lunes, 28 de julio de 2008

Juego

Atravesar la esencia sin influir en la materia. Apenas la nada.
Hay algo que chilla dentro del colchón. Aquello que no has tocado. Y la ventana, otra ventana más, se siente innecesaria.

Es una visita que invoco. Pero llegas y te vas sin habar rozado mis circuitos. En el sueño quiero ver lo que la mañana me despeja. Quiero y no.

Vapores. Emitimos vapores que a veces se asemejan a las cosas y no queremos ver que ese halo sospechoso nos hará esclavos de una sustancia que no existe.

Te vi. Anduve por ti como si fueras. Un pájaro llegó con la mañana y tú, que quizás nunca fuiste, has aparecido junto al árbol: pequeñito, transparente… En la noche te engrandeces como la luna, pero sé que tu ciclo es más largo. Estás en cuarto menguante y habrá mucho tiempo para perderte.

Soy como la tierra. El verano me agrieta y necesito primaveras que renueven mi sangre. Cada noche me convierto en manantial sólo por ofrecerte calidez, pero no es cierto que lo sea. Soy desierto. Si me ves despacio contemplarás mis dunas… y algún pequeño escorpión dispuesto al sacrificio del fuego.

Me voy disolviendo entre las sábanas y el pensamiento. Vuelvo a invocarte y llegas. Me atraviesas más no me acaricias. Eso nos convierte en algo parecido a la sombras. Quizás ya no nos reflejen los espejos.

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