lunes, 17 de noviembre de 2008

Textos de Eduardo Galeano

guerra de la calle, guerra del alma

Escribir, ¿tiene sentido? La pregunta me pesa en la mano. Se organizan aduanas de palabras, quemaderos de palabras, cementerios de palabras. Para que nos resignemos a vivir una vida que no es la nuestra, se nos obliga a aceptar como nuestra una memoria ajena. Realidad enmascarada, historia contada por los vencedores: quizás escribir no sea más que una tentativa de poner a salvo, en el tiempo de la infamia, las voces que darán testimonio de que aquí estuvimos y así fuimos. Un modo de guardar para los que no conocemos todavía, como quería Esquiu, “el nombre de cada cosa”. Quien no sabe de dónde viene, ¿cómo puede averiguar adónde va?

el diagnóstico y la terapéutica

El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos cualquiera nos reconoce.Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche, por los abrazos o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.
El amor se puede provocar dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir
No lo impide ni el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia, tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas . No hay decreto de gobierno que pueda con él , ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados infalibles brebajes con garantía y todo.








4 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente, ¿es necesario preguntarse acerca del sentido oculto, íntimo de escribir? habrá tantas motivaciones como manos tejedoras de letras. Tantas como ojos intérpretes de la cromática de la forma en movimiento que es cada vida... Supongo que después de todo, la respuesta será siempre múltiple y afirmativa, por aquello de esa tendencia innata a aturdir aves-señuelo, o a buscar la tercera zarpa al gato bípedo... hoy me siento, usted sabrá disculparme, harto bizantina en el asunto verbo, de ahí la perorota adjunta.

S.V.

Anónimo dijo...

Y por cierto... encantador bodegón el que nos regala... Aunque tenía entendido que para presentar semejantes manjares en la mesa, el protocolo indica claramente que la piel ha de ser rasurada y convenientemente adobada con esencias y aceites varios... ya me dirá...

S.V.

Madame Guignol dijo...

Querida Sinérgica...

La pregunta siempre es cuestionable a la vez que necesaria. Se encuentre o no respuesta, quién evita preguntarse...

Gracias por su bizantina visión. Así nos cuestionaremos algo más sobre este arte de la palabra escrita y sus mútiples usos.

Madame Guignol dijo...

Perdón por no indicar la receta completa. Es necesario, como bien indica nuestra amiga Sinérgica, aplicar algún aceite y aderezo.
Pero esto siempre se hace delante de los comensales y a petición.

Lo del rasurado es primordial, pero cada persona aplica su técnica.

No dude que será invitada al próximo festín.

Siempre un placer su punto de vista.

Un beso