jueves, 27 de noviembre de 2008

Tratamientos


Estoy preparada.

Puede que por alguna grieta la sangre se derrame. No importará para entonces. Algo queda. Siempre se adhieren pequeños coágulos a los bordes y en unos minutos las coyunturas estarán selladas. Eso me han contado. Nada cabrá. Nada saldrá. Toda la sustancia invadiendo mi cuerpo. En un par de horas llegaré a pesar por fin. Tendré entelequia. O al menos, pulso. Un poco de pulso. Sólo el justo para sonreír. También, me gustaría, doctor, que mi cabeza se ladeara con cierta gracia. Eso que llaman “glamour” ¿Cree usted que será posible girar mi cuello y que parezca flexible? Y quiero dar besos. Para ello mis labios deben cobrar brillo y matices ¿Es esto posible con una aplicación?
¿Me quedarán cicatrices? Me dijeron otros maniquíes conocidos que hay hombres de verdad que se enamoran de mujeres con cicatrices. Quiero ser así. Una mujer que haya vivido. Con evidencias. Mujer evidente. ¿Existe este término entre los humanos, doctor?

Usted cree que si se me fuese acabando la sangre en unos años, ¿sería posible hacerme este tratamiento de nuevo? Y si fuera así, ¿la sangre podría ser de otro país? Siento muchos deseos de conocer mundo y quizás si me corre por dentro sangre africana pueda comprender y saber mucho de allí. O incluso practicar su idioma y tener más garantías para aprenderlo. Yo escucho mucho eso de que la “sangre es poderosa” ¿Se refieren a esto que le pregunto? Mirarme al espejo un día y comprobar que voy tomando color. El de ellos. Eso sería tan sorprendente…

Ay, doctor, ¡qué nerviosa estoy!
Le pediría que me diera la mano mientras dura el proceso, pero claro, usted tendrá otras cosas mejores que hacer que calmar a una maniquí ignorante. Si por lo menos ya fuera un poco humana, todo cambiaría, ¿verdad? Pero mis manos aún son frías y de tacto extraño. Nada que ver con la piel que intuyo en las suyas.

Querido amigo… ¿podré enamorarme con esta sangre nueva que me regala?
Déme la mano unos minutos. Luego siga su trabajo. Sólo le pido eso. Déjeme que su calor me de paz al menos mientras entran las primeras gotas en mí.

¡Ahhhh! Vaya... vaya… comienzo a sentir cómo la vida me habita. ¿Verán los otros en mí esta nueva percepción del mundo?
Ya... ya sé. Usted se limita a enchufarme a la máquina y dar al botón. Pero hágame un favor. El último… Tóqueme el cabello y dígame a qué huele. Deseo tanto que el olfato me transporte a otros cuerpos vivos…Y ahora… ponga su cabeza cerca de mi nariz. Acérquese. Su olor es dulce como esta sangre. Sí doctor, ya sé que no se debe enamorar de sus pacientes. ¿Pero no podría usted disimularlo al menos el tiempo de esta transfusión? Le prometo que será un secreto. Ande… ponga su boca junto a la mía sólo un instante. Un único roce y le dejaré marcharse. Así podrá contar a sus amigos que de verdad la sangre tiene poder, que mis labios estaban calientes y que yo decía palabras en idiomas distintos y como una mujer enamorada. Venga… doctor… hace tanto frío aquí.

