miércoles, 24 de diciembre de 2008

Mi regalo de Navidad

Hay compras... y compras...



¡Ay qué angustia tengo…! Se me echa el tiempo encima.

Tengo hasta marzo. Justo hasta el 19 de marzo para presentarme a una especie de Licitación donde lo que me llevaré a casa será un Transbordador Aéreo.

No es problema el papeleo que requiere tal solicitud. No, no es eso lo que me preocupa. Lo que de verdad me angustia es si ofertar para el Transbordador llamado Endeavour, para el Atlantis o quizás para el más conocido de todos, el Discovery.

Y es que no consigo aclararme sobre todo porque cuando he llamado esta mañana a la NASA para hacer las preguntas de rigor, un chico, muy americano por cierto, en un inglés “carrasperoso”, me ha comentado que aún les quedan a los tres transbordadores unos ocho viajes más. Claro, esto lo cambia todo. Porque entre ir y venir puede que al final el que yo quiera quedarme haya sufrido desperfectos y ya no me guste tanto.

Tengo también dudas sobre si quedarme o no con un motor “criogénico” que para algo servirá, digo yo... ¿no? Y ya que me pongo a comprar, no voy a preparar tanta documentación y tanto lío sólo para un trasbordador de 37 metros de largo por 23 de envergadura. Quien dice 42 millones de dólares por una navecita, dice algo más y se hace con un motorcito de esos que lo mismo se puede usar para hacer palomitas o quién sabe si para hacerme la cera…

Aunque estén pensando que es muy caro y que en momentos de crisis uno no debe gastarse estas sumas en cosas superfluas, les diré que están de oferta. Si no, cómo iba yo a planteármelo siquiera. Cada nave está valorada en mil millones de dólares… como verán la rebaja es cuantiosa y resistirse es complicado.

Ya veré dónde lo pongo. En mi salón no quedaría mal, arriba de la estantería, o justo al lado de la repisa de las plantas… quiero decir el motor… porque la nave... bueno... con la nave tengo otros proyectos.

Tengo un amigo a quien me gustaría ir a recoger montada en mi transbordador. Aparecer de repente, con mi nave recién ilustrada, convertida en biblioteca, teatro y un lugar donde la fantasía se pueda desarrollar sin límites. Abrir la puerta, bajar las escaleras con todo el glamour, ofrecerle mi mano y mirar su cara atónita.

Ah… por cierto… en mi transbordador irá dibujado “koky” comiendo uvas con queso y es probable que sea mi nave para entonces una especie de flautista de Hamelin. ¿Qué ratoncita se resistirá a venirse detrás de koky?

Tengo un problema en el que quizás ustedes puedan ayudarme, por eso les escribo. Necesito ser americana para poder optar a tener una nave. Y claro… he pensado en el soborno. Pagar a un americano para que presente en mi lugar la oferta. Sé que estas cosas se hacen y en mi caso es por una buena causa. Tardará mucho en que la NASA vuelva a ofertar naves así como así…

Si están pensando que mi nave puede estar contaminada de sustancias tóxicas o de polvo cósmico… y que pudiera ser perjudicial para la salud o dar malas vibraciones… os puedo asegurar que no es así. El chico americano de voz quebrada, me dijo en inglés clarito, clarito, que me la entregarían limpia de sustancias nocivas y que me la tendrían guardada en el Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral en Florida hasta que yo buenamente pueda ir a por ella.

En fin, espero que me ayuden en esta cuestión antes de que se me eche el tiempo encima. No puedo perder esta oportunidad. Desde pequeña quise ir al espacio y como mi padre es un manitas, no pierdo la esperanza que aprentando un tornillo aquí, una tuerca allá y algún que otro remache… mi nave se eleve al espacio exterior y consiga comprender un poco de ese funcionamiento del Universo viéndolo “in situ” y tomando notas.

Parece que para el 2014 comenzaremos a colonizar la luna y es probable que también comencemos por ir y venir a Marte para tantear el terreno de las casas adosadas.

Tener un transbordador para entonces, será fantástico y si ustedes me ayudan ahora, prometo dejarlos viajar gratis de vez en cuando.

¿Cómo lo ven?

jueves, 18 de diciembre de 2008

pec - a - 2



me diste siete besos
o mordiscos

en esta mañana
la niebla me malgasta
y circulo inadvertida

anidan contornos
de lo que no pasó
en la costilla izquierda

por mi seno va tu boca
de esa forma suave
que no fue contigo

se sube el color
de cada beso olvidado
y reclaman osadía
para seguir besando
lejos de las fronteras

los veo medio torpes
mientras me borro
del espejo de tu mano

hacia la contradicción
dirigen la plegaria

a la derecha
el norte
confeccionado con huecos del silencio

a la izquierda
- además de mi costilla -
el sur
donde tejo membranas para mimos

ahora sé
que soy capaz de volarme
la tapa de los sesos
y también
abrir mi sexo en canal
para el amor
hecho de pájaros azules

miércoles, 17 de diciembre de 2008

CON-o-SIN-RED


¡Se hacen equilibrios!

Con los pensamientos, las razones y todos los objetos que puedan imaginar. Pongan una idea sobre la manivela, depositen confianza por la ranura y denme un tiempo para girarla. En un “plis plas” la idea será equilibrista y vosotros unos auténticos tramoyistas de la vida.

