miércoles, 17 de septiembre de 2008

Buenas Intenciones

Foto: Roberto Martínez "Chaparro"
Sólo espero que al igual que mi mirada se expande a toda la urbe, desde otro ser, el horizonte sea diferente y en algún momento esa ventana se le quede pequeña, le apriete y salga a comprobar que lo observado se transita.

Cuántas veces te he mirado, mar. Allá. Tan asequible e imponente. Tan lleno de lo dejado. Y vacío de mí.

Cuando te hablo los edificios cierran los ojos. El idioma nuestro es como un pacto. Sé que otros ya te hablaron, que te hablan aún. Depositan en ti sus expectativas y sus sombras. Poco das. La virtud del silencio es tu bandera. Y sin embargo cantas. Me adormezco en las ruinas que vas dejando en la arena. Vas y vienes. Pareces un niño ingenuo que no supiera que subir la piedra por la cuesta y dejarla caer no te llevará a ninguna parte. Sísifo se continúa en ti.

Das; a ratos das sabor a los recuerdos. Y enseguida vienes y te llevas y te adentras y te rompes. Quedo el aire. Pareces una cárcel donde todo es secreto. Admiro tu empatía con la sangre. Tú entiendes de flujos y en esos instantes parecieras casi humano.

Cómo te verán los bloques de cemento. Esos parches-panales agujereados para que podamos respirar, o incluso, tirarnos. Somos tan sobrantes para el mundo…

Ayer me llegó la brisa cargada de frecuencias y dispuse mi cámara. He penetrado el oxígeno que me permite la terraza y han aparecido en mi retina fracciones de vida. Las de los enterrados vivos. Esos ojos ocultos tras los toldos, las persianas o sus pantallas. Los oí gritar y quise rescatarlos. Ellos no lo saben pero están por siempre salvados. Detrás de cada hueco hay una cara, unos labios, unas manos y sueños cumplidos o rotos. Han sido retratados. Inmortalizados, dicen los que entienden de fotografía. Será por eso que antaño se hacían fotos a los muertos. Bebés muertos y de pulso atrapado en sus macabras posturas de niño-estatua. Y viejos que siempre lo serán. Me da miedo pensar si en algún lugar habrá algún cuerpo en espera de descomponerse. Que hasta que su foto no sea destruida sus huesos no se convertirán en ceniza. El poder de la imagen. Quizás atrapemos algo más que los instantes cuando jugamos a esto de poseernos con el rictus del momento.

Pero tú ciudad, qué poco conoces a los tuyos. Y qué poco se conocen entre ellos. Cuánto ruido para nada. Apenas un roce, una mala cara y unos ojos que pueden comerte sin apetito. Nadie se nutre en ti. Se van dejando estelas de pies que nadie sigue. Y es entonces cuando en las azoteas se mira al cielo y nos da por creer en las estrellas. Algo así como dioses que pudieran concedernos aquellos ocultos deseos que cada día paseamos por entre muchedumbres de pobres intenciones.

Menos mal que al final de ti está el mar. Y allí uno sabe que siempre puede ahogarlo todo. Aunque yo soy más de los que esperan encontrar la botella con el mensaje o me entretengo en pensar que aquél castillo de allí, el de arena, nunca será tragado por el mar y algún día las personas se darán cuenta de que dentro viven seres y cosas.

Lo reconozco: soy de esos que ven algo más de lo que un buen objetivo decide mostrarme.
El zoom, definitivamente, debe estar en el cerebro.


4 comentarios:

Ana Espinosa dijo...

Carmen: Cada vez escribes mejor.
Por cierto he visto en libro de Koki aquí en tu página, ya terminado y ha quedado que es una preciosidad, ya me avisas cómo adquirirlo, a mi hijo de 5 añitos le encantará y tengo una compañera de trabajo que también está interesada, lo hemos estado viendo esta mañana.

Besitos artista.

Madame Guignol dijo...

Cada día estoy más feliz de ser una de las madres de Koky. Y soy consciente de que su otra mamá, Paula, está rebosando alegría.

Cuando nos felicitáis por este trabajo conjunto, algo en mi alma se remueve. Ese sueño de escribir para niños que ya tenía cuando yo lo era. Cuando niña y escribía cuentos para niños. Me sentía mayor y niña a la vez, quizás.. no sé. Ahora es al revés.. me siento niña y mayor. Ninguna de las cosas quiero perder. Es un compendio de sensaciones que hacen que pueda escribir de la forma que lo hago.

Gracias por tus halagos. Llegar a personas sensibles como tú es un orgullo y me sigue sorprendiendo.

Es mi sueño, Ana. Escribir y compartir. Mi sueño.

Si tu hijo de 5 años disfruta con mi ratón... he alcanzado la meta.

Dale las gracias a tu amiga y un abrazo a las dos.

Koky está a la espera de varias cosas... ya te iré avisando.

¿Me has llamado "artista"? Mira quién fue a hablar...jeje.

Gracias por tus

Anónimo dijo...

bonita foto !!!

koky dijo...

Es mi sueño, Ana. Escribir y compartir. Mi sueño.

Carmen, no sabes como te siento al leer estas palabras, me impregnas de lo bueno de todo, como si a la vera de mi cuerpo creciera un asterisco ajeno a mi y,al poco, desapareciera, produciendose un cambio de vibración.


Respecto a buenas intenciones.

Tengo mil comentarios. Trasnformo tu texto y lo hago mio, porque es presente, apacigua mi serenidad y la convierte en un camino firme.
Q un beso mu gordo.

koway