martes, 25 de noviembre de 2008

Céfiro

no soy del mar
me digo
me dicen
y digamos que no

soy terrestre
y sí
me dicen
me digo
y pongamos que no

no acierto en la huella
si
no
para qué
si no existe fango
en el beso analítico

no soy tú
me dices
me digo
los pronósticos chillan
y de repente te veo
si maquillo mi yo
buscándote a ti

no eres ese
o sí
que tiene mi pelo y tirita
como yo te beso muerdo rumio

tengamos la duda
para qué la certeza
de saberte perfecto

y sí
claro que quiero beberte en mi sombra
que me seas anacrónico
y mío
o tuya
del revés la materia

eres del aire
te dices a ti
y a mí
como queriendo volarte
al párpado cornisa

no tengo ciclón
sí la corriente
me digo
me dicen
y llegan carámbanos
donde puse la lengua

soy del mar
y no
el aire sacude
o tú

no
me posa
o eleva
sulfura la piel
y reconcilia preludios

que sí
me has mirado
y no
porque mi cuerpo
es
me digo
me dicen
y supongamos que no
una vasija preñada
o afluente monosílabo
arriba de todo
debajo de ti
y cancela
que pare por trozos
criaturas o demonios
y si
y no
apostemos por un llanto
que enmohezca al áncora

no soy del mar
me digo
me dices
y toco mi osamenta
donde bailas
y si
o digamos que no
de la mano del salitre

lunes, 24 de noviembre de 2008

Alejandra Pizarnik

Dibujo y Poemas de
Alejandra Pizarnik

CAMINOS DEL ESPEJO

I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

REVELACIONES

En la noche a tu lado las palabras son claves, son llaves. El deseo de morir es rey. Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Integral

Roberto Fabelo


Hoy sentí ganas de desnudarme. Ir por las calles sólo con la piel. Lo que de verdad soy a la intemperie. Ninguna importancia al color, la falta de él o los lunares. Como si todo pudiera ser semitransparente y verse sólo el interior.

Quise quitarme las caretas, los atuendos que tanto pesan en la calle cada día. Y desee de una forma casi hiriente deshacerme del frío a base de atrevimiento. Retar a la mañana con la más pura esencia del día primero que respiré.

Sentí y siento ganas de arrastrarme por las aceras como una mujer. La mercancía que la muerte tanto busca y que no sé dónde ni cuándo localizará. Siempre fui consciente de estar muriendo. Para qué tanta cubierta. Y qué lindo sería ver esas pieles con sus tonos y sus brillos reconociéndose.

Si todos fuésemos a piel descubierta y al pasar, las miradas sólo recabaran en los ojos de los otros, los encuentros serían tan crudos, tan verdaderos que nada más importaría.

Al ser humano le cuesta tanto reconocerse en la diferencia… Y qué otra cosa somos sino diferentes. Sólo nos iguala el fin.

Sé que a veces, en determinados estados esquizofrénicos, a los enfermos les da por desnudarse. Siempre me resultó curiosa esta manifestación. Está estadísticamente anotado en algún lugar que parte de su sintomatología. Me pregunto si no será que la enfermedad les quita ese pudor que otros sentimos ante el hecho de ser sólo nosotros en cualquier lugar, haya o no gente que nos mire.

Sentí ganas de desnudarme. Y lo hice nada. Igual que cuando siento ganas de abrazar y me reprimo. Exactamente igual que cuando quiero huir y me quedo. Y por supuesto, una copia calcada de los momentos en que me sentí perdida y disimulé todo el tiempo para dar a entender que mi lugar en el mundo era justo aquél donde yo caminaba.

Quise desnudarme y seguí con el teatro en la calle. Sin embargo, he decidido desnudarme en mi casa. Al menos allí. Delante de las ventanas cerradas que hacen las veces de espejos. Lo que no sé es cómo vestirme para no perderme más.

Creo que todos nos hemos buscado en los ojos de alguien alguna vez. Ahora no sé si da más miedo verse tal y como uno es en esos ojos, o ver un pozo sin fondo donde se va cayendo sin remedio. Cómo se hará para buscarse dentro de los ojos-abismo.

Hay días en que desnudarme es lo mejor que podría hacer por los demás y por mí.

Lo que no he decidido aún es dónde guardar la ropa. La parte más razonable que tengo me está diciendo todo el día “ten siempre algo a mano con lo que taparte…”.