¡Se puede incluso hacer saltar por el aire alguna que otra pena! Y para esta ocasión quietaremos la red. La pena sabe cómo sobrevivir al vacío.

Y si se deciden por traer las esperanzas, que giran por sí solas, puedo ayudarles a que se acostumbren a caminar por el alambre sin perder pie. ¡Cosa nunca vista…!

¡Se hacen equilibrios y cabriolas!

Si usted tiene cierta expectativa no tiene más que traerla a mi caja cirquense y en menos de dos parpadeos se la puedo hacer desaparecer de tan rápido como la haré girar. Tendrá la sensación, primero de que se multiplica y luego de que es sólo una nebulosa. Se la puedo dejar en el estado que más le convenga.

¡Se hacen otoños con los veranos en sólo dos vueltas y media!

Si me depositan el calor arriba y pagan con un poco de nostalgia, en un cuarto de giro comenzarán a caer las hojas.

O también puedo conseguirles primaveras con un invierno maltrecho. Para ello sólo tendrá que traer un saquito de desamor y un recuerdo bello. Esta caja sabe cómo hilar hasta tejer las margaritas y usted se irá contento y oliendo a flores recién nacidas.

Lo que no garantizamos es la duración de los efectos. Eso depende en su totalidad de otra cosa que no puedo hacer girar en mi utensilio. Está en manos del miedo. A más menos miedo, más estabilidad de la ilusión.

Y temo decepcionarles, pero la única vez que quise hacer malabares con el miedo, la caja comenzó a descomponerse y chirriar sin conseguir cambiarle su esencia.

No puedo arriesgarme, entiéndanlo. Esta delicatessen es mi sustento. Así es como me gano la vida. Pero se hacen equilibrios con todo lo demás que se os ocurra.

Incluso con la falta de apetito. Si usted me trae su desgana, se irá hambriento de todo cuanto exista. Una desgana, nada más se posa sobre esta maravilla, comienza a coger color y parece un panecillo recién horneado. ¡Cuidado con esto!, porque una vez despertado el apetito es complicado pararlo por un tiempo largo

¿Ven a ese hombre con pinta de payaso apoyado en una mano?
Sólo existe porque lo nombro.
En cuanto pare el eje, pasará a ser un trocito de recuerdo parecido a una nube. Soplar y listo. La caja quedará preparada para ustedes.

¡Vengan! ¡Se hacen equilibrios desde este mismo instante!
Equilibrios y otras cosas por el estilo.

martes, 16 de diciembre de 2008

MOCOS, S.A.



Vi tu cara blanca
antes de comprender
que hay termómetros
flagrantes

uno en mi coche
otro
en el tótem de la acera

dos medidas de tiempo
dos temperaturas
y luego la de tu rostro
que marcaba cero grados

me vendías el hielo
con forma de paquete
a tan bajo precio
como las ofertas de conciencia

más allá de tu espalda
escuché
estómagos sin caminos
y soledades como dientes

no quise el género
para no robarte peripecias
en tu fluir hacia el desayuno
y me pediste la palabra
a cambio de mi reembolso

“¿Podría usted hablar conmigo un día?”

comprendí tu Hambre de voz
en el reflejo de mi angustia
y me dio pánico ese instante
porque la lucidez se me queda a vivir
demasiado a menudo

tuve familia en las afueras
gente morena en países blancos
o verdes
inmigrantes con retorno
y genes que pretendo no olvidar

Dije “Sí, otro día…”

detrás
vino el blanco de tu boca
para apaciguarme
como si yo fuese negra india o transparente

somos provechosos
que instalamos nuestras casas
en parapetos que creemos universo
y nos dedicamos al olvido
con el mismo afán
con que restamos la ternura
a todo lo que nos compra

Eres negro, sí.
Pero no menos que mi sangre
ni la rabia
o mi solicitud de voces a otros seres
en días donde el hielo
también a mí
se me aloja en las manos

Hablar hasta el contagio
que la ternura erupcione
llenándonos la lengua
con pequeños trozos para dar

Parecemos floreros

Debajo
el agua comienza
su
d
e
s
c
o
m
p
o
s
i
c
i
ó
n

viernes, 5 de diciembre de 2008

Desenton-ando

Foto: Roberto Martínez
Porque quise a las vías
sin saber de su hierro
ni de dádivas-árbol
detallando negativos
que troquelan
el
sí – no – si – no

Por esa razón abstracta
que anidó hace ya
en el universo consciente
contrastes y raíles
confines de los brazos
anhelando el llegar
antes de haber partido

Porque sólo cables
me unen al espacio
de un andén que sale de mi ojo
Y quiere sorprender
Y entiende
Y sopesa
Y disipa
todo lo que parece
y se prolonga en las aceras

Amar en gris
de arcoiris andamos machacados
y sin alcance o posibilidad de retenerlos

Deseo gris
y tu cuerpo negro
o blanco sobre el mío
que llueve carbón
como si mi núcleo
fuera
transitando
ahora sí
ahora no
y desde hoy
se supiera satélite

Ser
Loco-motora
o
Loco – motor
que al mínimo abandono
ruuuuuuuja
y te llame
a meterte dentro del tumulto

Porque quiero
un sol bajito
como de cuerpo de niño
que nos quite lo metálico
o esa mala tristeza
que impide poner puertas
a-las despedidas

Impregna tu nostalgia
el derrumbe de la luz
y decido las afueras
allí, junto al vagón
que perdió la mirada
en su última ciudad

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Certezas

Deseaba ser bailarina. Mi madre me compró zapatillas y tutú.

