martes, 3 de marzo de 2009

Caminos al So(l)n




El pasado día 28 de Febrero, dentro del programa de Actos organizado por el Exmo Aymto de Aznalcazar para la celebración del Dia de Andalucía, tuvo lugar un recital poético en Aznalcázar por parte de poetas de la Asociación Artístico Literaria Itimad y otros colectivos de la zona. Representando a Itimad en esta ocasión, estuvieron Ana Villalobos Carballo y Carmen Valladolid Benítez (Madame Guignol) y también colaboraron con nosotros las poetas Rosa Desastre y Sara Castelar Lorca.

Os dejo con el escrito que para esta ocasión leí y que está dedicado a aquellos seres que en su momento tuvieron que irse de esta tierra. A su memoria y los descendientes que aún sienten parte de este trocito de luz, dentro de sus genes.




Un día 28 me propusiste llevarte mi cuerpo.
Y dije “sí”.
Un sí que tomó forma el día 29.
No hubo que pensar. Simplemente dije “sí”.
Un “SIIIIIII…” suave y melodioso.
Y tú, que aún eras un misterio, contestaste con un alegre “Gracias Madame”.
Desde entonces me tienes.

Hasta aquí todo parece una escena soñada. Lo que tú no sabías era el poder de mi máquina “destripa-anónimos”. Puse el botón en “on” y le di la máxima potencia cuidando mucho los grados, porque podía ser que tú no fueras un ser cualquiera, podría ser que vinieras de tierras cálidas y mi pobre instrumento subiera de temperatura.

Cada día lo miré buscando un resultado. Y un día llegó. Llegó tu informe. Resultaste un extranjero. Pero un extranjero de sangre andaluza. Poco me había importado hasta esa fecha qué sangre corre por las venas de nadie. O más bien, sólo sentía curiosidad anatómica.

Me contaste de tus abuelos. De esos “viejos”, como tú los llamas, que habían llegado tan lejos para plantar la simiente de la que tú luego nacerías. No quieres olvidar tus raíces, no puedes. Un día te vi de niño vestido como hombre. Allí, en un patio andaluz, en pleno continente americano. Es extraño como los patios de aquí, el de la casa de mis abuelas o mis padres, siempre me atraparon. Te sentí llorar en este hoy, cuando ya has conseguido esa “adultez” que no es la deseada. Sí, te sentí rebosando nostalgia. Añoranza quizás de una tierra que nunca pisaste. Ahora entiendo que haya gente que cuando emigra, necesita llevarse tarros con arena.

Me confiesas no tener intención de vivir en esta tierra. Dentro de esas palabras se van alojando, sin tu saberlo, las ganas de conocerte aquí. No podemos ser los mismos si lo que olemos o pisamos o comemos, es distinto. En ti viven dos hombres. La dualidad de dos sangres sin color. En los genes te viven presentimientos distintos: unos te aromatizan con los viñedos que nunca conociste y casi te conviertes en vino sin remedio; otros, aparecen en forma de palabras que aquí, en Andalucía ya fueron quedadas en desuso o en acentos que dan baile a las palabras.

Eres el eco de una muchedumbre que aquí moría de hambre. Un hambre que también era miedo. Un sueño que sólo lejos podía cumplirse. Ese eco-niño que ahora necesitas ser, vuelve a soñarse andaluz, cada noche, en cualquier naranjo que asome a una ventana. Lástima que olvidemos que los que ahora llegan, no son más que el reflejo de lo que fuimos aquí, seres sin horizonte… Y quién sabe si no volveremos a serlo…

Te dejaron un legado geométrico en las manos. Si se pudieran unir todas las piezas que tus manos artesanas han fabricado, te aseguro, que unas sobre otras, darían forma delante de los ojos, a un auténtico palacio del Al-Andalus.

Quizás lo único importante de ser y sentirse andaluz, es lo mismo que ser y sentirse de cualquier lugar. Es decir, saber compartir, venga de donde venga la sangre.


Un día 28 te propongo que traigas tu cuerpo
Si dices sí, un SIIIII… suave como el mío, quién sabe si no estaremos dando paz a todos esos seres que nunca volvieron a respirarse aquí.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Así son los genes amiga Guignol, se los siembra en cualquier lugar pero siempre huelen su cuna, aunque pasen siglos o miles de kilómetros los separen del seno creador.
Le felicito por tener el valor que muchos no tienen, hablar de los inmigrantes despojándose de los torpes y destructivos nacionalismos.
Con mucho calor, un amigo,
"El Zagal".