Digamos que mi desnudez durará sólo el tiempo de sentirme vulnerable.

martes, 18 de noviembre de 2008

Recitales de Femigrama




Hola a todos.

Mañana miércoles y el jueves son los recitales de Femigrama.. Enviad el correo a todos vuestros amigos. Cuanta más difusión, mejor. .

En el cartel y el tríptico está todo la información así como en la página web, pero os detallo las direcciones y demás de mañana y el jueves.


1º día: 19 de noviembre Miércoles - a las 18:00 H. en la Biblioteca del Centro Cívico El Esqueleto. Cerca de la calle Manuel Fal Conde y del hospital Virgen del Rocío. Zona Sur de sevilla.

Avda. Luís Ortíz Muñoz, s/n
954592388
Bus para llegar: 30-31-32-36

Recitamos:

ROCÍO HERNÁNDEZ
CARMEN CAMACHO
CARMEN VALLADOLID
EVA VAZ
SIRACUSA BRAVO


2º día: 20 de noviembre Jueves - a las 18:00 H. en la Biblioteca del Centro Cívico Entreparques. Cerca de Carrefour de Macarena, Pino Montano o Zona Norte.

C/Corral de los Olmos, s/n
954975001
Bus para llegar: 13-C6

Recitamos:

ROCÍO HERNÁNDEZ
CARMEN CAMACHO
CARMEN VALLADOLID
SARAY PAVÓN
SIRACUSA BRAVO


Espero veros a la mayoría...


Besos

lunes, 17 de noviembre de 2008

Textos de Eduardo Galeano

guerra de la calle, guerra del alma

Escribir, ¿tiene sentido? La pregunta me pesa en la mano. Se organizan aduanas de palabras, quemaderos de palabras, cementerios de palabras. Para que nos resignemos a vivir una vida que no es la nuestra, se nos obliga a aceptar como nuestra una memoria ajena. Realidad enmascarada, historia contada por los vencedores: quizás escribir no sea más que una tentativa de poner a salvo, en el tiempo de la infamia, las voces que darán testimonio de que aquí estuvimos y así fuimos. Un modo de guardar para los que no conocemos todavía, como quería Esquiu, “el nombre de cada cosa”. Quien no sabe de dónde viene, ¿cómo puede averiguar adónde va?

el diagnóstico y la terapéutica

El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos cualquiera nos reconoce.Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche, por los abrazos o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.
El amor se puede provocar dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir
No lo impide ni el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia, tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas . No hay decreto de gobierno que pueda con él , ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados infalibles brebajes con garantía y todo.








miércoles, 12 de noviembre de 2008

Murmullos


Será
que la luna colma el si-no
o acaso
el influjo de niebla
fábrica de tantos cuentos

Será o es
el himno que queda en la cornisa
cuando llueve

Pueden forjarse utensilios
que apenas ensanchen
con el silencio
y otros

No hay ayer
en la sábana enjuagada
ni techo conocido que
desee

Es el invierno un baúl
o un puente amarillo
Pasa lento
y se arroja hacia sí

Propago las manos
tendidas y sujetas
como tu ropa
que dejó de residir
o que nunca secó lo suficiente

Ha crecido sin semilla
el aliento
Teme las heladas y los roces
tan propensos a licuarse

Fueron
dos sangres las sílabas
contenedoras de verdades
y arrebatos

Será convocada la luz
que nos hizo múltiples
y de
poco
a
nada
nos hará de mecedora

Llega el búho
donde no alcanza mi voz

lunes, 10 de noviembre de 2008

Vueltas


Cómo te parece que
te nombre ahora
que no eres
quien asalta

Verse acristalado
no es muy dulce

Tan libre te creías

Se te quedó vacío hasta
el instinto
que ahora sólo sabe
de lamentos

Te has menguado
a los límites
igual que un saliente de tejado

El azar
antes que palabra
fue capricho
y mi cuerpo queda

s u s p
e
n
d i d o

Soy aire
que no te pertenece

Es mi rúbrica mirarte
no me sirves de alimento
ni envidio tu falta de pericia
que ayer tanta parecía

Llegó la tregua:
estoy afuera.