Pero ¿qué tipo de bailarina serás, hija? – dijo ella algo inquieta.
De las que siempre tienen casa – contesté sin conflicto.

Una vez al día, giro en ella. No quiero defraudar a mi mamá.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Lo inevitable

Mujer Pájaro
Joel-Peter Witkin


Ayer dejé que los pájaros se alimentaran de mis flores. Los miraba y no pude ni quise espantarlos. Hoy es evidente el deterioro de las plantas pero no me siento culpable. En aquella osadía de los gorriones había parte de mí. Esa parte que entra sin llamar en la vida. ¿Y cómo no disfrutar de una flor amarilla en pleno invierno? Parece casi una provocación florecer a tan pocos grados. Comprendo que las aves no puedan resistirse. Y siento que mis margaritas no hayan comprendido aún que no se debe florecer en este entorno gris sin estar arriesgándose a ser devorada. No, no moví un dedo. Ni siquiera respiré para no espantarlos. Me deleité con sus mordiscos con cierta satisfacción caníbal. A ratos era la flor, a ratos el pájaro. Y llegaron más al festín. Tantos que parecían convocados a la fiesta por alguna llamada externa. No hubo flores para todos. Algunos se limitaron a picotear el musgo de las grietas de la terraza. Y eso debió parecerles poca cosa comparado con unas hojas tiernas de margaritas. Así que volaron. Y yo con ellos. No sé si con el estómago lleno, pero sí en paz con mi naturaleza. Alguien debió surtirme de alas hace tiempo. Es imposible para mí ver un pájaro y no tener la tentación de irme con ellos.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Tratamientos


Estoy preparada.

Puede que por alguna grieta la sangre se derrame. No importará para entonces. Algo queda. Siempre se adhieren pequeños coágulos a los bordes y en unos minutos las coyunturas estarán selladas. Eso me han contado. Nada cabrá. Nada saldrá. Toda la sustancia invadiendo mi cuerpo. En un par de horas llegaré a pesar por fin. Tendré entelequia. O al menos, pulso. Un poco de pulso. Sólo el justo para sonreír. También, me gustaría, doctor, que mi cabeza se ladeara con cierta gracia. Eso que llaman “glamour” ¿Cree usted que será posible girar mi cuello y que parezca flexible? Y quiero dar besos. Para ello mis labios deben cobrar brillo y matices ¿Es esto posible con una aplicación?
¿Me quedarán cicatrices? Me dijeron otros maniquíes conocidos que hay hombres de verdad que se enamoran de mujeres con cicatrices. Quiero ser así. Una mujer que haya vivido. Con evidencias. Mujer evidente. ¿Existe este término entre los humanos, doctor?

Usted cree que si se me fuese acabando la sangre en unos años, ¿sería posible hacerme este tratamiento de nuevo? Y si fuera así, ¿la sangre podría ser de otro país? Siento muchos deseos de conocer mundo y quizás si me corre por dentro sangre africana pueda comprender y saber mucho de allí. O incluso practicar su idioma y tener más garantías para aprenderlo. Yo escucho mucho eso de que la “sangre es poderosa” ¿Se refieren a esto que le pregunto? Mirarme al espejo un día y comprobar que voy tomando color. El de ellos. Eso sería tan sorprendente…

Ay, doctor, ¡qué nerviosa estoy!
Le pediría que me diera la mano mientras dura el proceso, pero claro, usted tendrá otras cosas mejores que hacer que calmar a una maniquí ignorante. Si por lo menos ya fuera un poco humana, todo cambiaría, ¿verdad? Pero mis manos aún son frías y de tacto extraño. Nada que ver con la piel que intuyo en las suyas.

Querido amigo… ¿podré enamorarme con esta sangre nueva que me regala?
Déme la mano unos minutos. Luego siga su trabajo. Sólo le pido eso. Déjeme que su calor me de paz al menos mientras entran las primeras gotas en mí.

¡Ahhhh! Vaya... vaya… comienzo a sentir cómo la vida me habita. ¿Verán los otros en mí esta nueva percepción del mundo?
Ya... ya sé. Usted se limita a enchufarme a la máquina y dar al botón. Pero hágame un favor. El último… Tóqueme el cabello y dígame a qué huele. Deseo tanto que el olfato me transporte a otros cuerpos vivos…Y ahora… ponga su cabeza cerca de mi nariz. Acérquese. Su olor es dulce como esta sangre. Sí doctor, ya sé que no se debe enamorar de sus pacientes. ¿Pero no podría usted disimularlo al menos el tiempo de esta transfusión? Le prometo que será un secreto. Ande… ponga su boca junto a la mía sólo un instante. Un único roce y le dejaré marcharse. Así podrá contar a sus amigos que de verdad la sangre tiene poder, que mis labios estaban calientes y que yo decía palabras en idiomas distintos y como una mujer enamorada. Venga… doctor… hace tanto frío aquí.

