lunes, 29 de septiembre de 2008

A-la con-Fusión

queda rota la idea
contrahecha
ningún traje la afirma
no guarda la pose
ni se tiene

hace noches en mí
reconquista la luz
o sale a la sombra
en el árbol ya muerto

cascada de piel
cuenta nudos
aquellos probables
éstos indecisos

aparece nube hombre
de difuminado sacrificio
al pie de mí
pongo boca-abajo la boca
huyo
comienzo a estar
en el final de los objetos

al llegar
lo negro de lo verde
me siento desprevenida
águila o mamut
puerta cerrada al paradigma

formo el sextante
con ideas que ramifican
y son presas de motivos

ahora
ningún ángulo desconozco
hallo puertas libro
que caminan como humanos
dando sentido a la barbarie

con los dedos
enanezco la dureza
del vivir saltamontes
que rebota
de la entrada
a la salida

he nacido
aún

seré puzzle
desmembrado
en la casa que respira

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Soles

Andy Goldstein - Arborescencias - 1995
es que hay un país
en medio
de nosotros

y por dentro
fronteras

allá tu aire
de olores-fuego
aquí
tendencia de ola

no usar la letra
ni encajar la voz
que no seas palabra
ni eches raíces
seamos silencio

es que hay un océano
alrededor
de las manos

y por dentro
gritos

poner la boca
hacerla río
orilla o
duna

que nos beban los pronósticos
de tú país o el mío
y el límite no sea
un galimatías
sino flor de cereza

es que hay un enigma
entre las venas
del país nuestro

y
por
fuera
equinoccios

el impulso
de duende-hada
se subsiste
y nos espera
en una isla sin avance


martes, 23 de septiembre de 2008

Distancia

Foto: Roberto Martínez
"Chaparro"
Ambos somos prisioneros. Tú adentro. Yo afuera.
Y no entiendo de números a pesar de asumirlos enfrente. No detecto para qué. Tú adentro. De nada sirve cifrar la puerta. Yo afuera.
Quién libre.
Hay moho, hierros que han decidido florecerse en partículas que manchan. Si me acerco me hiere. Si te arrimas los limpias de tiempo. Todo atrapado.

Estar aquí donde el aire me vence no es forma. Ni lo son tus suspiros que a ningún lado van. Hemos perdido hasta el motivo. Olvidado el comienzo. Desde cuándo quietos.
A mis hojas le ofende la piedra. Ella vive. La veo desgastada. Por eso sé que siente. Tú no. Tú dentro. Muerta como una crisálida. O viva algún día. No hoy. Eso no.

Espero tu vuelo. El mío propio. Puse raíces a volar y andan secas. Serán los números la clave. O los dos ojos que alumbran el calvario. Ellos no estaban cuando tú afuera y yo adentro dábamos golpes para entender. Ahora sí. Y seguro piensan que siempre estuvimos callados. Comprendiendo.

Sabes y sé lo duro de dejar de latir. El ansia gobernada. La prueba de ver cambiar y nosotros estáticos. Ha cambiado la pared. Colores y animales han vivido y muerto en ella. Y nosotros iguales. Muertos desde la lombriz hasta el ocre.

Nos quedan algunos pámpanos. Si el número de la izquierda quisiera hacerse llave, nos queda el verde. Ahí agarrarnos. De ahí nutrirse.

Los dos encarcelados y es posible que conscientes. Hace tiempo me quemo. Cuánto hace que tu voz y tu aire se han dejado. ¿Hablo yo? ¿O sólo pienso?

Cárcel-Cerebro.




lunes, 22 de septiembre de 2008

Sustento

Llueve la prisa
minúsculas letras
sonidos de barro

tapa la huella
de mi cuerpo
ayer tuyo

coloca pantanos
entre los dientes
para que mimen

aguafuertes por las ventanas
dicen tu voz
y yo me giro

avisan las aves
una catástrofe:

se hacen líquidos
los sueños
el puente
la cuna
y germina la luz

un oxígeno se desprende
chorrea
como sangre de tábano
y llueve
llueve
llueve

con
o
sin
ti

Otoño

Quería tener primaveras en las manos. Sus ojos no opinaban igual. Deseaban el rojo de la tierra. Se sabía en otra estación. Una estación lejana donde a las mujeres les crecían hojas en vez de cabellos. Donde los años se medían por anillos y la piel hecha corteza se agrietaba como signo de belleza.