El agua es hoy
tu hipótesis

Sobre cómo soñar

Este pequeño cuento, si es que puede llamarse así, está escrito hace casi un año. Pero por varias razones me vino a la mente. Hay demasiados tropiezos en la vida que nos impiden seguir soñando con un mundo mejor. Y yo quisiera poner mi pequeña aportación para que eso no ocurra. Al no poseer una varita mágica o los conjuros suficientes que alivien esa desazón que se nos instala cuando creemos que nunca más tendremos ilusión o la capacidad de ilusionarnos, opto como casi siempre, por la palabra. Y pretendo así que las letras hagan las veces de los ojos de serpiente, los rabos de lagarto y la pizca de huesos necesarios para que del caldero salgan chispas y un humo capaz de atraparnos en una atmósfera propicia a los sueños. Como ya dije en un poema hace tiempo "Lo que no parece posible, sucede". Os invito a soñar. Pocas cosas en la vida nutren el espíritu tanto como un buen talante a la hora de imaginar. Os dejo este pequeño relato:



Ayer hubo un conejo que hablándole a Alicia le reprendía sobre la hora y decía algo así como que había que descansar… “Dulces Sueños”, decía.

Y Alicia, obediente sólo en parte, se metió en la cama con la sola idea de soñar con él. Ella ya sabía, por el cuento, que él era un conejo suave, calentito y muy sabio. Algo juguetón y travieso, pero entrañable. Así, que medio acostada, intentó pensar fuertemente cerrando los ojos (esto se lo enseño su abuela) para que con un último pensamiento pudiera crear un sueño perfecto donde ella y el conejo pasearan y disfrutaran de cada cosa de la vida. Por experiencia sabía, que cuando se tienen buenos sueños, las personas se levantan sonrientes y con esperanzas.

Tapada con su manta de colores, encendida la luz naranja que proyecta flores en la pared y con la imagen elegida flotándole en la mente, Alicia creyó que no tardaría en venirle el sueño.

A poco que su cuerpo se fue aflojando y su respiración se hizo intensa, el conejo aparecía y desaparecía envuelto en algo así como bruma. Alicia supo que era el momento de apagar la luz y sumergirse.

Sin flores en la pared, si luz que distorsione, la imagen cobró fuerza. Al rato, ya no sólo veía a su amigo querido, sino también sintió que de alguna manera ella abandonaba la cama para ir introduciéndose en el sueño. Recordó la obligación que existía en aquél país donde La reina de Corazones le dijo que era necesario creer en seis cosas imposibles cada día, y sonriendo dijo en voz alta “Esta sólo es una de las cosas; nos faltan sólo cinco”. Así fue como durante el sueño, junto al conejo, se propusieron buscar y hacer la lista de esas cinco cosas que faltaban.

Hay que decir que el conejo no creía del todo en nada y eso de buscar cosas imposibles se le hacía un poco cuesta arriba. Pero Alicia tenía fuerza y perseverancia, además de tiempo. Ya se sabe que en lo sueños el tiempo no existe.

Conforme avanzaban por caminos imaginados se dieron cuenta de que no hacían falta las palabras; que los roces involuntarios (¿o eran voluntarios…?) se traducían en sensaciones fuertes dentro de ellos. Lindo fue el momento del abrazo. Lindo y cálido. Fue como si de entre sus cuerpos se levantara la calima dejando al paisaje sin protagonismo. Sólo Alicia y él. Nada más importaba.

