martes, 5 de agosto de 2008

Cambio Climático en Sevilla

Me acaban de comunicar que las temperaturas bajan. Y cuando se duerme con casi 40 grados, esa noticia te parece como un anticipo de orgasmo lento y suave… El no va más…

Unos amigos y yo hemos quedado hoy. Comenzamos por quedar por la noche. Luego decidimos más temprano para evitar la bajada repentina de la temperatura. Y desde hace unos cuantos mails… (ahora el tiempo se mide así…) hemos decidido ir abrigaditos, leotardos de lana y gorro polar encasquetados.

De tanto hablar de frío se nos están poniendo los vellos de punta, por la espalda nos recorren escalofríos y una se sorprende pensando dónde estará la toquita aquella de lana que la abuela siempre se ponía delante de la chimenea en diciembre. Para cuando vayamos a vernos pareceremos habitantes del ártico, pero incluso así nos reconoceremos; tantas son las ganas de vernos, abrazarnos y saldar no sé qué deudas que hemos contraído. Bueno, la deuda es conmigo. Un libro. Que espero por el bien de la literatura, venga forrado de terciopelo. Las letras no aguantan bien el frío y me temo que si Rosario no trae el libro bien cerquita de su cuerpo, los poemas se nieguen a salir. O acaso no puedan porque para entonces ya estén congelados. Un poema hecho carámbano no sirve para nada, eso cualquiera lo sabe. La última vez que metí uno en la nevera, el pobre salió con pulmonía y nada quería saber de versos, rimas o ritmos. Aún hoy, que han pasado ya unos meses, sigue sin hablarme. Y se ha ido a vivir a la azotea. Dice que hasta que el sol no le queme las comas, los puntos y algún tachón, no bajará a la libreta.

En fin, que ya casi todo está organizado. Unos llegarán sobre las nueve y media. Otros a las cinco de la tarde, pero salen ya para coger el sitio y encender la chimenea. Yo que casi no llegue hasta las once de la noche, siempre y cuando la máquina quita hielos hubiera podido despejar las calles de la piscina y haya asistido a mi clase de natación. Algún que otro que bufanda en cuello, se decidirá en el último momento, en función de la ventisca. Y los más atrevidos, libro a cuestas, que llegarán en punto: nieve, llueva o truene, a las nueve y media de la noche.

Debo admitir que guardaba la foto que os envío para el invierno e incluso que ya la usé para invitar a bailar a otra persona… Pero quién se resiste a imaginar Sevilla como el paraíso que nos muestran estos alegres osos polares...

Como colofón a la aventura en los polos… el lugar se llama “Gorki”, que bien podría ser un lugar en la Estepa Rusa… - oseasé-… Siberia.

¿Bailaremos esta noche deslizándonos por la nieve?
Como ya saben los que me conocen… me es tan fácil imaginarme en Groenlandia como en África.

Así que, por favor, bailemos sobre la nieve… Están todos invitados.
Un abrazo.



1 comentario:

Adrianina dijo...

Hacía un tiempo no pasaba por acá. Ya estaba por apagar la computadora cuando decidí visitarte y tus relatos siempre son tan suaves,
Me encantaría bailar sobre la nieve!!!!
te sigo leyendo
cariños
Adria.-