jueves, 14 de agosto de 2008

EL PODER DEL CABELLO


He decidido concentrarme. Cerrar los ojos. Olvidar lo que rodea mi cuerpo físico. Sentir sólo el interior. Han ido saliendo jugosas trenzas de cabezas y cabellos. Mi pelo ha crecido ondulando los pensamientos. Y sin abrir los ojos sé que ahora soy muchas más cosas. Que he derivado hasta tal punto el pensamiento que me siento dragón de cientos de cabezas. Me van llegando sensaciones. Se contradicen los pensantes. Les digo desde dentro que somos hermanas. Todas hijas de mis minúsculas neuronas. Que debemos estar en calma. Buscar entre todas el camino.

Comienzan los conflictos. Las que acaban de nacer no conocen el submundo a que se van acercando las que ya me hacen cosquillas por las piernas.

Y sigo concentrada. Hablo con cada una de ellas. Susurro apenas para sí lo que sé les llega de forma automática. Somos una. Multiplicidad sólo en apariencia. Si alguien me está viendo en este instante podría pensar que me transformo. Pero no. Soy la misma si abro los ojos o los mantengo cerrados a conciencia. Sin embargo al cerrar los párpados desde hace días me veo envuelta en este fenómeno. Soy ellas. Muchas cabezas de mí me hablan de mí. Es como una redundancia molesta. Pero sin saber por qué, las busco. Insisto. Me planto delante del balcón, cierro los ojos, me dejo llevar y comienzan a nacerme cabezas de pelos brillantes. Y aunque parecieran todas iguales no es así. Ya las voy reconociendo por sus nombres. De poco a poco, se van separando de pensamiento y adquieren personalidad propia.

Es doloroso descomponerse y pensar en trozos con los que a veces no se puede hacer nada. Y dejarlos flotar entre tantas miradas me parece peligroso. Debo terminar lo que empecé. Mientras chillan todas queriendo imponerse se me va acercando a mi psique la idea de la guillotina. Comienzo a ver miles de muñecas mutiladas. Niñas que juegan con muñecas sin cabeza. Y yo adquiriendo, no sé a través de que imán, todas las cabezas que ellas van degollando. Mi pelo pesa demasiado.

Hace horas que intento abrir los ojos. Comienzo a perder gobierno. Cuando procuro levantar el párpado izquierdo, decenas de pequeñas cabezas se concentran para pensar justo en lo contrario. Van ganando terreno. Al principio todo era un juego. Una forma de dominar mi mente. Ahora veo que se han puesto de acuerdo para que siga siendo su matriz. La que las hace germinar. Me mantienen con vida sólo para florecer.

¿Qué pasará cuando esté tan agotada que ya no pueda susurrar o en el mundo no queden más cabezas de muñecas decapitadas?

Al menos sigo teniendo el privilegio de cuestionarme ciertas cosas de la vida. Y en una de estas cuestiones, me pregunto a mí misma “¿hasta cuándo?”

Unas cincuenta cabezas han respondido al instante… siempre habrá niños que deseen arrancar las cabezas a sus muñecos. Tu vida es eterna.

Susurro
Me concentro
Sigo desdoblándome
Las cabezas me hacen compañía en este balcón solitario.

2 comentarios:

La gata Roma dijo...

Nunca le arranqué la cabeza a las muñecas… Tal vez es mejor usarlas como tú, para tener una especie de coro griego que de respuestas o creen conflicto.
Me encantó encontrar este sitio.
kisses

Madame Guignol dijo...

Gracias Gata.
Como ya sabes porque tú igual que yo miras desde otro lugar las cosas de este mundo... o de aquél... la fantasía es igual a creación y a veces se equipara con la destrucción.

Prometo mirar tu sitio, que nada más entrar ya parece interesante... me han inquietado tantos tacones... ya me contarás...

Encantada de que te encante.

Besos