Hubo un instante en el que el sueño peligró. Es cosa que todo el mundo sabe que cuando en un sueño nada sucede y se paran las imágenes se corre el peligro de despertar. Como el abrazo era tan bueno, ellos no quisieron separarse pronto y el sueño comenzó a perder color y nitidez… Alicia se dio cuenta rápida y separándose de él le dijo bajito “Sigamos paseando de la mano… ¿quieres?”, así no despertaremos aún”. Por supuesto que nuestro querido conejo estuvo de acuerdo con ella. Ya hemos dicho que era tierno y entrañable.

Al mirar el horizonte el conejo confesó a Alicia sus miedos. Ella, confesó cosas de su pasado, de cuando era la protagonista del cuento y le pasaban cosas tan raras y fantásticas. Ambos comprendían. El paseo continuaba.

Pero saben que en los sueños a pesar de no existir el tiempo, si existen la noche y el día. Pues eso, que llegaba la noche, ninguno de los dos quería separarse y fuera del sueño hacía frío. Fue difícil para los dos decidir en qué instante se pararían para que el sueño terminara. Ningún momento les parecía propicio pero sabían que podían citarse para soñar juntos al día siguiente o en otro momento. Los sueños respetan mucho estas cuestiones; realmente de estos acuerdos es de lo que se nutren. Una vez acordado el día, se cogieron de la mano, apretando bastante (eso sí), por el deleite que les daba sentir sus pieles… y se quedaron quietecitos hasta que el sueño se fue derritiendo y al final despertaron cada uno en su lugar.

Al incorporarse a la vida normal, donde a veces no caben los sueños, algo había cambiado: Tanto el Conejo como Alicia, iban por la calle con una ENORME SONRISA.

Los vampiros de sueños sintieron envidia. Los que no saben que existe esta forma de placer, los miraban sorprendidos y los que alguna vez lo habían experimentado les echaban miradas cómplices.

“No importa la hora, querido Conejo”, dijo Alicia. “Lo verdaderamente importante es saber que seguiremos construyendo Sueños”

Nos vemos dentro del Espejo.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Remedios


Tengo cara de viernes. Cara de haberme quedado atrapado al final de la semana.
Hoy al levantarme me vi un poco demacrado. Hacía siglos que no me miraba en el espejo. Claro, desde que no me veo en él. Al principio pensé si no sería el polvo, las telarañas… Incluso accedí ante un comercial pesado a comprarme un centenar de espejos mágicos. Me dijeron que en algunos cuentos eran bastante efectivos. Y nada. En fin…, que he optado por mirarme en un laguito que tengo detrás de mi morada. Está un poco verde puesto que hace unas décadas que no llueve, pero aparto con la mano la mugre y consigo ver mi aspecto. Nunca he sabido por qué el agua tiene el don de reflejarme. No sé si habrá comerciales que puedan venderme lagos más limpios y de paso explicarme cómo funciona esto de los reflejos.

También he detectado en mi figura cierto encorvamiento. Y es que desde hace más o menos doscientos años las puertas de mi mansión han comenzado a empequeñecerse. Intuyo, que para poder pasar por ellas, me voy doblando de forma instintiva y de un día y otro y otro… Y lo mismo pasa con la anchura. Mis brazos se me van pegando a la parte delantera del cuerpo. Es la única forma de pasar entre los bastidores. Tengo mis dudas de si las puertas necesitan alimento. Si es por eso que andan pequeñitas y estrechas. De no comer. Porque recuerdo ahora, que hace mucho esta casa estaba abierta a todo el mundo. Había fiestas, comilonas, juergas y días donde simplemente la gente pasaba y pasaba de una puerta a otra jugando al escondite. Y claro, las puertas estaban felices. Pero no acabo de comprender por qué alimentan las presencias. Todos se iban igual que venían. Quiero decir que si tenían una cabeza, dos piernas y algunas cosas más… así es como salían. Por eso puedo afirmar, que comer, lo que se entiende por comer, no comían. Seguro, para esto también hay alguna solución: “Comida para puertas”.Veré si encuentro algo en las enciclopedias de mis antepasados.