martes, 25 de noviembre de 2008

Céfiro

no soy del mar
me digo
me dicen
y digamos que no

soy terrestre
y sí
me dicen
me digo
y pongamos que no

no acierto en la huella
si
no
para qué
si no existe fango
en el beso analítico

no soy tú
me dices
me digo
los pronósticos chillan
y de repente te veo
si maquillo mi yo
buscándote a ti

no eres ese
o sí
que tiene mi pelo y tirita
como yo te beso muerdo rumio

tengamos la duda
para qué la certeza
de saberte perfecto

y sí
claro que quiero beberte en mi sombra
que me seas anacrónico
y mío
o tuya
del revés la materia

eres del aire
te dices a ti
y a mí
como queriendo volarte
al párpado cornisa

no tengo ciclón
sí la corriente
me digo
me dicen
y llegan carámbanos
donde puse la lengua

soy del mar
y no
el aire sacude
o tú

no
me posa
o eleva
sulfura la piel
y reconcilia preludios

que sí
me has mirado
y no
porque mi cuerpo
es
me digo
me dicen
y supongamos que no
una vasija preñada
o afluente monosílabo
arriba de todo
debajo de ti
y cancela
que pare por trozos
criaturas o demonios
y si
y no
apostemos por un llanto
que enmohezca al áncora

no soy del mar
me digo
me dices
y toco mi osamenta
donde bailas
y si
o digamos que no
de la mano del salitre

lunes, 24 de noviembre de 2008

Alejandra Pizarnik

Dibujo y Poemas de
Alejandra Pizarnik

CAMINOS DEL ESPEJO

I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.

II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.

III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.

IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.

V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.

VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.

VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.

VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.

IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.

X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.

XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.

XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.

XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.

XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.

XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.

XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.

XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.

XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.

REVELACIONES

En la noche a tu lado las palabras son claves, son llaves. El deseo de morir es rey. Que tu cuerpo sea siempre un amado espacio de revelaciones.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Integral

Roberto Fabelo


Hoy sentí ganas de desnudarme. Ir por las calles sólo con la piel. Lo que de verdad soy a la intemperie. Ninguna importancia al color, la falta de él o los lunares. Como si todo pudiera ser semitransparente y verse sólo el interior.

Quise quitarme las caretas, los atuendos que tanto pesan en la calle cada día. Y desee de una forma casi hiriente deshacerme del frío a base de atrevimiento. Retar a la mañana con la más pura esencia del día primero que respiré.

Sentí y siento ganas de arrastrarme por las aceras como una mujer. La mercancía que la muerte tanto busca y que no sé dónde ni cuándo localizará. Siempre fui consciente de estar muriendo. Para qué tanta cubierta. Y qué lindo sería ver esas pieles con sus tonos y sus brillos reconociéndose.

Si todos fuésemos a piel descubierta y al pasar, las miradas sólo recabaran en los ojos de los otros, los encuentros serían tan crudos, tan verdaderos que nada más importaría.

Al ser humano le cuesta tanto reconocerse en la diferencia… Y qué otra cosa somos sino diferentes. Sólo nos iguala el fin.

Sé que a veces, en determinados estados esquizofrénicos, a los enfermos les da por desnudarse. Siempre me resultó curiosa esta manifestación. Está estadísticamente anotado en algún lugar que parte de su sintomatología. Me pregunto si no será que la enfermedad les quita ese pudor que otros sentimos ante el hecho de ser sólo nosotros en cualquier lugar, haya o no gente que nos mire.

Sentí ganas de desnudarme. Y lo hice nada. Igual que cuando siento ganas de abrazar y me reprimo. Exactamente igual que cuando quiero huir y me quedo. Y por supuesto, una copia calcada de los momentos en que me sentí perdida y disimulé todo el tiempo para dar a entender que mi lugar en el mundo era justo aquél donde yo caminaba.

Quise desnudarme y seguí con el teatro en la calle. Sin embargo, he decidido desnudarme en mi casa. Al menos allí. Delante de las ventanas cerradas que hacen las veces de espejos. Lo que no sé es cómo vestirme para no perderme más.

Creo que todos nos hemos buscado en los ojos de alguien alguna vez. Ahora no sé si da más miedo verse tal y como uno es en esos ojos, o ver un pozo sin fondo donde se va cayendo sin remedio. Cómo se hará para buscarse dentro de los ojos-abismo.

Hay días en que desnudarme es lo mejor que podría hacer por los demás y por mí.

Lo que no he decidido aún es dónde guardar la ropa. La parte más razonable que tengo me está diciendo todo el día “ten siempre algo a mano con lo que taparte…”.

Digamos que mi desnudez durará sólo el tiempo de sentirme vulnerable.

martes, 18 de noviembre de 2008

Recitales de Femigrama




Hola a todos.

Mañana miércoles y el jueves son los recitales de Femigrama.. Enviad el correo a todos vuestros amigos. Cuanta más difusión, mejor. .

En el cartel y el tríptico está todo la información así como en la página web, pero os detallo las direcciones y demás de mañana y el jueves.


1º día: 19 de noviembre Miércoles - a las 18:00 H. en la Biblioteca del Centro Cívico El Esqueleto. Cerca de la calle Manuel Fal Conde y del hospital Virgen del Rocío. Zona Sur de sevilla.

Avda. Luís Ortíz Muñoz, s/n
954592388
Bus para llegar: 30-31-32-36

Recitamos:

ROCÍO HERNÁNDEZ
CARMEN CAMACHO
CARMEN VALLADOLID
EVA VAZ
SIRACUSA BRAVO


2º día: 20 de noviembre Jueves - a las 18:00 H. en la Biblioteca del Centro Cívico Entreparques. Cerca de Carrefour de Macarena, Pino Montano o Zona Norte.