Anhelaba lo verde. La brisa de lo tierno. Lo primero nacido. Su cuerpo se torcía dejando visible su pasado. La cosecha de los días. Fuera de este tiempo buscaba sólo un camino. Se enternecía con el ensueño.

Acicalada, decidió sostener sus últimos brotes, cantarles una nana y echarlos a volar. Sabía que todo lo libre vuelve. Se miró. Su rostro reflejaba muchos contornos y alguna vida que no recordaba. Quizás el rastro del agua. Algo intuía de las corrientes que navegan por la profundidad. Nunca sus ojos habían estado tan maduros. Tuvo miedo de ser recolectada. Aún no es hora, pensó. Antes debo limpiar de malas hierbas la razón.

Al sentirse sacudida comprendió lo inevitable. Los ciclos son perfectos. Avanzó guardando las manos en la arena. En ese no-movimiento fue libre. Bebió y pudo esperar. Cuando otra mujer-otoño se vio cubierta de una hermosa cabellera de hojas, se repitió el proceso. Todas clavaron sus brazos.

Hoy pisamos un bosque lleno de senos, de leche que amamanta a la tierra y de cuyas caderas nacen valles.

Quería oír al universo, la mujer-otoño. Todos los demás se acercan, la abrazan y saben decir porque ella escucha. Se le ramifica el oído con las sílabas de otros. Con las suyas nada hace. Espera. Su silencio aguarda. Es quizás otro brote que un día pondrá en su mano y no sabemos si querrá dejarse llevar.


viernes, 19 de septiembre de 2008

Ajedrez

si vengo de la sábana
el hueco incita
y suplica quedarse
medio en nube
medio en tela

sé la trampa del reflejo
todo es círculo

las dos se comunican
se dicen cosas
me juegan
y cedo encariñada

como las pequeñas cosas
soy
importante como ellas
y menos
algunas veces
aunque el tiempo es sólo eso

tiempo
algunas veces

y si no quiero mirarlo
para no saber si vuela
o se me queda secuaz
la duda me convence
de lo absurdo de medirlo

entre o salga
ambas puertas me conocen
me conviven
sobre todo
en las mañanas

estoy al tanto del temor
gris
llueven perspectivas
y me inunda de libretas

me transcribo

hoy pinto fantasías
de negro sobre blanco
mañana
serán saltitos en el vértice
rememorando la estepa
y algún color
que de sentido a mi nombre
y sustancia de péndulo


jueves, 18 de septiembre de 2008

Ellos y Ellas

Me encuentro sin palabras. Quiero decir que no puedo verbalizarlas. Por eso me he puesto a escribirlas.

Hoy, y no sé cómo, ha llegado hasta mi mesa un folleto o una pequeña memoria de actividades de una empresa de tecnología, publicidad y no sé cuántas cosas más. Después de ojearlo aún no tengo claro si venden, compran o alquilan. Si buscan o nos buscan. Demasiados colores, frases, fotos y poses. Todos vestidos de negro sobre fondo naranja, letras blancas y un libro que parece troquelable. De esos como los cuentos infantiles que al abrirlos se monta en un plis plas el castillo con sus puertas abatibles incluidas…

Bueno… alucinando estaba cuando me da por leer alguno de los titulares y me encuentro con algo así: “Un robot que identifica el sexo de los peces. Automatización del sexado de pescado revoluciona el sector conservero”

¡Ayyyyy…! , esta imaginación mía. Ya se ha disparado con múltiples utilidades. En momentos como estos es cuando pienso que equivoqué mi rumbo, mi profesión. Yo sólo tendría que trabajar imaginando… Que me pagaran por ello. Sería eficiente y saldría barata a la larga. Todo producción. Y ningún coste. Pensar no requiere de demasiados artilugios.