Me gustaría poner color en mi vestimenta. He buscado entre los armarios y todo es tan gris. Casi negro, diría. El inconveniente es esta alergia que tengo al sol. No me sirve de nada que me traigan la ropa a casa. Si pruebo a ponérmela y darme un paseo, siempre tiene que ser a solas. De noche. A oscuras. Los colores no lucen y estoy empezando a estar un poco harto. Heredé una fortuna pero son muchos siglos los que me quedan por delante y debo administrarme bien. Comprar colores que nadie verá no tiene sentido.

Dónde únicamente he encontrado un poco de luz y de solución a mi mala cara, es la posibilidad de que alguien me visite. Encandilarlo sin morderlo. Que quiera quedarse conmigo aquí. Así ambos podemos ponernos colores para el otro. Tendría más sentido y casi no haría falta que llueva para que el lago nos refleje. Cada uno sería como el espejo del contrario. Que sea de noche o de día cuando podamos pasear ya no sería problema. Y si sigo atrapado para siempre en un viernes, al menos seremos dos, que es algo que sólo con pensarlo ya me alivia.

Por cierto… no recuerdo cuándo se me cayó el pelo.

¿Será bien visto que un vampiro artrítico seduzca a una doncella para estos menesteres...? Eso he preguntado ante el ataúd de mi padre. Y él, que siempre me quiso mucho, ha contestado con el silencio. Y ya se sabe, que el que calla, otorga.

Vengo de mirarme en el agua. Por entre los dientes se me comienza a poner cara de sábado.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Resulta-dos

No es posible saber
qué distancia extravía
la realidad de las alas

Ni siquiera es necesario

Es incluso peligroso
tener en los talones
algún sueño, desvarío
o unos muelles
que apunten a la luna

Poner en las letras el néctar
ensayar el
s
a
l
t
o
no es viable para el alma
que navega por las piedras
especulándose navío

No es imperiosa la nada

Soltar el hilo que no tengo
huele demasiado a utopía
cuando me observo las manos

y te veo
por arriba del cometa
que de vez en cuando nos visita
como si fueras
o fuiste
y como eres
siendo lo que no veo

Bien hemos capturado
[el efecto mariposa]
para evitar al mundo
la barbarie

Creímos
Creemos
A mayor certidumbre
más se aplica el abandono
en los nervios de las hojas

Después de todo
tú y yo
fuimos árbol
antes que
ave

martes, 4 de noviembre de 2008

No Tocar


Tantear
Como si la piel no supiera
lo que ya no es bello

Encoger el alma con el roce
Nunca la mano debió
posar la ira en mi vientre
con la alas tan rotas

He vomitado la duda
porque el ansia me conquista

Persigo morir hueca

Dispongo del amor
aunque no encuentro el vértice
para dejarlo resbalar

Por eso te empaqueto
sin destino ni remite
y lanzo el grito que no doy
a modo de carta insatisfecha

Huyeron de mí hasta las vísceras
y ha vuelto amedrentadas
He prometido lejanía
de toda tu piel y la intención
que transluce tu vocablo

Acechar
Como si el cuerpo no captara
lo que nunca fue

lunes, 3 de noviembre de 2008

DAR C-OLOR

Me apareció un día del ayer. Uno de esos días que pensaba se había marchado. Por eso se llama “ayer” a todo lo acontecido. Ese día ha vuelto de repente y me veo a mí misma con las uñas pintadas. Y algo que puede parecer tan poco llamativo, lo es. Nunca me pinto las uñas. Sobre todo la de los pies. Pero aquél día una amiga se esmeró en ponerme “guapa” o “apetecible”, no lo sé. Y ahora me pregunto qué tendrán que ver los pies en esto de las apetencias. Es curioso que no recuerde el color. Sólo el brillo. Mis pies terminaban en trocitos brillantes que reflejaban la luz que se dejaba resbalar entre persianas.

