viernes, 11 de diciembre de 2009

¡¡¡EXTRA...EXTRA...!!!

Que no…
A mí que no me la den con pasas (lo del “queso” está ya muy visto). Que ser una más en la lista del paro no es tan mala cosa. Ni mucho menos estar viendo el sol desde la ventana de mi habitación, escuchando a los pájaros libres y sintiendo cómo llega el invierno.

Que no…
Yo prefiero la utopía que aquella realidad llena de agujeritos por donde se andaban colando mis compañeros desde la mañana a la noche. Unos agujeritos donde no había ni hubo nunca nada. Nada de extraño en sonreír por sentirte dueña de tu tiempo. Trabajar entre ladrones no es creativo como pueda pensarse. Robarse entre todos, por ejemplo, un trocito de intimidad de aquél, un pedazo de sueño de aquella, la ilusión de los novatos o el placer que cada cuál tiene al mirar de reojo a su contrario…. No es cosa buena… no.
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Y luego están las realidades alternativas. Sí, esas en las que tú no vives ni te interesa vivir. Ese tipo de realidad que tienen las prendas usadas o las manchas de alquitrán. Algo inexplicable. Intranscendente como el día de los amigos invisibles. Y sin embargo es el único día con el que comulgo definitivamente. Es más, animo a todos los jefes a implantarlo incluso en el convenio colectivo. Pocas veces algo tan ingenuo es tan cierto. Todos son invisibles.

Que no…
Que no me engañen diciendo que produzco o no produzco. Ahora estoy en plena fábrica de mí misma y por poco que gane con este pequeño artículo, la vida me parece perfecta. Cada cuál a su sitio, decía mi abuela. Yo, al mío. Se muere antes por falta de oxígeno que por hambre ¿Qué me pueden decir contra eso?


Y sí…
Claro que lo negro parece negro y el paro aterra en época de crisis. Pero a mí me gusta el juego con las palabras y no tanto con los números. Lo que aterra está en la “tierra”, justo de donde yo levanto al menos un pie cada día; justo donde todos los compañeros se aseguran de poner los dos y las manos en el cuello del otro. La palabra “Crisis”… comienza como cualquier grillo que disfruta del calor que a nosotros nos aplasta. Es decir, “cri… cri… cri…” Así pues, el verano es largo pero no eterno.


Que no…
Que mi mano está más suelta gracias al adiós de lo que tuvo que haberse ido antes.

Y si…
En la búsqueda del yo apenas caben los otros sobre todo sin roban, roban, roban.

Por todo, tengo el placer de anunciarles que con fecha de ayer me han convertido en número, pero ni indivisible ni primo. Sólo número que siempre se sentirá letra.

Y como nunca fui miedosa a los únicos monstruos que temo son los que yo imagino. Y esos están perfectamente amaestrados cuando me siento LIBRE.

QUE NO…El aire que yo respiro ni lo presto ni lo vendo.

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