C/Corral de los Olmos, s/n
954975001
Bus para llegar: 13-C6

Recitamos:

ROCÍO HERNÁNDEZ
CARMEN CAMACHO
CARMEN VALLADOLID
SARAY PAVÓN
SIRACUSA BRAVO


Espero veros a la mayoría...


Besos

lunes, 17 de noviembre de 2008

Textos de Eduardo Galeano

guerra de la calle, guerra del alma

Escribir, ¿tiene sentido? La pregunta me pesa en la mano. Se organizan aduanas de palabras, quemaderos de palabras, cementerios de palabras. Para que nos resignemos a vivir una vida que no es la nuestra, se nos obliga a aceptar como nuestra una memoria ajena. Realidad enmascarada, historia contada por los vencedores: quizás escribir no sea más que una tentativa de poner a salvo, en el tiempo de la infamia, las voces que darán testimonio de que aquí estuvimos y así fuimos. Un modo de guardar para los que no conocemos todavía, como quería Esquiu, “el nombre de cada cosa”. Quien no sabe de dónde viene, ¿cómo puede averiguar adónde va?

el diagnóstico y la terapéutica

El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos cualquiera nos reconoce.Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche, por los abrazos o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.
El amor se puede provocar dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir
No lo impide ni el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia, tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas . No hay decreto de gobierno que pueda con él , ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados infalibles brebajes con garantía y todo.








miércoles, 12 de noviembre de 2008

Murmullos


Será
que la luna colma el si-no
o acaso
el influjo de niebla
fábrica de tantos cuentos

Será o es
el himno que queda en la cornisa
cuando llueve

Pueden forjarse utensilios
que apenas ensanchen
con el silencio
y otros

No hay ayer
en la sábana enjuagada
ni techo conocido que
desee

Es el invierno un baúl
o un puente amarillo
Pasa lento
y se arroja hacia sí

Propago las manos
tendidas y sujetas
como tu ropa
que dejó de residir
o que nunca secó lo suficiente

Ha crecido sin semilla
el aliento
Teme las heladas y los roces
tan propensos a licuarse

Fueron
dos sangres las sílabas
contenedoras de verdades
y arrebatos

Será convocada la luz
que nos hizo múltiples
y de
poco
a
nada
nos hará de mecedora

Llega el búho
donde no alcanza mi voz

lunes, 10 de noviembre de 2008

Vueltas


Cómo te parece que
te nombre ahora
que no eres
quien asalta

Verse acristalado
no es muy dulce

Tan libre te creías

Se te quedó vacío hasta
el instinto
que ahora sólo sabe
de lamentos

Te has menguado
a los límites
igual que un saliente de tejado

El azar
antes que palabra
fue capricho
y mi cuerpo queda

s u s p
e
n
d i d o

Soy aire
que no te pertenece

Es mi rúbrica mirarte
no me sirves de alimento
ni envidio tu falta de pericia
que ayer tanta parecía

Llegó la tregua:
estoy afuera.

El agua es hoy
tu hipótesis

Sobre cómo soñar

Este pequeño cuento, si es que puede llamarse así, está escrito hace casi un año. Pero por varias razones me vino a la mente. Hay demasiados tropiezos en la vida que nos impiden seguir soñando con un mundo mejor. Y yo quisiera poner mi pequeña aportación para que eso no ocurra. Al no poseer una varita mágica o los conjuros suficientes que alivien esa desazón que se nos instala cuando creemos que nunca más tendremos ilusión o la capacidad de ilusionarnos, opto como casi siempre, por la palabra. Y pretendo así que las letras hagan las veces de los ojos de serpiente, los rabos de lagarto y la pizca de huesos necesarios para que del caldero salgan chispas y un humo capaz de atraparnos en una atmósfera propicia a los sueños. Como ya dije en un poema hace tiempo "Lo que no parece posible, sucede". Os invito a soñar. Pocas cosas en la vida nutren el espíritu tanto como un buen talante a la hora de imaginar. Os dejo este pequeño relato:



Ayer hubo un conejo que hablándole a Alicia le reprendía sobre la hora y decía algo así como que había que descansar… “Dulces Sueños”, decía.

Y Alicia, obediente sólo en parte, se metió en la cama con la sola idea de soñar con él. Ella ya sabía, por el cuento, que él era un conejo suave, calentito y muy sabio. Algo juguetón y travieso, pero entrañable. Así, que medio acostada, intentó pensar fuertemente cerrando los ojos (esto se lo enseño su abuela) para que con un último pensamiento pudiera crear un sueño perfecto donde ella y el conejo pasearan y disfrutaran de cada cosa de la vida. Por experiencia sabía, que cuando se tienen buenos sueños, las personas se levantan sonrientes y con esperanzas.

Tapada con su manta de colores, encendida la luz naranja que proyecta flores en la pared y con la imagen elegida flotándole en la mente, Alicia creyó que no tardaría en venirle el sueño.

A poco que su cuerpo se fue aflojando y su respiración se hizo intensa, el conejo aparecía y desaparecía envuelto en algo así como bruma. Alicia supo que era el momento de apagar la luz y sumergirse.

