miércoles, 25 de febrero de 2009

Es mi turno

El beso - Chagall

(A Manuel y a los bebés que sonríen en los ojos de los viejos)

Anidarme
en cada poste del camino
hacerme pluma
y cobijar el dibujo de la nieve

Regalarme
a los ojos de unos pájaros
deshacer a la mujer
y ala-r mi sustancia

Mesurarme
por las vertientes del destino
contar sin cortar la cuenta
y coser la intención del sueño

Con aliento llenarte
las cuevas---los pasos--o --lo que aún no sabes que serás

Florearnos a modo de cigüeñas

Ser audaz
porque unas alas no dan todo
ni el espacio es infinito
sólo tu boca lo es

Volveré sobre una fecha dando círculos azules
---------------------------de ese azul que nadie sabe
---------------------------dónde comienza o acaba
---------------------------su intención de hacerse verde

Vivirme
como un acantilado
y atesorar las corrientes que me trajeron tu voz

martes, 24 de febrero de 2009

A los sueños del agua…

Se fue con su pelo
esquivando la noche
y dentro del mar la vi

De columpios sus piernas
que sentí mías

Como si el agua no mojara
la niña circula
sobre sonrisas y otros timbres
que la hacen hipotética

Me sumerjo en la arena
que cimbrea con su pelo
y convierte en caracola
cada sílaba de brisa

Y unos pies que sobresalen
deseosos de la tierra
son como las velas
mudadas a pestañas

De su boca - horizonte

van

c
a
y
e
n
d
o----------arrecifes


Te hallas en líquido sustento.
Lo supe por el ocaso
que anidaba tu pupila
en el ángulo mismo de tu nombre
------------------------------------------allí
donde la C no se vocea

Te sueño y me alcanzo
a pesar de que mi pelo
no conozca aún
------------------el don de hacerse Mar

jueves, 19 de febrero de 2009

YOSOY-SOYYO

(aún quedan lugares que nunca serán comunes)


La Dicha.
Algo que escapa. O llega. No hay quién sepa dónde nace o por qué se vuelve transparente en las manos de los viejos.
Me miré hoy en la niebla cansada de reproducir lo que intuyo en cada espejo. Ya no me valen ellos, los que creen que me engañan. Esos que devuelven la imagen de una mujer. Quizás no sepan que soy niña. Que hoy la dicha llega para recordarme cuánto de niña soy. Casi toda niña.

Así, en la niebla, reproduzco mi calidez. Y en la bruma encontré mis cromos. El umbral que daba al patio. Los recortes con los que componía el universo donde iba a esperarte. Me supe pequeña. Más bien minúscula. Lo que navega dentro de la neblina siempre es el tiempo. Y por ello escapa ¿Quién robó mis años…?

Dentro, la Dicha, pregunta por mí. Entre ese algodón que nos come mientras caminamos, da salto la duda. Yo quiero saber. Ella, la que desde hoy es mía, mi Dicha, tiene urgencia por atesorar un tiempo que alguien devoró.

¿Quién robó mis años…? – pregunta de nuevo.

Atestiguo la verdad. Aquí, entre paredes donde el mundo no es, puedo ser lo que desee. Pararme y esperar al niño que eres. Ese que un día perdió el tiempo y ahora se siente disipado en los mismos espejos que esta mujer. Porque mi Dicha me dijo que casi todo el día tú eres niño también. Dentro y fuera de la bruma. Pura esencia de niño antes del sufrir.

Y lo sé. Lo sabe la mujer y la niña. La que está creciendo y la que paró allí, en su patio lleno de constelaciones. Existe la calima que confunde el norte con el sur. Por eso, quizás, no nos llueven los mismos organismos. Nos aconsejan mirarnos las manos ¿Estarán los años allí?

Si alejamos del cuerpo los brazos, sólo hacia el tiempo se encaminan. Nada importa confundir los tuyos de hombre con los míos de niña. O al revés. Y si conseguimos ser cuatro brazos pequeños, me dijo la Dicha, que posiblemente, hayamos recuperado esos años crápulas.

