jueves, 23 de abril de 2009

Mi canto a la... Imagi-NA-©-CIÓN - Día del Libro 2009

Ilustraciones de:



Querido Inocencio:

Cuando me preguntabas hasta dónde te quería, yo siempre contestaba “¡Hasta la Luna!” Ensimismado en tu propio querer o quererme, hacías como si mis palabras fueran sólo viento y volvías a preguntar pasadas unas horas. Y yo repetía: “¡Amor mío, te quiero hasta la Luna y más allá!” Luego tu olvido. Me he llevado pensando en esto mucho tiempo. “¿Podría hacer que mis palabras tuvieran más consistencia en tu corazón?” Y sobre todo me urgía que no siguieras insistiendo y me pidieras que te quisiera, por ejemplo, hasta el sol… Porque de seguir así, luego me pedirías que te quisiera hasta una galaxia de la que no sé el nombre y mi amor se convertiría entonces en un amor que quiere de forma abstracta. No poner nombre ni límite al amor, querer por constelaciones o agujeros negros que todo se lo tragan, no me pareció en aquel momento algo sano para nuestra relación.

Fue así como me decidí una noche a subirme a la azotea. Después de contemplar un rato aquél cielo de nuestras fantasías, miré con asombro y como si lo hiciera por primera vez, aquella luna tan blanca, tan de luz. Me fui …E…s…t…i…r…a…n…d…O… víctima de mi desazón y creo que ella quiso hablarme, que de alguna forma intuía mi incertidumbre y buscó durante unos instantes la forma de comunicarse conmigo. O eso creí al verle un ojo medio cerrado que yo de inmediato asumí como un guiño. Como tú me haces cuando algo te agrada y buscas mi complicidad. Justo así, amor. En aquél guiño yo sólo vi una señal de aprobación, un “Te doy licencia, estoy contigo”, porque imaginé que la luna estaba un poquito harta de tanto ser utilizada. Hasta me dio tiempo a reflexionar sobre una cuestión: “!Había días donde yo no te quería nada; absolutamente nada! No podía ser mi amor constante, mientras la luna se apagara por unos días y todo el cielo fuera negro.” Y lo que es cierto es que yo no mentía. Si te decía que te quería hasta la luna es porque era cierto. Ninguna culpa tenía yo de que ella algunos días decidiera no estar. Menos mal que tú de esto ni te dabas cuenta, pero claro, quizás por eso te llegaba la duda y preguntabas tantas veces lo mismo. De alguna forma intuías que el amor esos días, vagaba por el espacio sin encontrar dónde posarse”

Ya no tuve tiempo de nada más. Hice lo que tenía que hacer. Perdona, mi vida, si te sorprende encontrarte esta carta y más aún, LA LUNA sobre tu cama. Necesito que por fin creas en mi amor y nunca más me preguntes hasta dónde. En este acto sólo pretendo que nuestra vida no caiga en la vulgaridad ni en necesitar cada día de retos que sobrepasen la estratosfera. No quisiera que explotáramos como globos.

Simplemente, te quiero.
Sin medida.

PD: Me llevará días recuperar mi aspecto normal. Ya sabes que me encanta que me beses el cuello, amor, y en este momento, dada su longitud, sería un trabajo agotador.




3 comentarios:

Coni Salgado dijo...

Genial Karmencita! como todo lo que escribís!!!
Abrazote!!

Baladas mp3 dijo...

Muy ingenioso y desopilante escrito el suyo Madame...un pedido; si ve a esa jirafa ¿le puede decir que necesito la receta para estirarme al menos una docena de miles de kilòmetros?.
Se agradece.
Beto.

Gingerale dijo...

¡Así se escribe! Gracias por no darle al mundo otra historia trillada.