lunes, 16 de junio de 2008

Escuchar un cuadro

Al·lota decadent
Ramón Casas



Quizás es domingo. Puede que sólo el efecto de muchos poemas en un libro de tapas amarillas nos pueda dejar en este estado de semipostración. Y se sabe que la mano tocará el suelo. No falta mucho. El libro quedará en el sofá, postrado igualmente. Quiero imaginar que el vestido al tocar el suelo se desbarata. Sus jirones dejan ver un cuerpo blanco y dispuesto a la vida. Pero mientras cae, sólo parece muerte. La peor muerte. La de la esperanza.
Es verano en una época donde las mujeres nacían y seguían viviendo en invierno. Donde nada cambiaba estuviera el sol cerca o lejos de la tierra. Se me antoja que esta chica sólo tiene calor. Es la hora de la siesta. La calima deforma todo lo que toca afuera. Y dentro ella siente el desvarío de la siesta. Sabe que unos poemas no son manos. Y ella quiere caricias. Que la amen en la decadencia del cuerpo. Posiblemente eso diera color a su cara. El sol nada sabe. Ella tampoco. Ambos están al otro lado.
Siento que llega su amante. La imagino en su desidia rompiendo a bocados el libro. Pausadamente, alguien la muerde y la revive. Han quedado unas letras empapadas como prueba.
Ahora que ha soñado, ya puede levantarse.

2 comentarios:

Antonio dijo...

Hay algo de extraño, de forzado, en la postura de la mujer: el cuello doblado, los brazos abiertos... No está comoda, y ese ampuloso vestido aleja aún más la comodidad. Los almohadones verdes y mullidos invitan al descanso, pero ella no descansa ¿Acaso algún dolor interno, alguna mutilación del alma, le impiden el descanso, le cierran las puertas a cualquier tipo de placer, aunque sea un placer tan primario como estar tirada en un sofá?
Gracias, Madame. Otra vez has vuelto a descorrer la piel del cuadro, invitándonos a ver más allá de una escena aparentemente simple y cotidiana.

Antonio.

Madame Guignol dijo...

Detrás de la cortina, está la vida.

Es probable que incluso en la misma cortina ande entretenidó algún pedazo de esa vida.

Los trozos de vida son como los ácaros... juguetones.

Besos y gracias.