Pues bien… que se vayan preparando los peces. Que no hay ambigüedad que valga. Que si un pez ha decidido disimular su sexo, jugarnos una mala pasada haciéndonos pensar que estamos comiendo sardinas hembras en vez de machos… o si a otro se le ocurre que pueden vivir en comunas como si nada, haciéndose pasar todos por hembras… en fin... que esos tiempos ya pasaron a la historia. Ahora deben tener cuidado. Que para eso el hombre, que es tan listo y cuidadoso para poner a cada cuál en su sitio y nosotros, los “no animales”, inventamos tanta máquinas. Bueno, perdón señor ¡Robot clasifica-sexo, que no tenemos nada contra usted…! que aún no sabemos si habrán hecho un androide que hasta tenga sentimientos o una válvula especial para distinguir el olor de las hormonas sexuales de los peces. Mira que si el robot piensa y le gustan las bromas…

Que imagino que todo habrá sido para las piscifactorías… ¿no? Seguro que una de los dos sexos es más rentable que el otro, o tiene mejor sabor, o es por aquello de las huevas… no sé. Pero da pavor pensar en qué pueden llegar a inventar si el género humano sigue igual de ambiguo para todo, incluyendo el sexo. Es como si de buenas a primeras no se pudieran permitir peces transexuales. Que si naces con ovarios debes estar de por vida sexada por no sé qué robot que por supuesto nunca te habrá preguntado si te sientes hombre o mujer. Que en las pescaderías debemos preguntar muy bien si ingerimos hormonas masculinas o femeninas… que ya se sabe que de lo que se come se cría y eso puede terminar mal… muy mal.

Tengo tantas dudas… y como algunas de las hortalizas que comemos ya van teniendo genética animal introducida. No tardará el día en que haya otro robot que te vaya diciendo con voz de alarma… “ALERTA, ALERTA… Tomate macho, tomate macho…” y nosotros avergonzados dejando al pobre tomate solito entre otros muchos machos... cuando lo que queríamos era convertir nuestra ensalada en una orgía y poder disfrutar de la comida como siempre habíamos hecho antes de saber que los sexos se pueden clasificar incluso en los peces.

¿Se harán para entonces clases sociales diferentes? ¿Los que siempre compran verduras macho y los que prefieren las hembras….? Los que tienen en su casa robots capaces de clasificarles todo y los que tienen que apretar el pimiento para ver si le sale la colita por alguna parte…

Me siento confundida, créanme. Y con cierto temor. Que esta empresa que envía el folleto citado, va en serio y con muy, pero que muy sanas intenciones. Y eso, como ya saben, facilita el acceso a subvenciones y facilidades para presionar a los pobres peces que hasta hoy mismo nada saben del peligro que corren.

Ni ellos, ni nosotros.
Tengan cuidado. Si un robot se os acerca y pretende levantaros la falda o agacharos el pantalón… ya sabéis qué andan buscando. El que avisa no es traidor.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Buenas Intenciones

Foto: Roberto Martínez "Chaparro"
Sólo espero que al igual que mi mirada se expande a toda la urbe, desde otro ser, el horizonte sea diferente y en algún momento esa ventana se le quede pequeña, le apriete y salga a comprobar que lo observado se transita.

Cuántas veces te he mirado, mar. Allá. Tan asequible e imponente. Tan lleno de lo dejado. Y vacío de mí.

Cuando te hablo los edificios cierran los ojos. El idioma nuestro es como un pacto. Sé que otros ya te hablaron, que te hablan aún. Depositan en ti sus expectativas y sus sombras. Poco das. La virtud del silencio es tu bandera. Y sin embargo cantas. Me adormezco en las ruinas que vas dejando en la arena. Vas y vienes. Pareces un niño ingenuo que no supiera que subir la piedra por la cuesta y dejarla caer no te llevará a ninguna parte. Sísifo se continúa en ti.

Das; a ratos das sabor a los recuerdos. Y enseguida vienes y te llevas y te adentras y te rompes. Quedo el aire. Pareces una cárcel donde todo es secreto. Admiro tu empatía con la sangre. Tú entiendes de flujos y en esos instantes parecieras casi humano.

Cómo te verán los bloques de cemento. Esos parches-panales agujereados para que podamos respirar, o incluso, tirarnos. Somos tan sobrantes para el mundo…

Ayer me llegó la brisa cargada de frecuencias y dispuse mi cámara. He penetrado el oxígeno que me permite la terraza y han aparecido en mi retina fracciones de vida. Las de los enterrados vivos. Esos ojos ocultos tras los toldos, las persianas o sus pantallas. Los oí gritar y quise rescatarlos. Ellos no lo saben pero están por siempre salvados. Detrás de cada hueco hay una cara, unos labios, unas manos y sueños cumplidos o rotos. Han sido retratados. Inmortalizados, dicen los que entienden de fotografía. Será por eso que antaño se hacían fotos a los muertos. Bebés muertos y de pulso atrapado en sus macabras posturas de niño-estatua. Y viejos que siempre lo serán. Me da miedo pensar si en algún lugar habrá algún cuerpo en espera de descomponerse. Que hasta que su foto no sea destruida sus huesos no se convertirán en ceniza. El poder de la imagen. Quizás atrapemos algo más que los instantes cuando jugamos a esto de poseernos con el rictus del momento.

