viernes, 23 de octubre de 2009

Bienandanza

Rayuela


El coche está solo y por si fuera poco no sabe pintar con tiza. Y ahí entra la niña con todo el desparpajo en el vestido, con la forma antes que el contorno. Ella sabe y pinta. Sabe y salta. El coche sólo mira, pregunta cómo y también por qué sus ruedas no tienen dedos.

........Quítate los zapatos. Están dentro.

Aunque intuye que sólo el aire lo recorre, se propone quitarse uno dándose contra un bordillo en cuanto tenga ocasión. Si tuviera dedos para coger la tiza… o si tuviera pies para jugar a la china…

........El coche de mi padre no habla

Y como si tal cosa, tira la piedra, comienza a cantar y sonríe.

En el roce del vestido con la puerta, el coche siente. La niña siente. Nadie más.

Cada día en las aceras la vida es transformista. Hace que un coche cualquiera juegue a la *china en calcetines y que una niña cante con rugido de motor. Y todo sucede en completa armonía
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*China : así llamábamos en mi pueblo al juego de la rayuela.

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