lunes, 19 de septiembre de 2016

Recetas de Coméstica Natural y Aromaterapia

No perder elasticidad; ni en el rostro ni en el alma ¿una meta?
 

Desde pequeña escuché que la piel de una de mis bisabuelas era tersa y clara, sin apenas arrugas gracias a que cada día se untaba aceite de oliva. Hace unos años estudié Aromaterapia y Quiromasaje (ya dije al abrir la página que son muchos mis intereses) y entendí entonces el por qué de aquella piel más allá de la genética.

Dentro de estos lunes dedicados a la salud, os iré dejando también recetas de cosmética natural siempre con aceites esenciales y sus propiedades. Y si hay alguien interesado en aprender o le interesa que imparta algún taller, estoy disponible. Os dejo la infografía con la receta y una pequeña reflexión sobre los abuelos. Porque tenerlos cerca también es salud.

Me encantaba que mis abuelas me hablaran de la suyas. Que mi madre me hable ahora la que fue su tía abuela y de todo lo que rodea siempre a esos seres de los que tan poco sabemos a veces. Cuando somos pequeños no nos damos cuenta de cuánto saben. O sí. Es como si siempre hubieran sido sólo eso, abuelos. Como si nunca hubieran amado o se hubieran sentido desengañados de la vida. Se nos hace casi imposible imaginarlos de niños. Son nuestros abuelos y nacieron con arrugas. Eso creemos.

En mi caso puedo decir que sí que pude disfrutar incluso de mi bisabuela. Ningún niño debería bajo ningún motivo, concepto o excusa quedarse sin ese abrazo y aprendizaje. Pero mucho me temo que las separaciones matrimoniales, las herencias y otra serie de conflictos de “adultos” están afectando a demasiados niños que se ven alejados de sus abuelos y de toda su familia por alguna de las partes; la maternal o la paternal. Qué más da.

El caso es que esos niños no escucharán por ejemplo las recetas naturales que yo escuché para montones de dolencias. O las mil formas de utilizar algunos materiales (tirar algo no era una opción; aprendí las segundas y terceras vidas de cada cacharro de mis antecesores) O aquél cuento a la luz de una vela donde un dedal caía bajo la cama, al agacharse para cogerlo se movía un poco más allá, te morías de miedo sabiendo que alguna fuerza sobrenatural lo movía y que tu abuela te iba a dar un susto de muerte... Pero no importaba porque lo esperabas como si fuese la tostada con aceite y azúcar de la tarde. Ese saber que todo lo que procedía de los abuelos era bueno; hasta las sustos y las espinacas. Aún conservo el olor a comino recién tostado y como los perros de Paulov, babeo.

Ojalá la razón se impusiera en las mentes estrechas y egoístas que dejan a sus niños privados de tanto amor. Olvidan siempre algo tan obvio: ninguna de esas criaturas pidieron nacer. Son ellos los que tienen derecho a tener a sus abuelos, tíos, familias…A ver si nos enteramos. A ver si los ombligos dejan de gobernarnos un día.

En fin, aprovechad la tarde, probad la mascarilla y mientras hace efecto, con música de fondo y pensando en un paseo de la mano de algún abuelo o abuela, pedid un buen deseo para cada niño que sufre lo que ahora llaman “alienación parental” Quizá la energía mueva algo. Quién sabe.

Gracias a todos siempre. Os dejo un video de una canción antigua pero cuya letra sigue siendo actual.

“Hay que vivir” Joan Baptista Humet:
https://www.youtube.com/watch?v=9d3fof6nkTI

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