Pero tú ciudad, qué poco conoces a los tuyos. Y qué poco se conocen entre ellos. Cuánto ruido para nada. Apenas un roce, una mala cara y unos ojos que pueden comerte sin apetito. Nadie se nutre en ti. Se van dejando estelas de pies que nadie sigue. Y es entonces cuando en las azoteas se mira al cielo y nos da por creer en las estrellas. Algo así como dioses que pudieran concedernos aquellos ocultos deseos que cada día paseamos por entre muchedumbres de pobres intenciones.

Menos mal que al final de ti está el mar. Y allí uno sabe que siempre puede ahogarlo todo. Aunque yo soy más de los que esperan encontrar la botella con el mensaje o me entretengo en pensar que aquél castillo de allí, el de arena, nunca será tragado por el mar y algún día las personas se darán cuenta de que dentro viven seres y cosas.

Lo reconozco: soy de esos que ven algo más de lo que un buen objetivo decide mostrarme.
El zoom, definitivamente, debe estar en el cerebro.


martes, 16 de septiembre de 2008

Superficies

The Red Model
René Magritte
Son innecesarios para mí,
decías
Tómalos
se amoldan al camino

Llegó el tiempo
la duda
la certeza
pensamiento esférico

Asumí mi ansía de calzarme
saber qué eres ahí dentro
aprender
y volver del revés la tierra

Llévate mis manos
susurrabas
Ten, cógelas
saben más de ti

En las dunas de madera
escucho cómo ofreces
alguno de tus ojos
otras, sólo el aire
y dejo tus pies al borde

Permíteme que las manos queden
un poco más en mí
Aún no dicen palabras
y espero
el conocimiento

Ahora dime

De dónde te sale el vacío
que nunca lo ofreces
y sin embargo se dilata

Eres fruto del hechizo
Sugerías
Ven, compruébalo
tu imagen ya no es

Tiemblo
el agua me lleva
contrastando la palabra con la efigie
y llega la verdad
en la falta de reflejo

Lo imprescindible es volar
me dice el búho
posándose en mi espalda

Me ha llevado
a un mundo de versos-aire
porque tus sendas aquí
no son
Y ten
llévate el silencio
que no sé dónde dejarlo

lunes, 1 de septiembre de 2008

Épocas

Todo comienza en septiembre: los besos que ivernaban a punto de cristalizarse, la piel que cubre las manos y que en agosto apenas nos era perceptible y los pasos hacia el otoño y su renovación.
Todo naciendo cuando parece justo al revés. El aire quiere impregnarnos del oxígeno de las cosas caducas y por eso sacude a los árboles para que sus hojas nos transporten a la nostalgia. Algo nace en septiembre. Algo o mucho, según se piense. Las posibilidades de un árbol vacío o de una calle crujiente son inimaginables.
Lap piel sabe de los meses y para ellos se prepara. Y luego están las cosechas. La tierra ofrece sus últimos frutos. El hombre, consciente, los recoge y exprime. Bebe su caldo. Se sabe empezando. Se intuye partícipe del comienzo. Hace lo posible por nacer al tiempo dorado.
Hay labios que en verano sa sabían todas las palabras. Al llegar el olor del cambio optan por el roce y las esencias de otros labios. En septiembre se modifican para comunicarse con los silencios.
Me llega por la espalda el otoño. Me abraza fuerte. Y cuando un día escribí el verso “Llámame en octubre...”, nada sabía yo de la fuerza de los deseos.
Te he invocado, Otoño. Y sé que vendrás a mí pénsadote primavera. Los dos sabemos que la savia contenida y bien alimentada puede reverdecer al primer rayo de sol. No es cuestión de estaciones. Sólo de ternura y calor.
Aquí acaba agosto.
Tú me comienzas, septiembre.
Me siento preparada para ver caer las hojas junto a tí; adentrarnos al crujir de las palabras, los besos y los silencios.