¿Quién robó tanto…? – chillas al viento.

Hay pruebas. Culpas o castigos. Huellas en los lagos que muestran lo que hoy no sentimos ser. Para nada valen aquí.

La Dicha se ha convertido a otra religión. Ya no cree en el tiempo ni en la nostalgia. Ha tirado los lastres porque quiere aprender a volar como los gorriones que son iguales aquí que allá. Dentro y fuera de la nebulosa.

Un rayo de sol calienta mi pierna. La pierna de la niña porque la pierna de mujer ni sabe que le queda poco para convertirse. Y entonces te veo. Todo lo niño que eres, convertido en luz que entra por la ventana.

Tu Dicha consiguió liberarte del cuerpo y de la duda. Has conseguido ser vapor de agua. Y yo estoy dentro hace rato, para beberte.
Nuestra Dicha, cambia todo, lo deja todo, por dedicarnos a los dos un solo segundo.

Nadie sabe cómo llega ni que color tendrá al irse.
La Dicha.
La que nace verde a los pies de los niños.


Para escuchar en dos Versiones. Gracias a la colaboración de Beto. http://baladasmp3.blogspot.com/

Masculino:



Femenino:

miércoles, 18 de febrero de 2009

IV CERTAMEN RUMAYQUIYA - Asociación Artístico-literaria Itimad

El pasado 14 de Febrero se entregaron los premios del IV Certamen de Poemas y Cartas de Amor Rumayquiya y fue acompañado del recital que con motivo del día de los Enamorados viene celebrando la Asociación Artístico Literaria en su sexta edición.

Tuve el privilegio de quedar Finalista en este premio en la modalidad de Carta con mi trabajo titulado "Estructuras" y que os dejo debajo de esta noticia para que podáis disfrutarla.

Aún no están disponibles la imagen del libro ni las fotos del acto para subirlas al blog. Os dejo en enlace a la página de Itimad, donde sí podéis adquirir el libro así como las revistas que trimestralmente editamos o cualquiera de sus otras publicaciones: www.itimad.org.
Os comento que un querido amigo me regaló un audio con mi carta grabada. Como su voz es prodigiosa, espero aprender pronto a subir audios a mi blog y que podáis disfrutar de la carta también de esta manera. Si él me da permiso, claro.
En el año 2005 fui la ganadora del Certámen en esta misma modalidad con la Carta titulada "Puffi" y que subiré esta semana al blog.

Un abrazo a todos y os dejo aquí con mis...

Estructuras

Les sons et les parfums tournent dans l´air du soir.
(Los sonidos y los perfumes giran en el aire de la tarde)


Mi amor, ¿recuerdas que antes me gustaba comenzar mis cartas con una frase en otro idioma? Esta manía mía de hacerme la “interesante”; o puede que lo haga para sentirme menos sola. Tenerte tan cerca y tan lejos a la vez es como saberse cristal. Al pronunciar las palabras extranjeras, mientras te las dedico, me siento como poseída por dos mundos. Uno que lee literalmente y otro que traduce. A la vez pienso en tu cara, tus bellos ojos que no entienden más que un idioma. Si vieras cuántas veces he intentado sugerirte que aprendas el mío. Mi idioma, sí. Pero tú no sabes de cuál te hablo, ¿verdad?


Es un idioma sin palabras. Uno donde cabe tu pasado a puerta cerrada. Donde el mío fue dejando sitio y te esperó. Ayer me propuse escribirte la verdad. Y ahora doy vueltas sin poder encontrar esa palabra trampolín que me libere de esta sombra. Veré qué puedo hacer, querido.


