De delantales, amantes y máquinas de coser. O de cómo una
Singer del siglo XIX procura placeres con una avería. Y el gran manual de las
“grandes puntadas de la historia”
Esto no es un relato. Ni ficción o aburrimiento de algún escritor traficando con personajes. Esta es la historia de una mujer, su máquina de coser y sus muchos hombres, pero de uno en especial. O del destino de un hombre, sus muchas máquinas y delantales con una mujer compartida. Podría ser un cuento pero cuando la vida o el amor aprietan, la realidad supera notablemente a cualquier escuela de mundos fingidos.
Porque resulta que Walburga se hartó de ser pobre durante gran parte de su
vida. Era bella, tenía ojos que embrujaban y muchas posibilidades de casarse
con un rico señor Oesterreich que regentaba un negocio de fabricación de
delantales, principalmente, aunque también ropa femenina. Aquí es donde
aparecen sus muchas máquinas y ella pasa a tener un sobre nombre: Walburga
“Dolly”Esto no es un relato. Ni ficción o aburrimiento de algún escritor traficando con personajes. Esta es la historia de una mujer, su máquina de coser y sus muchos hombres, pero de uno en especial. O del destino de un hombre, sus muchas máquinas y delantales con una mujer compartida. Podría ser un cuento pero cuando la vida o el amor aprietan, la realidad supera notablemente a cualquier escuela de mundos fingidos.
El señor era mayor que ella y supuso en sus manos un “caramelito”.

La señora Walburga “Dolly” Oesterreich se aburría y alguna vez hacía labores de costura.Pero ese día no hubo forma. Y tiraron del chico para averiguar de dónde procedían aquellos chirridos de la máquina. La señora que era bella, el chico que estaba solo, la máquina que quedó perfecta… Aquí es donde asoman todas las puestas a punto futuras. Y los placeres.
De si la Singer tuvo el privilegio de coser más en aquella casa no queda noticia. Pero el chico fue adoptado para más de una “tarea” y en cuanto la chismosa de turno del barrio quiso dar la voz de alarma, ella ideó un plan y un contrato perfectos. Planificando bien, todo avanza. Eso debió pensar.


Todo se vino abajo. El marido discutía de forma muy agresiva, quizá porque ella se había propasado en un baile con otro señor, después de unas copas y la tuvo que sacar de allí

Ay, quién dijo que desde una habitación no se pueden tener emociones fuertes. La policía no tuvo más remedio que asumir que había sido un robo. No encontraron a nuestro huérfano y la cosa siguió así: ella traía visitas que se aligeraban de ropa en un plis plás, él cocinaba para ella y sus visitas… Aquí es donde aparece la habilidad de la compartición sin intersección.
Como uno de sus amantes fuera abogado de su marido, le pidió guardar el arma. Confiar en la piel, ya se sabe. Error. Un amante termina casi siempre por hablar cuando es sustituido. Y lo hizo nada más y nada menos que en una comisaría. Habían pasado casi diez años. No hubo forma de meter a nadie en la cárcel. Todo había expirado. Incluso el amor y aquel contrato de “Bat Man” voluntario. Así denominó la prensa de la época a Otto.

Aquí es donde aparece que una avería siempre será una oportunidad, o cómo una crisis nos sugiere otras piezas de recambio.
Y esto es lo que os dejo en este viernes de Varieté. Espero que os haya entrado curiosidad como mínimo.
Texto del Artículo: Carmen Valladolid
Imágenes: Redes – Archivo libre
Enlaces:
Walburga "Dolly" Oesterreich
Sobre
la primera película que inspiró la historia 1968 (si la encuentran por la red,
me encantaría verla. La actriz principal es Shirley
MacLaine:
Película
subtitulada El Hombre en el Ático 1995:
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