jueves, 3 de marzo de 2011

Pensamiento Positivo


  • ¿A las diez le parece bien?
  • Esupendo. Allí estaré.
¡¡¡Aachhhh!!! Se me olvidó preguntarle al tío este si debo llevar algo más y no pienso gastarme ni un céntimo en llamarle. Total, ya deben tener mi currículo de las últimas siete veces que me han llamado para cursos de televendedora. Porque como sea eso... un curso de formación sin compromiso de contratación y encima con encuestas para justificarse su esatafas.... uffff, los denuncio. Juro que los denuncio.

Aunque... para qué, si encima parece que es legal, que lo que hacen está subvencionado ¡Vaya mierda de mundo...!

Jéssica metió el móvil en el bolso e iba dándole vueltas a unas palabras que ya de tanto usarlas estaban un poco canijas. Hacía tiempo que no miraba hacia ninguna parte cuando caminaba por las calles. En algunos momentos, ni siquiera miraba hacia dentro. Era como un no ser. Como un no verse en los otros. Un no saberse. Un no tener sustancia. Un NO.

Al ducharse un manojo de pelos se le había desgajado en la mano. Así sin más. Cientos de pelos menos. Y lloró. Su melena se iba por el desagüe. Decidida a impresionar fuera como fuera a uno de tantos seres que la entrevistaban, se limpió los mocos, dejó correr la espuma y metió el manojo de pelos en una cajita de lentejuelas azules.

Su maquillaje la ritualizó. En cada movimiento iba recobrando algo de entidad. Un ojo perfilado, pues se sonreía con cierta sensualidad. El colorete le hizo verse simpática y aplicó un poco más de lo habitual. Así es mejor para el circo, dijo en voz baja. Para cuando su boca estallaba de fucsia Jéssica había olvidado la angustia y consiguió recomponer su cabellera como si ningún pelo hubiera desertado. Y salió a la calle. A esa calle llena de sucesos y sujetos. Aquellas aceras de miradas como la suya. Jéssica salió en contra de todos los pronósticos de aquella mañana.

Unos niños pequeños iban arrastrados por sus madres dejándose caer hacia detrás como si con ello pudieran detener lo irremediable. Sintió lástima, pero poca. No podía sucumbir a la primera imagen del día. Levantó la cabeza y cambió el suelo por los árboles. Los naranjos intentaban florecer cuando aún nadie les había liberado de toda su cosecha anterior. Intentos, intentos... ramas casi secas... , era el pensamiento de Jéssica. Así que agarró su agenda y miró al frente. A los ojos. A esos otros que también la miraban. ¿Quiénes serán? ¿Habrán perdido tanto pelo esta mañana? Ese tiene cara de no haber desayunado... y ella ha pasado mala noche. Ah, aquél de allí lo conozco de otros días y creo que lleva siempre la misma ropa. Claro, igual que yo, ¡qué remedio!

Así llegaba ella cada día a su interior. Sin propósito. Sin enmienda. En esos instantes ya no había sol o pasos que la pudieran afectar. En esos y en otros, caminaba programada hacia su entrevista. Y allí, robotizada, saludaba, decía lo que querían escuchar, volvía a saludar y salía con la esperanza semitransparente y una fecha pendiente de anotar para el veredicto. Nadie pudo decir nunca que Jéssica estuviera triste. Era como saberlo y callarlo. Algo superior al pesamiento se interponía entre lo que sabían los otros de ella y lo que se le podía decir.

  • La esperamos aquí a las ocho y media. Tráigase todos sus documentos para el contrato ¿Estará usted contenta, no?
  • Sí, sí... uhmmm, mucho, claro... Pero...
  • Sí, pregunte, pregunte... si tiene alguna duda estaremos encantados de aclararla...
  • Me preguntaba de cuánto tiempo es el contrato... porque...
  • Ah, eso... el contrato es de 6 meses y si todo va bien pasará usted a indefinida. En los tiempos que corren ha sido usted muy afortunada
  • Es que... creo que no puedo ser indefinida
  • Claro que sí mujer. Cualquier persona puedes ser contratada de forma indefinida
  • No, yo no.
  • Pero dígame... por qué. Y no se preocupe que cuando llegue el lunes vemos todo esto del papeleo con la gestoría
  • Pero le digo que yo no puedo se indefinida. Incluso creo que no puedo tener un contrato de seis meses
  • ¡Uhhhmm...! Quiere usted explicarse mejor, por favor.
  • Es que verá... cada mañana meto un manojo de pelos en una cajita que tengo de lentejuelas azules. No es que yo quiera arrancarme los cabellos, pero ellos se caen solos y prefiero guardarlos a tirarlos...
  • Pero, perdóneme Jéssica.. qué está usted diciéndome... Creo que no la entiendo bien
  • Pues eso, que ya esa cajita está muy llena y he tenido que buscar otra más grande... con unos dibujos orientales preciosos... y bueno, que...
  • Sigo sin entender...
  • Que creo que cuando esta segunda caja esté llena ya no tendré más pelos y entonces... entonces Moriré
  • Pero mujer... ¡qué está usted diciendo por el amor de dios...!
  • Que si usted me hace un contrato por seis meses puede que le fastidie un poco si me muero antes, pero creáme que no puedo controlarlo. Si me hubieran contratado antes...
  • Jéssica, permítame decirle que quizás está usted pasando por algún mal momento y necesite ayuda... ¿Está usted sola ahora?
  • ¿Cómo?... ah, sí, sí, estoy sola. Estoy sola. Ah, lo que quería decirle que siempre se me olvida... ¿Hace falta que lleve un currículo actualizado?
  • ¡¡Pero si la vamos a contratarrrr!! No, sólo hace falta que usted venga y hablemos aquí tranquilamente de todo, por favor. O busque a alguien que la acompañe al médico... No sé qué decirle, se lo juro...
  • Me gustaría saber si de verdad me van a contratar aunque siga perdiendo mi pelo... Sólo será un tiempo, ¿sabe? Quizás cuatro meses... o cinco... Es difícil que llegue a seis...
  • Por dios, mujer... Deje de decir eso y vaya al médico.
  • Pero ¿me contratarán?
  • Claro, claro... Ahora tengo que dejarle Jéssica. Debo entrar en una reunión. Hasta luego.
  • Sí, no hay problema. Me puedo comprar una peluca del color de mi pelo... Sí, eso haré. Hasta el lunes.
Hoy, al ponerse el colorete se imaginó como una trapecista y el corazón le latió tan fuerte que pudo verlo saltar frente al espejo.

Tardaron una semana en descubrirla. Ella estaba en el baño, maquillada. Las lentejuelas de su caja daban reflejos azules sobre su cuerpo. Los documentos para el contrato estaban desparramados por toda la estancia. En la fotocopia de su DNI y con el fucsia de su color de labios había escrito:

Me hubiera gustado ser Indefinida



1 comentario:

Ana María Espinosa dijo...

Muy bueno Carmen, me encantó. Me alegra tu regreso. Un abrazo.