Verás… ya no soy la mujer que conoces. Antes sí. Antes era tu amante, tu amiga, tu todo. Casi un santuario, era. Ya no. En este tiempo de conocerte he ido olvidándome de quién soy. Al principio sólo fueron cachitos dejados aquí y allá que recogía y volvía a añadirme. En pocos días, dejaba alguno suelto encima de la cama o entre los pelos del lavabo. Para cuando en la noche quería ser una persona completa, ya no podía. Y claro, era chocante saber que faltaban trozos pero no tener ninguna intención ni voluntad para ir a buscarlos. Es más, alguna vez que lo intenté me vine a la cama incompleta y desanimada. Tú no lo notaste nunca, amor. Me esforcé tanto por parecer. Guardé la forma tapando aquí y allá lo que perdía. Te reflejaste en mí sin problemas. Y se ve que supe hacerlo. Aún hoy, estoy segura, de que si alguien te pregunta, dirías que soy yo, tu amor de siempre. Tu mujer sauce. Así me nombrabas en tus cartas.


Hubo un día que perdí algo de mi rostro. Se fueron las señales que antes se me marcaban al sonreír. Y no sé adónde. Miré incluso en el umbral de la calle. Y nada. Esa noche, lo recuerdo bien, procuré acostarme cuando tú dormías. Tenía tanto miedo de que notaras la diferencia de mi boca. Y no es que nos besáramos mucho en este período, pero siempre nos dábamos ese beso tácito de buenas noches y con la cercanía podrías haberte dado cuenta. Lo pasé mal. Para cuando llegaron los “Buenos días, cariño…” ya yo había encontrado cómo tapar las huellas. Unos mechones sueltos, despeinados y la pose de estar medio dormida. Todo escaparate. Nos fuimos ambos satisfechos. Al menos tú. Que no sabías de mis cambios.


Lo peor fue darme cuenta de que había perdido algo en el estómago. O más bien que había sido sustituido por otra cosa. Mira, amor… desde que vivimos juntos, desde el primer día, cuando se acercaba la hora de vernos, de reencontrarnos después del trabajo, yo notaba que mi pulso se situaba en el estómago. Algo me anunciaba tu llegada. Y me sentía angustiada y feliz a un tiempo. Y una tarde, se fue. Lo perdí. Llegaste y no palpité. Ni antes de llegar tampoco. Supe que el reloj era difunto. Ese día sí notaste algo, pero te dije que me dolía un poco la espalda y asentiste; lo diste por bueno. El agujero estaba tapado por mi mano. Nunca hablamos de qué notaste, pero no hizo falta. Al día siguiente, ese pulso se había convertido en incertidumbre. Ningún tic-tac. Desde ese momento, cuando se acerca la hora de compartir los espacios, me aprieto y procuro que no salga a la luz todos los saltos que algo inexplicable está dando en mi interior. Soy como un centrifugado que ruge y se contiene.


No pensaba dejarte esta carta en el frigorífico, mi vida. Luego lo pensé mejor y vi que el lugar era el más propicio. Incluso los cadáveres se meten en neveras. Hay que evitar el mal olor. Y justo aquí, al lado de la cocina, es donde perdí lo último que noté en falta.


No busco tu perdón a este abandono. Hace tiempo que estuve yéndome en fuga. Como una melodía bien compuesta. Han sido acordes no aptos para tus oídos. Tu cuerpo como siempre, ajeno al jardín. Yo era la tierra, amor. Nunca el árbol aquél llorón con el que me comparabas. Sólo tierra que necesitó de ti, renovación. He muerto perdiendo trozos de mujer.


No. Ya no soy la mujer que ves. Soy tu invento.


Lo que me ha pasado hoy, amor, y por eso tomo este camino sin prisas, es que recordé mi auténtico nombre y me fueron llegando claridades. Sé que no estarás de acuerdo. Tú ya no eres el hombre que veo. Te has ido trazando conforme a mi transformación. O yo a la tuya, qué más da. Si aún sentimos que somos el reflejo del otro es sólo porque a ninguno de los dos nos cuesta imaginar. Irónico descubrimiento, ¿no te parece? En el fin, nos vuelve a unir la fantasía. Pero no creo que sea suficiente para ninguno de los dos.


