miércoles, 18 de febrero de 2009

IV CERTAMEN RUMAYQUIYA - Asociación Artístico-literaria Itimad

El pasado 14 de Febrero se entregaron los premios del IV Certamen de Poemas y Cartas de Amor Rumayquiya y fue acompañado del recital que con motivo del día de los Enamorados viene celebrando la Asociación Artístico Literaria en su sexta edición.

Tuve el privilegio de quedar Finalista en este premio en la modalidad de Carta con mi trabajo titulado "Estructuras" y que os dejo debajo de esta noticia para que podáis disfrutarla.

Aún no están disponibles la imagen del libro ni las fotos del acto para subirlas al blog. Os dejo en enlace a la página de Itimad, donde sí podéis adquirir el libro así como las revistas que trimestralmente editamos o cualquiera de sus otras publicaciones: www.itimad.org.
Os comento que un querido amigo me regaló un audio con mi carta grabada. Como su voz es prodigiosa, espero aprender pronto a subir audios a mi blog y que podáis disfrutar de la carta también de esta manera. Si él me da permiso, claro.
En el año 2005 fui la ganadora del Certámen en esta misma modalidad con la Carta titulada "Puffi" y que subiré esta semana al blog.

Un abrazo a todos y os dejo aquí con mis...

Estructuras

Les sons et les parfums tournent dans l´air du soir.
(Los sonidos y los perfumes giran en el aire de la tarde)


Mi amor, ¿recuerdas que antes me gustaba comenzar mis cartas con una frase en otro idioma? Esta manía mía de hacerme la “interesante”; o puede que lo haga para sentirme menos sola. Tenerte tan cerca y tan lejos a la vez es como saberse cristal. Al pronunciar las palabras extranjeras, mientras te las dedico, me siento como poseída por dos mundos. Uno que lee literalmente y otro que traduce. A la vez pienso en tu cara, tus bellos ojos que no entienden más que un idioma. Si vieras cuántas veces he intentado sugerirte que aprendas el mío. Mi idioma, sí. Pero tú no sabes de cuál te hablo, ¿verdad?


Es un idioma sin palabras. Uno donde cabe tu pasado a puerta cerrada. Donde el mío fue dejando sitio y te esperó. Ayer me propuse escribirte la verdad. Y ahora doy vueltas sin poder encontrar esa palabra trampolín que me libere de esta sombra. Veré qué puedo hacer, querido.


Verás… ya no soy la mujer que conoces. Antes sí. Antes era tu amante, tu amiga, tu todo. Casi un santuario, era. Ya no. En este tiempo de conocerte he ido olvidándome de quién soy. Al principio sólo fueron cachitos dejados aquí y allá que recogía y volvía a añadirme. En pocos días, dejaba alguno suelto encima de la cama o entre los pelos del lavabo. Para cuando en la noche quería ser una persona completa, ya no podía. Y claro, era chocante saber que faltaban trozos pero no tener ninguna intención ni voluntad para ir a buscarlos. Es más, alguna vez que lo intenté me vine a la cama incompleta y desanimada. Tú no lo notaste nunca, amor. Me esforcé tanto por parecer. Guardé la forma tapando aquí y allá lo que perdía. Te reflejaste en mí sin problemas. Y se ve que supe hacerlo. Aún hoy, estoy segura, de que si alguien te pregunta, dirías que soy yo, tu amor de siempre. Tu mujer sauce. Así me nombrabas en tus cartas.


Hubo un día que perdí algo de mi rostro. Se fueron las señales que antes se me marcaban al sonreír. Y no sé adónde. Miré incluso en el umbral de la calle. Y nada. Esa noche, lo recuerdo bien, procuré acostarme cuando tú dormías. Tenía tanto miedo de que notaras la diferencia de mi boca. Y no es que nos besáramos mucho en este período, pero siempre nos dábamos ese beso tácito de buenas noches y con la cercanía podrías haberte dado cuenta. Lo pasé mal. Para cuando llegaron los “Buenos días, cariño…” ya yo había encontrado cómo tapar las huellas. Unos mechones sueltos, despeinados y la pose de estar medio dormida. Todo escaparate. Nos fuimos ambos satisfechos. Al menos tú. Que no sabías de mis cambios.


Lo peor fue darme cuenta de que había perdido algo en el estómago. O más bien que había sido sustituido por otra cosa. Mira, amor… desde que vivimos juntos, desde el primer día, cuando se acercaba la hora de vernos, de reencontrarnos después del trabajo, yo notaba que mi pulso se situaba en el estómago. Algo me anunciaba tu llegada. Y me sentía angustiada y feliz a un tiempo. Y una tarde, se fue. Lo perdí. Llegaste y no palpité. Ni antes de llegar tampoco. Supe que el reloj era difunto. Ese día sí notaste algo, pero te dije que me dolía un poco la espalda y asentiste; lo diste por bueno. El agujero estaba tapado por mi mano. Nunca hablamos de qué notaste, pero no hizo falta. Al día siguiente, ese pulso se había convertido en incertidumbre. Ningún tic-tac. Desde ese momento, cuando se acerca la hora de compartir los espacios, me aprieto y procuro que no salga a la luz todos los saltos que algo inexplicable está dando en mi interior. Soy como un centrifugado que ruge y se contiene.


No pensaba dejarte esta carta en el frigorífico, mi vida. Luego lo pensé mejor y vi que el lugar era el más propicio. Incluso los cadáveres se meten en neveras. Hay que evitar el mal olor. Y justo aquí, al lado de la cocina, es donde perdí lo último que noté en falta.


No busco tu perdón a este abandono. Hace tiempo que estuve yéndome en fuga. Como una melodía bien compuesta. Han sido acordes no aptos para tus oídos. Tu cuerpo como siempre, ajeno al jardín. Yo era la tierra, amor. Nunca el árbol aquél llorón con el que me comparabas. Sólo tierra que necesitó de ti, renovación. He muerto perdiendo trozos de mujer.


No. Ya no soy la mujer que ves. Soy tu invento.


Lo que me ha pasado hoy, amor, y por eso tomo este camino sin prisas, es que recordé mi auténtico nombre y me fueron llegando claridades. Sé que no estarás de acuerdo. Tú ya no eres el hombre que veo. Te has ido trazando conforme a mi transformación. O yo a la tuya, qué más da. Si aún sentimos que somos el reflejo del otro es sólo porque a ninguno de los dos nos cuesta imaginar. Irónico descubrimiento, ¿no te parece? En el fin, nos vuelve a unir la fantasía. Pero no creo que sea suficiente para ninguno de los dos.


PD: J'ai laissé la lettre à l'intérieur. L'aimant où nous nous avons laissé tant de messages s'est suicidé ce matin. Personne n'a eu la faute. Je te laisse ici mon dernier baiser.

PD: He dejado la carta dentro. El imán donde nos hemos dejado tantos mensajes se ha suicidado esta mañana. Nadie tuvo la culpa. Te dejo aquí mi último beso.

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