lunes, 28 de enero de 2013

Seré el interior de tus vocales


Algo tan simple como el hueco que el espejo no completa. Ese trozo al que nunca llegará la comida en la cuchara. O aquél agujerito por donde salen los hilos de un jersey. Todos son abismos a los que no damos importancia.

Pero yo, que hoy los veo, quisiera hacer una lista de orificios o franjas por donde pasearme sin que haya propósito claro. De hecho, esos lugares sólo existen momentáneamente para la vida cotidiana y allí quiero colarme. Estar como por despecho utilizando aquello que es inadvertido por lo mínimo de su apariencia.

Algo tan desnudo como saltar hacia dentro en el salero; y salir… y entrar…, hasta que cada perforación sepa de mi simpatía por lo no perfecto. Algo tan sincero como pararme a pensar en el aire que baila entre las aberturas de una hoja rondada por gusanos.

Quiero hoy, contarle un cuento al calcetín del pordiosero y luego a su estómago: ambos completos de esos vacíos que de no color, que de sin voz, que de sin brillo o reflejos, nunca existen ni para el ojo ni para las fracciones.

¡Ay…! algo tan sencillo que de sospecha…

Por ejemplo decir: “Mañana dedicaré el día a recitar rendijas”

O preguntar por la calle: “¿Podré estar algún día un ratito en tu boca?” Después de mucho investigar, de lo que más encontré en las bocas, fue eso; brechas, aire, filtraciones para el mundo, o tamices.

Existen, yo sé que existen resquicios que mueren solos. Desde hoy no podré mirar el grueso de la materia, lo visible o el adorno. Mañana me querré mucho más desde mi contorno hacia afuera que al revés. Porque lo que no se ve, cuando aparece, es tan Gr()And()Eeeeeee


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