lunes, 31 de agosto de 2009

Merca-2

Vega
Felipe Sérvulo
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Compro una flor que nadie ve. Admiro su capacidad de estar callada. Pienso si no será la muerte y la miro. Veo que no, que aún respira si es que las flores lo hacen. A mi ver, está viva y no comprendo (en la distancia) la sonrisa astuta de la vendedora cuando le pagué. Quizás otros hubieran comprado una rosa perfectamente roja ¿Cómo es posible que nadie se percate de que entre todos esos manojos de flores en serie, estaba ella? La flor. Sé que mañana tendré que volver a hacerlo. Ninguna de estas desertoras del brillo aguanta en la mesa más de un día por mucho que esmero mi cuidado. Y sin embargo todas tienen nombre. Sólo un día les dura la identidad. La compro, las nombro, las coloco donde haya luz y creo escuchar un suspiro de alivio, si es que las flores así nombradas, pudieran darlo.
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Nunca elijo dos. Es cruel ver morir a otro. Si pusiera dos flores enfrentadas cada una vería un poco de la muerte de la otra. Y teniendo nombre como tienen, eso sería inolvidable para el jarrón donde intento revivirlas. Una cosa es ver morir algo necesario y otra sufrir impotente los intentos de dos seres por salvarse.
Yo creo en la conciencia de los objetos y trato de evitarles situaciones molestas. Las flores, ni antes ni después del nombre, saben que les queda poco; no es probable que tengan conciencia de término.
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Sigo comprando flores invisibles por mucho que parezca una empresa poco rentable. Y el último día del año le regalo a mi jarrón la posibilidad de estar vacío. Ese día la flor invisible la sostiene mi cama para que muera mientras dormimos.
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Alguien me dijo un día que compro la muerte a precio de vida. Y quién sabe si no estará igual de cerca de la verdad que lo está cualquiera…

1 comentario:

Felipe Sérvulo dijo...

Ningún problema en que haya escogido una acuarela mía, todo lo contrario: agradecido de que te fijado en ellas.
Un abrazo.