo fuera un melón y me dijeran que soy una mutación de un pepino, creo que no me ofendería. Darse cuenta de que el cuerpo se ensanchó, las semillas tomaron color, la carne se hizo más fresca, la dulzura se fue instalando en las entrañas… Saberse mutado para mejor… Es todo un logro y algo de lo que sentirse orgulloso. Por eso, si yo fuera melón, recordarme pepino no me haría daño. Y que conste que el pepino me parece rico y refrescante. Un melón es más redondito, atrae más… y tiene más posibilidades. Por ejemplo hacer faroles para jugar por las noches. En mi casa se vaciaban los melones, se les hacían unas ventanitas, luego se cortaba una tapadera y dentro se ponía una vela. En la tapadera se amarraban una cuerda fina que también sujetaba al melón. Algo así como lo que se hace con las calabazas en otros países. Todos los niños salíamos con los faroles a la calle. Cada uno había trazado como podía, una cara en el melón. Digamos, que si la sandía podía pensar, en este caso los melones, estaban siempre a punto de hablar.
Y claro está que su carne medio rosada ya nos la habíamos comido y su dulzura estaba recorriéndonos enteros. Contar cuentos a la luz de esos faroles de melón humanizado, es un placer que ningún niño debería perderse.

Ando recordando otra de sus utilidades. Mi padre recortaba cada punta del melón. Su circunferencia de ambos lados. Luego las enfrentaba por la cara interior. Las lanzaba al aire y hacía una pregunta. Si las dos caras caían al suelo boca abajo, la respuesta era “no”. Si estaban boca arriba, era “si”, y si caían una para cada lado, era “puede que sí”.

Ahora veo la intención. El melón nunca decía “puede que no”. Porque eso lo hubiera hecho sólo si todavía fuese pepino. Ahora no. Ahora era melón y nos ofrecía una vida mucho más dulce en todas sus posibilidades.

Qué cierto es que una sola palabra puede despertar la fantasía.

Os mantendré informados de otras mutaciones que nos hagan la vida más dulce.