Una tarde de hace tiempo. Años ya. Unos muebles inexistentes, Todo por montar porque mi amiga acaba de mudarse. Un colchón en el suelo que parecía nuestra nave. Y esa nave estaba siendo utilizada para transformarme. Ya no recuerdo si además de las uñas pasaron más cosas. Quiero decir que las mujeres en estas ocasiones en que queremos seducir o ser seducidas nos hacemos muchos retoques del todo innecesarios. Y aún sabiendo este dato, optamos sin duda por depilarnos, maquillarnos de forma especial, ponernos el pelo para otro lado o más ahuecado unas y liso otras, y hasta por pintarnos las uñas que habíamos olvidado tener. Es como dar pequeños saltos en el tiempo.

¿Están vivos los recuerdos? Es probable que sean entes. Que su vida se alimente dentro de nosotros. Aguardan como buenos felinos. Sí, los míos son “recuerdos-pantera”. Saben perfectamente aguardar en silencio hasta el momento justo. Atacan certeros. He sido presa de un día ya gastado. Aunque dudo ahora de su buena digestión. Quizás no debí tragarlo tan deprisa. O me faltaron jugos con los que diluir tantos minutos especiados. Demasiados sabores juntos. Poco tiempo para tanto.

Me llega el olor del esmalte. Y veo mis pies sujetos por las manos de mi amiga. Quién me niega que aquél día yo no fuera sólo eso, dos pies decorados que pensaban por si mismos. Porque es extraño que no recuerde mi rostro. Y sé que me disimulé los nervios con alguna raya en el ojo o un poco de color en los labios. Hoy, cuando este pasado me surge, la importancia sólo la tienen unos dedos pequeños y la ropa con la que adorné la piel. Era verano. Pero me llega el olor de la acetona como si fuera una estación donde me detuve.

Con los pies pintados me fui sola. Al encuentro que intuía. Al descuido de una palabra que me estaba naciendo y que me hizo olvidar todo el acicale. Ningún aderezo tuvo importancia cuando te vi. Y si hubiera ido desnuda incluso de color, también hubiera dado igual. Desde ese instante sólo fueron dos ojos. Sé que había música, árboles y manos. Muchas manos. Incluso me acuerdo de las manos que no eran las nuestras. Unas hablaban o tocaban y las nuestras huían de lo evidente.

Hubo tantos silencios entre ellas…

Debo enviar este día a dormir. Dejarlo donde estaba. Aunque no es lo que deseo. Y vuelvo a la pregunta de sí lo viví o lo dejé a medio vivir y por eso se me instala en el hoy. Como una larga absorción. Debo tener el esófago de la memoria excesivamente largo. Sé que me niego a eliminar. Soy una recolectora. Guardo para el invierno incluso las caricias. Y hoy… hoy… quiero tener las uñas de los pies entrenadas para el camino, por si de nuevo las necesitara.

La forma en la que el tiempo acontece sigue siendo misteriosa. Aquél día no tocaste mis pies. Pero sé que cuando nos acariciamos las manos, ellos estuvieron contentos. Después de todo cumplieron su cometido. Y supieron esperar.

Nunca más he pintado mis uñas. Es probable que sin saberlo estén esperando tu momento. El día en que tus manos los perciban como lo que son. El final de mí. El comienzo de algún camino o el desierto.

Sin darme cuenta el día del ayer que hoy me visita, se ha hecho presente. Y esta vez no he necesitado tener las uñas pintadas para que tus manos se posaran en mis pies.

Todo ciclo es redondo, dicen. Ahora recuerdo el brillo de mis ojos cuando aquél día llegué a casa. Es como si el esmalte se me hubiera subido a la cabeza. Hoy, sin ninguna laca que embadurne, he construido un puente para que los días de ayer contigo, vayan y vengan a capricho. Es mejor no oponerles resistencia.