PD: J'ai laissé la lettre à l'intérieur. L'aimant où nous nous avons laissé tant de messages s'est suicidé ce matin. Personne n'a eu la faute. Je te laisse ici mon dernier baiser.

PD: He dejado la carta dentro. El imán donde nos hemos dejado tantos mensajes se ha suicidado esta mañana. Nadie tuvo la culpa. Te dejo aquí mi último beso.

martes, 17 de febrero de 2009

odotolratnevnier

www.jlnavarropintor.com




se buscaron las costillas
las cosquillas
los ángulos
y los pliegues olvidados por el sol

hicieron cuencos
donde vaciarse de jugos
flujos
vaivenes
y litros de elementos

se contaron las pecas
los agujeritos de la piel
cojeras
imperfecciones
con sumo cuidado
sumando y siempre sumando
con matemática atención

compusieron nombres
para el bautismo del cuerpo
que dieran forma obelis-cada
a la crecida de tanto sulfuro

en la memoria se fundieron
soñando islas de abejas
y añadieron su dulzura
sabiéndose quizás
dueños del tiempo
allí

se hicieron nudos con las letras
y el amor fue
desde la “a” hasta la “r”
para volver de la “r” a la “a”
como hormiguitas por el vientre
que lo mismo decían Roma que Amor
haciéndoles
a ellos
el mismo efecto cloroformo

se culminaron con la mente
a la espera de los pálpitos
espalda contra pecho
y rozaron la utopía
en esta forma de amarse
de izquierda hasta derecha
de lado
boca-abajo
arriba
de pie
o de costado
y apenas con la idea
se abatieron en susurros
las almas
----------fábricas de dicha
-------------------------tridimensional-es

lunes, 9 de febrero de 2009

Se nos va la Carmen

Cantigas de Amigo
II- AI FLORES, AI FLORES DO VERDE PINO - Don Denis
Antonio García Patiño
El paisano, llamado vulgarmente “Miguelillo”, había descubierto aquél día un tono nuevo de verde. Lo llamó “Verde-Pino de Doñana”. Él ya sabía que se le echaría encima toda la comunidad de pintores e incluso los que dirigen el parque. Unos porque discutirían sin parar que el verde-pino ya existía y que no era ningún descubrimiento y otros porque querrían sacar partido a la patente o al registro del nombre.

Miguelillo, el paisano, sabía todo esto y por ello sólo lo comunicó a su amiga Carmela, “la paisana”.

Carmela tenía entre manos una novela juvenil y otra de adultos. Y cuando digo que tenía entre manos, me refiero a que a veces las sopesaba sin leerlas, sólo intentaba calcular su peso. Unos días le pesaba más la juvenil y se decidía por avanzar entonces en la de adultos. Y los domingos, ya se había dado cuenta de que justo le pasaba al revés.

La paisana, Carmela, le envió a su amigo Miguelillo un correo con una duda:

“Querido paisano:

¿Cree usted que tanto árbol muerto se podrá justificar alguna vez con tanta novela escrita?
Sigo escribiendo mentalmente para ahorrar sufrimiento a los árboles hasta la llegada de su respuesta. Estoy segura de que me ayudará en este conflicto.
Un abrazo, su amiga, Carmela.”

Resulta extraño que en el mismo instante dos personas se puedan estar escribiendo sobre un mismo tema y que al darle al botón de enviar, ambos reciban un correo de forma simultánea, pero sucedió. Entre la paisana y el paisano, pasaban a veces cosas de esta índole. Y reían pensando que era cosa de la tierra.

Miguelillo había escrito:

“Querida Carmela:

El Mundo no debe desperdiciarte entre DIN A-4 talados. La Vida necesita que colorees en verde-pino de Doñana, todos los DIN A-4 que tu dedo y tu ojo te dejen con comodidad y disfrute. Que te lea todo el Mundo.
Un abrazo, el paisano.”

