viernes, 23 de octubre de 2009

Adorno

Angel Zárraga (1886-1946)
La bailarina desnuda, 1907-1909 - Oleo / tela151 x 150 cm



En la danza era libélula. Su cuerpo nunca tuvo esa consistencia que tenemos los humanos. Cuando ella aparecía un sonido de agua se te metía en los oídos y sin saber muy bien cómo, optabas por el silencio y la contemplación. Y no sólo cuando bailaba. En las tareas cotidianas la armonía de sus movimientos parecían composiciones musicales. Su esposo prefería asomarse y antes de entrar, se dedicaba a escuchar su silencio de insecto.

Cada día se miraba en el espejo, se acicalaba y se tocaba la boca. Nadie sospechó nunca que le oprimía su poca libertad. Lo que más costoso le resultaba era fingir que todo era armónico, que la suavidad le nacía desde un lugar mágico. Los primeros días que fingió siempre le quedaba el temor a ser descubierta. Poco a poco fue notando que lo hacía realmente lindo. Así, *Dayeah, fue la mujer perfecta, la amante silenciosa de día, apasionada de noche. Se hizo a sí misma una mujer adorable.

Cada noche se repetía las enseñanzas de su abuela. Cada día bailaba como una niña. Y cada tarde tenía que recomponerse.

Nadie sabía que el sonido de agua que acompañaba a su ser-libélula provenía de lágrimas tragadas.

* Dayead: Nombre femenino de origen hebreo que significa “Pájaro”

Este relato saldrá publicado en el número 14 de la Revista Saigón en su especial sobre Oriente. http://saigon.iespana.es/

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