Sin flores en la pared, si luz que distorsione, la imagen cobró fuerza. Al rato, ya no sólo veía a su amigo querido, sino también sintió que de alguna manera ella abandonaba la cama para ir introduciéndose en el sueño. Recordó la obligación que existía en aquél país donde La reina de Corazones le dijo que era necesario creer en seis cosas imposibles cada día, y sonriendo dijo en voz alta “Esta sólo es una de las cosas; nos faltan sólo cinco”. Así fue como durante el sueño, junto al conejo, se propusieron buscar y hacer la lista de esas cinco cosas que faltaban.

Hay que decir que el conejo no creía del todo en nada y eso de buscar cosas imposibles se le hacía un poco cuesta arriba. Pero Alicia tenía fuerza y perseverancia, además de tiempo. Ya se sabe que en lo sueños el tiempo no existe.

Conforme avanzaban por caminos imaginados se dieron cuenta de que no hacían falta las palabras; que los roces involuntarios (¿o eran voluntarios…?) se traducían en sensaciones fuertes dentro de ellos. Lindo fue el momento del abrazo. Lindo y cálido. Fue como si de entre sus cuerpos se levantara la calima dejando al paisaje sin protagonismo. Sólo Alicia y él. Nada más importaba.

Hubo un instante en el que el sueño peligró. Es cosa que todo el mundo sabe que cuando en un sueño nada sucede y se paran las imágenes se corre el peligro de despertar. Como el abrazo era tan bueno, ellos no quisieron separarse pronto y el sueño comenzó a perder color y nitidez… Alicia se dio cuenta rápida y separándose de él le dijo bajito “Sigamos paseando de la mano… ¿quieres?”, así no despertaremos aún”. Por supuesto que nuestro querido conejo estuvo de acuerdo con ella. Ya hemos dicho que era tierno y entrañable.

Al mirar el horizonte el conejo confesó a Alicia sus miedos. Ella, confesó cosas de su pasado, de cuando era la protagonista del cuento y le pasaban cosas tan raras y fantásticas. Ambos comprendían. El paseo continuaba.

Pero saben que en los sueños a pesar de no existir el tiempo, si existen la noche y el día. Pues eso, que llegaba la noche, ninguno de los dos quería separarse y fuera del sueño hacía frío. Fue difícil para los dos decidir en qué instante se pararían para que el sueño terminara. Ningún momento les parecía propicio pero sabían que podían citarse para soñar juntos al día siguiente o en otro momento. Los sueños respetan mucho estas cuestiones; realmente de estos acuerdos es de lo que se nutren. Una vez acordado el día, se cogieron de la mano, apretando bastante (eso sí), por el deleite que les daba sentir sus pieles… y se quedaron quietecitos hasta que el sueño se fue derritiendo y al final despertaron cada uno en su lugar.

Al incorporarse a la vida normal, donde a veces no caben los sueños, algo había cambiado: Tanto el Conejo como Alicia, iban por la calle con una ENORME SONRISA.

Los vampiros de sueños sintieron envidia. Los que no saben que existe esta forma de placer, los miraban sorprendidos y los que alguna vez lo habían experimentado les echaban miradas cómplices.

“No importa la hora, querido Conejo”, dijo Alicia. “Lo verdaderamente importante es saber que seguiremos construyendo Sueños”

Nos vemos dentro del Espejo.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Remedios


Tengo cara de viernes. Cara de haberme quedado atrapado al final de la semana.
Hoy al levantarme me vi un poco demacrado. Hacía siglos que no me miraba en el espejo. Claro, desde que no me veo en él. Al principio pensé si no sería el polvo, las telarañas… Incluso accedí ante un comercial pesado a comprarme un centenar de espejos mágicos. Me dijeron que en algunos cuentos eran bastante efectivos. Y nada. En fin…, que he optado por mirarme en un laguito que tengo detrás de mi morada. Está un poco verde puesto que hace unas décadas que no llueve, pero aparto con la mano la mugre y consigo ver mi aspecto. Nunca he sabido por qué el agua tiene el don de reflejarme. No sé si habrá comerciales que puedan venderme lagos más limpios y de paso explicarme cómo funciona esto de los reflejos.

También he detectado en mi figura cierto encorvamiento. Y es que desde hace más o menos doscientos años las puertas de mi mansión han comenzado a empequeñecerse. Intuyo, que para poder pasar por ellas, me voy doblando de forma instintiva y de un día y otro y otro… Y lo mismo pasa con la anchura. Mis brazos se me van pegando a la parte delantera del cuerpo. Es la única forma de pasar entre los bastidores. Tengo mis dudas de si las puertas necesitan alimento. Si es por eso que andan pequeñitas y estrechas. De no comer. Porque recuerdo ahora, que hace mucho esta casa estaba abierta a todo el mundo. Había fiestas, comilonas, juergas y días donde simplemente la gente pasaba y pasaba de una puerta a otra jugando al escondite. Y claro, las puertas estaban felices. Pero no acabo de comprender por qué alimentan las presencias. Todos se iban igual que venían. Quiero decir que si tenían una cabeza, dos piernas y algunas cosas más… así es como salían. Por eso puedo afirmar, que comer, lo que se entiende por comer, no comían. Seguro, para esto también hay alguna solución: “Comida para puertas”.Veré si encuentro algo en las enciclopedias de mis antepasados.

Me gustaría poner color en mi vestimenta. He buscado entre los armarios y todo es tan gris. Casi negro, diría. El inconveniente es esta alergia que tengo al sol. No me sirve de nada que me traigan la ropa a casa. Si pruebo a ponérmela y darme un paseo, siempre tiene que ser a solas. De noche. A oscuras. Los colores no lucen y estoy empezando a estar un poco harto. Heredé una fortuna pero son muchos siglos los que me quedan por delante y debo administrarme bien. Comprar colores que nadie verá no tiene sentido.

