martes, 16 de diciembre de 2008

MOCOS, S.A.



Vi tu cara blanca
antes de comprender
que hay termómetros
flagrantes

uno en mi coche
otro
en el tótem de la acera

dos medidas de tiempo
dos temperaturas
y luego la de tu rostro
que marcaba cero grados

me vendías el hielo
con forma de paquete
a tan bajo precio
como las ofertas de conciencia

más allá de tu espalda
escuché
estómagos sin caminos
y soledades como dientes

no quise el género
para no robarte peripecias
en tu fluir hacia el desayuno
y me pediste la palabra
a cambio de mi reembolso

“¿Podría usted hablar conmigo un día?”

comprendí tu Hambre de voz
en el reflejo de mi angustia
y me dio pánico ese instante
porque la lucidez se me queda a vivir
demasiado a menudo

tuve familia en las afueras
gente morena en países blancos
o verdes
inmigrantes con retorno
y genes que pretendo no olvidar

Dije “Sí, otro día…”

detrás
vino el blanco de tu boca
para apaciguarme
como si yo fuese negra india o transparente

somos provechosos
que instalamos nuestras casas
en parapetos que creemos universo
y nos dedicamos al olvido
con el mismo afán
con que restamos la ternura
a todo lo que nos compra

Eres negro, sí.
Pero no menos que mi sangre
ni la rabia
o mi solicitud de voces a otros seres
en días donde el hielo
también a mí
se me aloja en las manos

Hablar hasta el contagio
que la ternura erupcione
llenándonos la lengua
con pequeños trozos para dar

Parecemos floreros

Debajo
el agua comienza
su
d
e
s
c
o
m
p
o
s
i
c
i
ó
n

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