La paisana se miró las manos. Miró ese dedo sólo al que se refería su amigo. El dedo con el que pasaba las páginas. Luego vio el reflejo de su ojo en el cristal de la ventana. Brillaba más que el otro. Y era lógico. Desde hacía años por un accidente, Carmela tenía un dedo ortopédico y un ojo de cristal. Algo que daba un cierto toque grotesco a su aspecto pero que le confería según su amigo Miguelillo, “el glamour que necesita una escritora en estos tiempos tan poco originales”

Esa noche, la novela juvenil quedó concluida.


Su título: VER-DIN-A(4).

Como no podía dormir, la paisana se decidió por enviar la novela a dos concursos por Internet y una editorial. También a su amigo. Se acostó de madrugada soñando con un país desconocido al que ella llegaba y donde se escribía directamente en los árboles. Las letras subían por el tronco y brotaban las palabras en las ramas. Los frutos salían en forma de poemas, caligramas o pastas para novelas. En las semillas caídas al suelo, salían las páginas numeradas para que al recolectarlas, se pudieran montar los libros. La sacudió el sonido del teléfono.

------- Diiigaaaaa
------- Buenos días, ¿es usted Carmela “Verde- Pino”?
------- Si, sí… ¿quién es…? - dijo, sin recordar del todo que la noche antes había optado por ese seudónimo en homenaje a su amigo.
------- Soy Romualdo, de la compañía “Las Editoriales Despiertas” ¿Podríamos encontrarnos para charlar sobre su novela esta tarde? Estamos interesados en publicarla.
------- ¿Cómo dice…? Si la terminé ayer… ¿Cómo sabe usted que la tengo escrita? -
Esto debe ser una broma de algún amigo, pensó, sin recordar que ella misma la había enviado.

Romualdo apareció en la puerta. La ya para entonces Carmela “Verde-Pino”, lo escuchó atenta sin abrir la boca. El director de Las Editoriales Despiertas le ofrecía lo siguiente:
1.- Publicación y merchandising completo así como distribución
2.- El 20% de los derechos
3.- El rodaje de una película y una obra de teatro. La posibilidad de un musical.
4.- Contrato para el próximo libro con adelanto del 50% de las ventas estimadas.

Miguelillo abrió aquella mañana el correo y vio en el nombre de su amiga.

"Asunto: Se nos fue la Carmen

Querido paisano:

Este será mi último correo como Carmela, la paisana. Desde hoy soy Carmela Verde-Pino gracias a tu aportación y ánimos. Mi novela juvenil será publicada y apenas fue terminada ayer noche. Así es la vida de rápida en estos tiempos. He firmado esta mañana un contrato que me parece irresistible y que te adjunto. Como verás, tengo que irme. Para que mi novela sea un éxito primero tengo que pasar por una serie de transformaciones que ellos me harán de forma gratuita. Cuando acaben con este proceso seré una escritora de fama internacional y con otro aspecto según me dicen. Todo tardará aproximadamente un año y me aconsejan que corte los lazos que me unen a todo lo conocido hasta la fecha. Por eso te escribo, querido amigo. Espero que comprendas que por fin llegó el día de mi lanzamiento y que total, un cambio más o menos no es nada sin con ello consigo por fin compartir lo que soy… o bueno... lo que era cuando escribí… porque dentro de un año, ya seré otra cosa…

Pero no te apures, seguiré siendo tu amiga siempre. Y he conseguido una cláusula especial para que me dejen conservar mi dedo ortopédico. El ojo no. Ese parece que lo perderé, aunque no me han dicho qué me pondrán en el hueco. Quién sabe si una cámara… con lo adelantados que los vi...