Dónde únicamente he encontrado un poco de luz y de solución a mi mala cara, es la posibilidad de que alguien me visite. Encandilarlo sin morderlo. Que quiera quedarse conmigo aquí. Así ambos podemos ponernos colores para el otro. Tendría más sentido y casi no haría falta que llueva para que el lago nos refleje. Cada uno sería como el espejo del contrario. Que sea de noche o de día cuando podamos pasear ya no sería problema. Y si sigo atrapado para siempre en un viernes, al menos seremos dos, que es algo que sólo con pensarlo ya me alivia.

Por cierto… no recuerdo cuándo se me cayó el pelo.

¿Será bien visto que un vampiro artrítico seduzca a una doncella para estos menesteres...? Eso he preguntado ante el ataúd de mi padre. Y él, que siempre me quiso mucho, ha contestado con el silencio. Y ya se sabe, que el que calla, otorga.

Vengo de mirarme en el agua. Por entre los dientes se me comienza a poner cara de sábado.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Resulta-dos

No es posible saber
qué distancia extravía
la realidad de las alas

Ni siquiera es necesario

Es incluso peligroso
tener en los talones
algún sueño, desvarío
o unos muelles
que apunten a la luna

Poner en las letras el néctar
ensayar el
s
a
l
t
o
no es viable para el alma
que navega por las piedras
especulándose navío

No es imperiosa la nada

Soltar el hilo que no tengo
huele demasiado a utopía
cuando me observo las manos

y te veo
por arriba del cometa
que de vez en cuando nos visita
como si fueras
o fuiste
y como eres
siendo lo que no veo

Bien hemos capturado
[el efecto mariposa]
para evitar al mundo
la barbarie

Creímos
Creemos
A mayor certidumbre
más se aplica el abandono
en los nervios de las hojas

Después de todo
tú y yo
fuimos árbol
antes que
ave

martes, 4 de noviembre de 2008

No Tocar


Tantear
Como si la piel no supiera
lo que ya no es bello

Encoger el alma con el roce
Nunca la mano debió
posar la ira en mi vientre
con la alas tan rotas

He vomitado la duda
porque el ansia me conquista

Persigo morir hueca

Dispongo del amor
aunque no encuentro el vértice
para dejarlo resbalar

Por eso te empaqueto
sin destino ni remite
y lanzo el grito que no doy
a modo de carta insatisfecha

Huyeron de mí hasta las vísceras
y ha vuelto amedrentadas
He prometido lejanía
de toda tu piel y la intención
que transluce tu vocablo

Acechar
Como si el cuerpo no captara
lo que nunca fue

lunes, 3 de noviembre de 2008

DAR C-OLOR

Me apareció un día del ayer. Uno de esos días que pensaba se había marchado. Por eso se llama “ayer” a todo lo acontecido. Ese día ha vuelto de repente y me veo a mí misma con las uñas pintadas. Y algo que puede parecer tan poco llamativo, lo es. Nunca me pinto las uñas. Sobre todo la de los pies. Pero aquél día una amiga se esmeró en ponerme “guapa” o “apetecible”, no lo sé. Y ahora me pregunto qué tendrán que ver los pies en esto de las apetencias. Es curioso que no recuerde el color. Sólo el brillo. Mis pies terminaban en trocitos brillantes que reflejaban la luz que se dejaba resbalar entre persianas.

Una tarde de hace tiempo. Años ya. Unos muebles inexistentes, Todo por montar porque mi amiga acaba de mudarse. Un colchón en el suelo que parecía nuestra nave. Y esa nave estaba siendo utilizada para transformarme. Ya no recuerdo si además de las uñas pasaron más cosas. Quiero decir que las mujeres en estas ocasiones en que queremos seducir o ser seducidas nos hacemos muchos retoques del todo innecesarios. Y aún sabiendo este dato, optamos sin duda por depilarnos, maquillarnos de forma especial, ponernos el pelo para otro lado o más ahuecado unas y liso otras, y hasta por pintarnos las uñas que habíamos olvidado tener. Es como dar pequeños saltos en el tiempo.

¿Están vivos los recuerdos? Es probable que sean entes. Que su vida se alimente dentro de nosotros. Aguardan como buenos felinos. Sí, los míos son “recuerdos-pantera”. Saben perfectamente aguardar en silencio hasta el momento justo. Atacan certeros. He sido presa de un día ya gastado. Aunque dudo ahora de su buena digestión. Quizás no debí tragarlo tan deprisa. O me faltaron jugos con los que diluir tantos minutos especiados. Demasiados sabores juntos. Poco tiempo para tanto.

Me llega el olor del esmalte. Y veo mis pies sujetos por las manos de mi amiga. Quién me niega que aquél día yo no fuera sólo eso, dos pies decorados que pensaban por si mismos. Porque es extraño que no recuerde mi rostro. Y sé que me disimulé los nervios con alguna raya en el ojo o un poco de color en los labios. Hoy, cuando este pasado me surge, la importancia sólo la tienen unos dedos pequeños y la ropa con la que adorné la piel. Era verano. Pero me llega el olor de la acetona como si fuera una estación donde me detuve.

