viernes, 4 de septiembre de 2009

Concavidad



No mira nunca a los ojos. Pone el café, te dice el nombre y un “aquí tiene usted”, seco y con una distancia que te hace pensar si no es el eco de lo que dijo ayer o la semana pasada.

Lo que más impresiona del muchacho no es lo que hace sino todo lo contrario. Cuando camina por detrás de la barra recogiendo tazas, platos y los restos del desayuno, no hace ruido. Si te sonríe o habla, su rostro se queda quieto, sus músculos exactamente igual que antes del habla o la mueca.

Algunos dicen que han maltratado tanto a su madre en su presencia cuando apenas era un bebé, que aprendió el oficio del silencio como un orfebre.

Esta mañana le dije: “Buenos días, Modesto”, pedí lo de siempre y me di la vuelta. Y de nuevo me sorprendió de él lo ausente. Es decir, ya todos sabemos que no dirá nada y hemos asumido su particular “no hacer” lo esperado, pero sin embargo hoy nos ha roto los esquemas. Sin aviso previo nos ha confundido y hecho pensar en posibilidades extrañas. Como por ejemplo que no somos tan sutiles ni lo sabemos todo. Y que la sonrisa siempre es bella venga de donde venga. Sin duda cosas esenciales que a veces duermen demasiado tiempo.

Modesto dijo:

“Perdona Carmen… porque te llamas Carmen, ¿verdad? ¿Cómo te gustan las tostadas? ¿Puedo contarte un chiste…?” –

Mis compañeros se giraron como la noche, él se convirtió en infinito y yo aún ando riéndome, no tanto del chiste como de la vida y sus aspavientos

3 comentarios:

alberto jimenez dijo...

rico, rico, rico

muy bueno

me ha gustado

felicitaciones

alberto

Carlos Serra Ramos dijo...

Madame:

Exáctamente que lo ocurrido con una muchacha rusa que me sirve el café de a media tarde, encantadora de cuerpo y encantadora su cara. Cando sonríe se dulcifican sus facciones y es una preciosidad, pero dirigiéndose a mí jamás lo hizo hasta la tarde de ayer. A saber sus motivos, pero cuánto ganan en la estimación de las gentes solo con una sonrisa.

Por eso tu relato lo he leído con atención y aseguro que yo no lo hubiera podido expresar mejor.

Gracias por traerme esa imagen tan real en la vida cotidiana.

Un beso, amiga.

Carlos

Claudieta dijo...

YO TB RÍO MUCHO, A VECES.
ME ALEGRO QUE ESTÉS DE VUELTA.
UN BESO