jueves, 27 de noviembre de 2008

Tratamientos


Estoy preparada.

Puede que por alguna grieta la sangre se derrame. No importará para entonces. Algo queda. Siempre se adhieren pequeños coágulos a los bordes y en unos minutos las coyunturas estarán selladas. Eso me han contado. Nada cabrá. Nada saldrá. Toda la sustancia invadiendo mi cuerpo. En un par de horas llegaré a pesar por fin. Tendré entelequia. O al menos, pulso. Un poco de pulso. Sólo el justo para sonreír. También, me gustaría, doctor, que mi cabeza se ladeara con cierta gracia. Eso que llaman “glamour” ¿Cree usted que será posible girar mi cuello y que parezca flexible? Y quiero dar besos. Para ello mis labios deben cobrar brillo y matices ¿Es esto posible con una aplicación?
¿Me quedarán cicatrices? Me dijeron otros maniquíes conocidos que hay hombres de verdad que se enamoran de mujeres con cicatrices. Quiero ser así. Una mujer que haya vivido. Con evidencias. Mujer evidente. ¿Existe este término entre los humanos, doctor?

Usted cree que si se me fuese acabando la sangre en unos años, ¿sería posible hacerme este tratamiento de nuevo? Y si fuera así, ¿la sangre podría ser de otro país? Siento muchos deseos de conocer mundo y quizás si me corre por dentro sangre africana pueda comprender y saber mucho de allí. O incluso practicar su idioma y tener más garantías para aprenderlo. Yo escucho mucho eso de que la “sangre es poderosa” ¿Se refieren a esto que le pregunto? Mirarme al espejo un día y comprobar que voy tomando color. El de ellos. Eso sería tan sorprendente…

Ay, doctor, ¡qué nerviosa estoy!
Le pediría que me diera la mano mientras dura el proceso, pero claro, usted tendrá otras cosas mejores que hacer que calmar a una maniquí ignorante. Si por lo menos ya fuera un poco humana, todo cambiaría, ¿verdad? Pero mis manos aún son frías y de tacto extraño. Nada que ver con la piel que intuyo en las suyas.

Querido amigo… ¿podré enamorarme con esta sangre nueva que me regala?
Déme la mano unos minutos. Luego siga su trabajo. Sólo le pido eso. Déjeme que su calor me de paz al menos mientras entran las primeras gotas en mí.

¡Ahhhh! Vaya... vaya… comienzo a sentir cómo la vida me habita. ¿Verán los otros en mí esta nueva percepción del mundo?
Ya... ya sé. Usted se limita a enchufarme a la máquina y dar al botón. Pero hágame un favor. El último… Tóqueme el cabello y dígame a qué huele. Deseo tanto que el olfato me transporte a otros cuerpos vivos…Y ahora… ponga su cabeza cerca de mi nariz. Acérquese. Su olor es dulce como esta sangre. Sí doctor, ya sé que no se debe enamorar de sus pacientes. ¿Pero no podría usted disimularlo al menos el tiempo de esta transfusión? Le prometo que será un secreto. Ande… ponga su boca junto a la mía sólo un instante. Un único roce y le dejaré marcharse. Así podrá contar a sus amigos que de verdad la sangre tiene poder, que mis labios estaban calientes y que yo decía palabras en idiomas distintos y como una mujer enamorada. Venga… doctor… hace tanto frío aquí.

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