Miguelillo, querido amigo, no te vayas del pueblo. Tú no. Que ya ves qué cosas pasan en la ciudad en cuanto te decides a poner color a tu vida. Seré una Carmen Verde-Pino renovada y estaré quizás un poquito más sola que ahora que te tengo a


ti. Pero un día dijiste “Dios está siempre en los Pueblos, pronto lo sabrán las editoriales…”, así que no me extraña nada que un día seas tú el que reciba una visita de “ellos” ofreciéndote un sitio en este paraíso donde todo es posible y aunque diferentes, volvamos a ser amigos y paisanos.

Un abrazo de esta amiga que ya se fue"


Nota: las frases subrayadas pertenecen de verdad a un amigo que me las envió por mail. No son de mi autoría. Se llama Miguel Ángel y es paisano mío de verdad. Verdad de la buena. He rendido un homenaje a su persona, ya que su mail me sacó la sonrisa en color verde-pino, en un día que estaba casi gris. Gracias Miguel Ángel.

viernes, 6 de febrero de 2009

Don Papeles... Así queda el exterior del libro

Aquí tengo el adelanto de la cubierta del libro. Así queda... así lo vereís en las librerías o en vuestras manos si venís a la presentación que casi seguro se hará por abril. Qué mejor que la primavera para mostra al mundo tantos colores y tanta vida. Los colores los pone Paula Elissamburu, http://elissambura.blogspot.com/2009/02/don-papeles-y-estas-son-las-tapas.html, que fue como una impresora conectada a mi cerebro y pudo ver en mi texto, todo lo que yo vi cuando escribía.

La vida que muestran los dibujos y la que reparte esta niña cuyo nombre queda oculto por ahora, ya que hay que leer el cuento para saberlo. Y si alguno lo sabe... que calle... o no se llevará comisión.

Ella en su blog, ha puesto algo así como que en este trabajo hemos "dado ok de todos lados" y es así... Dos o más personas no han estado más de acuerdo en el mundo, jaja.

A mí me encantaron sus ilustraciones, a ella mi texto, al editor ambas cosas... a nosotras su portada, a ustedes, a muchos, lo poco que os he mostrado. Y a los más íntimos que leyeron el cuento y vieron casi todo... dijeron algo así como que les parecía un cuento "redondo"

Y ahora en serio, la presentación de este "don papeles" la pondremos en marcha desde la Asociación Entenguerengue, y los Cuenta-cuentos serán esta "Madame Guignol" y "Monsieur Titeruox".

Os iremos avisando muchas veces y con antelación para que no me falten. Nos salga bien o mal, seguro nos divertiremos y es tanto nuestro entusiasmo, que contar con el calor de los amigos, nos hará felices y solventarán cualquier inconveniente que pudiera surgir en esta madame casi principiante en el mundo de la Farándula.

Bienvenidos a mi mundo, y visiten el mundo de Paula, es de lo más nutritivo.



Dialectivos: Inocencia - Texto de Sebastián Barrasa

Inocencia

jueves, 5 de febrero de 2009

(DES) A-PAR-ECE


Se nos va la red.

A cada paso se nos va algo en esta oficina. A veces nos damos cuenta de que incluso la cabeza se pierde pasillo abajo. Quieres mirar a algún compañero para echarle un mal de ojo y nada…, resulta evidente que el ojo se fue, perdido quizás entre tanta ida y venida de palabras estúpidas, a pasear entre cables que no emiten bytes sino pensamientos informáticos. Son conocidos los deseos de los ojos por los pensamientos cableados. Irresistibles para ellos. Y yo lo entiendo. Claro.

Hoy por ejemplo se nos va y vuelve la luz. Quiero decir la electricidad. Y con ella los impulsos. Andamos todos como postes cuyos tendidos eléctricos fueron fulminados. Tristes sin nuestros constantes calambres voltaicos. No tiene sentido tocar a nadie en estos días de oficina-sonámbula. Las manos quieren apretar algún cuello, eso sí. Los deseos no desaparecen tan fácilmente como lo hacen otras cosas en los despachos.

