lunes, 12 de septiembre de 2016

Pan masa madre, centeno integral y muesli - Talleres Elaboración Pan Artesanal

Foto Carmen Valladolid - Pan masa madre, centeno integral y muesli


¡Ay, ese olor de acogimiento…!

“Come pan y bebe agua y vivirás vida larga” 
Refrán

Llevo años haciendo pan. Experimentado y consiguiendo recetas distintas, unas fáciles y otras más elaboradas. Es una pasión que no se puede dejar una vez se comienza. Y ahora me he decidido también a compartirlo con vosotros. No sólo por aquí, que iré poniendo recetas y trucos de vez en cuando, sino en forma de talleres a domicilio, cursos como regalos de cumpleaños para alguien especial e incluso talleres en mi casa  si el cupo se completa. Y no hay edades; serán para niños y también para adultos. 

Haré alguna degustación de Té y tostadas más adelante. Atentos por si os apetece. En breve os pondré toda la información. Por ahora os dejo con una pequeña historia.

Siempre quise hacer pan. Desde muy, muy pequeña. Y probé varias veces obteniendo una especie de ladrillo asesino que bien podría pasar por aduanas como algo comestible. Tendría que haberlo patentado, quién sabe. Oler, olía divino. La casa se impregnaba y hasta las vecinas por las azoteas concluían… “¡La niña está cocinando…eh!” Porque no sólo me atrevía con el pan, también con los bizcochos (este episodio es sumamente vergonzoso y lo relataré otro día) y con los guisos de siempre añadiendo mi toque personal. Digamos que la cocina salada me salió siempre de rechupete. Las masas eran otra cosa. Había algún misterio que se me resistía aún haciendo al pie de la letra la receta que me había recortado de alguna revista.

Pero nunca dejo a medias un propósito ni un sueño. Puedo tardar en llegar o por el camino haber cambiado algún matiz, pero que lo sigo, lo sigo ¡Y voilá!, después de tentativas,  parones y rumiar por libros y experimentos químicos, conseguí no sólo hacer pan, sino un pan artesano exquisito tanto al paladar como al olfato, y lo que es más importante en mi caso, alejado de la construcción (es decir,  había quedado en el pasado aquello de hacer armas con masa de pan) Y Feliz como niña con piruleta. Así estoy cada vez que me enharino las manos y el alma porque la casa me transporta a un abrazo cálido y nutritivo.

Ah…. Qué descubrimiento más placentero que la química que tanto me gustaba en el colegio me haya ayudado a entender el proceso de levar. Es como volar pero para el trigo. Si vierais la cara de niña entusiasmada que se me pone cuando hablo con los bichitos de la levadura que yo misma fabrico (se llama masa madre y os hablaré de ella en otro momento) Tengo largas conversaciones.
Nadie, ni chico ni grande ni enorme, puede resistirse a un trozo de masa entre las manos. Os lo aseguro. Es algo tan instintivo querer amasar y darle forma que si alguien prueba ya no querrá dejar de hacerlo.

¿Nunca habéis metido las manos en algún lebrillo de masa para dulces de vuestras abuelas? Pues eso. Os animo a probar. El pan además de un nutriente básico está tan vinculado a lo que somos de forma integral, que no debemos olvidar lo importante de estos rituales que no sólo nos ponen los pies en la tierra, sino que nos eleva el entusiasmo de poder alimentarnos con algo fabricado con nuestras manos. Y compartir esa ternura con los otros. Comer no debería será algo automático. Y se puede aprender a degustar y compartir.  

Si algún amigo o familiar de los que lo han probado quiere decir algo que hable ahora o calle para siempre, je je. 

La foto que os dejo es de algunos panes de centeno integral con muesli.

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