Aquí incluso desaparecen los dólares. Y no deja de ser curioso darte cuenta de que no está algo que nunca viste. Ayer era pura virtualidad pero a todos los efectos, tenías por ejemplo, 90.000 dólares. Y hoy, que sigues sin verlo, tienes que asumir que están perdidos entre ida y vuelta de algún mail o alguna mala conexión, sólo porque un programa virtual no recoge ese mismo número que ayer veías casi palpitar. Y se asume, sí. Sin propósito y sin enmienda. Sólo ese… “Nada por aquí… nada por allá…tatachán…” Y donde apenas había un número solitario en verde, aparece una cantidad enorme en rojo corazón. Vive, late… se nos rebela y nos grita. Todos a buscar lo inexistente. Bueno, todos no. Sólo yo. Tengo la increíble capacidad (por llamarlo de alguna forma) de buscar lo invisible. Es un defecto como otro cualquiera al que no tardaré en sacarle partido. Pienso hacerme autónoma y montar mi propio negocio. Si soy capaz de encontrar dólares que nunca tuve, la empresa tiene toda la pinta de resultar rentable, ¿no creen?

Acabo de ver cómo se están marchando los dedos de mis pies hacia las escaleras. Intuyen que al no funcionar el ascensor, es mejor ir cogiendo sitio en las escaleras. Son diez plantas las que tienen que bajar. Sólo necesito que estén esperándome abajo, ya que no me sentiré completa al llegar a casa. No debe ser agradable quitarte los calcetines y mirarte los pies tan solitarios. Les dije, pero la verdad, no estoy convencida del todo de que puedan oír o entender. De tanto trabajar aquí, mis dedos ha tomado la costumbre de asentir sin haber oído. Vamos, como dando la razón para que me calle.

Se nos van incluso las plantas. No hay nutrientes. Ninguna planta sobrevive a mundo sin bichos. Esto es una selva aséptica. Sólo árboles convertidos en DIN-A4. Qué poco sabía la semilla de tamaños o texturas de folios. El otro día un helecho se tiró por la ventana. Dejó antes como un reguero de hojitas punteadas de negro. La pista para que buscáramos el cadáver. Yo imagino que debió hacerlo cuando divisó a lo lejos a un ejército de material de oficina escapando como podía del asedio de los departamentos. No vio salida. Era lo único vivo en toda la planta 10, una vez muerto incluso el correo electrónico. Y quién quiere vivir tan sólo…

Se nos va la red, sí. Y para cuando llegue, renovada y luciendo su mejor brillo en la pantalla, es posible que en las mesas sólo queden bolígrafos gastados y algún quitagrapas despistado, que entretenido en morder a algún dossier no tomó conciencia de que la empresa estaba siendo desalojada o deshojada como una auténtica margarita.

Los estantes no caben por la puerta. La luz ha vuelto. La red también.
De mí sólo queda un dedo y un ojo. Lo suficiente para dar cuenta de este suceso.

Mi abuela decía: “No te preocupes, hija, que todo lo que entra, sale”.

Y yo, que soy tan poco en este instante, salgo igual que entré en este relato y en esta oficina.

Se nos va la red.

lunes, 2 de febrero de 2009

I+I+D


¿Qué tendrá el arco iris para dejarnos los ojos tan abiertos?

Los ojos abiertos y los pies levantados.

¿Quién no ha soñado con llevarse un trocito a casa y escondido en la habitación pasear por sus calles...?

Un día pensé que si lo apretaba y lo exprimía me haría rica vendiendo zumo de arco iris. Siete zumos diferentes. Y luego uno de mixtura. Toda una empresa. Porque además nadie hasta ese día había pensado algo parecido.

Claro está que yo sólo tenía 6 años y muy poco apoyo familiar para semejante negocio.

Nota: Cruzalink con texto de Sebastián Barrasa "inocencia"

Dialectivos: Inocencia - Texto de Sebastián Barrasa