Con los pies pintados me fui sola. Al encuentro que intuía. Al descuido de una palabra que me estaba naciendo y que me hizo olvidar todo el acicale. Ningún aderezo tuvo importancia cuando te vi. Y si hubiera ido desnuda incluso de color, también hubiera dado igual. Desde ese instante sólo fueron dos ojos. Sé que había música, árboles y manos. Muchas manos. Incluso me acuerdo de las manos que no eran las nuestras. Unas hablaban o tocaban y las nuestras huían de lo evidente.

Hubo tantos silencios entre ellas…

Debo enviar este día a dormir. Dejarlo donde estaba. Aunque no es lo que deseo. Y vuelvo a la pregunta de sí lo viví o lo dejé a medio vivir y por eso se me instala en el hoy. Como una larga absorción. Debo tener el esófago de la memoria excesivamente largo. Sé que me niego a eliminar. Soy una recolectora. Guardo para el invierno incluso las caricias. Y hoy… hoy… quiero tener las uñas de los pies entrenadas para el camino, por si de nuevo las necesitara.

La forma en la que el tiempo acontece sigue siendo misteriosa. Aquél día no tocaste mis pies. Pero sé que cuando nos acariciamos las manos, ellos estuvieron contentos. Después de todo cumplieron su cometido. Y supieron esperar.

Nunca más he pintado mis uñas. Es probable que sin saberlo estén esperando tu momento. El día en que tus manos los perciban como lo que son. El final de mí. El comienzo de algún camino o el desierto.

Sin darme cuenta el día del ayer que hoy me visita, se ha hecho presente. Y esta vez no he necesitado tener las uñas pintadas para que tus manos se posaran en mis pies.

Todo ciclo es redondo, dicen. Ahora recuerdo el brillo de mis ojos cuando aquél día llegué a casa. Es como si el esmalte se me hubiera subido a la cabeza. Hoy, sin ninguna laca que embadurne, he construido un puente para que los días de ayer contigo, vayan y vengan a capricho. Es mejor no oponerles resistencia.

viernes, 31 de octubre de 2008

MUÉR(DE)TE


Me siento telaraña. Acopio de hilos invisibles que al agruparse parecen manto. Creo incluso que los demás me ven así. Detrás de la viscosidad. No deja de ser irónico que haya días de total nitidez. Que parezco otra cosa. Un ser espejo. Un objeto casi. Donde los demás se miran. Y se ven. En los días que los hilos no son perceptibles he dudado de mi respiración. Como si mi única misión hubiera sido dar vida a la vida (de los otros) Devolverles una imagen apropiada para que se gusten a sí mismos. En esos días, de tanto dar, me quedo hueca. El reflejo no es gratuito y el deterioro me llega pasando por la frontera de los bichos. A pesar de todo sólo tengo dos miembros inferiores. Y sonrío imaginando las posibilidades de ocho. Intuyo que algún día saldrán las antenas. Percepción estática y cazar la presa. Aunque eso llegará con el tiempo.

Soy telaraña. Detrás de la gasa ando. Voy y vengo con los ojos de derecha a izquierda. Miro al frente para ver cómo ven, viéndolos. Y detecto el rictus. Nadie quiere tocarme. Esos días no. Me convierto en pegajosa. Algo tenue que se rompe y deshilacha, que te puede atrapar por cualquier parte. Es como abrazar. Eso hago. Abrazo con un hilo invisible que de tanto ser, se hace visible. Opaco el pensamiento esos días. De telaraña todo. Hasta la luz telaraña. Yo misma, detrás, sucumbo. Ya voy siendo aquello que odio. Adherente a la piel o la ropa. Me incrusto en el pensamiento humano.

Espero la lluvia. Siempre la lluvia. Lo deshace casi todo. O lo encharca. Ninguna telaraña sobrevive al aguacero sin convertirse en plata. Hilos de plata llenos de objetivos por los que contemplar lo de más allá transfigurado. Así sí. Ahí de nuevo los reflejos. Y me usan para verse. O me traspasan para ver un horizonte distinto. Las gotas amplifican la vida. Y siendo “cosa” me voy sintiendo extraña. Como si algo latiera entre la tela y la lluvia.

Mañana seré yo. El universo entero girándome. Las gentes. Los lugares. El otro planeta de otra constelación. Seré lo que no puede ser. Comprenderé cómo sienten los objetos. Cómo los bichos se hartan de serlo. Sabré porqué hay días en que mi reflejo huye y se entretiene en volver.

Mañana. Eso sólo mañana. Hoy me siento telaraña. Alérgica a todo lo parido con dolor.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Difuntos




sin noche el jazmín
y la noche misma

la luz fantasea
abandona sombras
que ya no quiere
evita el encuentro
de la pared y tu boca
o de la mano
que la destierra

sin vida la azotea
y la vida misma

jugamos con el aroma
aquella vez
y otra
o ayer mismo
cómo saberlo

pero creímos ser azúcar
a punto de
c
a
r
a
m
e
l
i
z
a-r-n-o-s
aquella noche noche
sin la duda de sernos

con fuerza la duda
y la fuerza misma

han llegado los cuervos
y la luz ha volado
con la vida a la espalda

he inducido a las macetas
buscando el tiempo
o a ti
cómo explicarlo

los pájaros esta vez
han dado cuenta del recuerdo
y entre las hojas
sin materia la mirada
y tú mismo

No es nada de tu cuerpo

Os dejo un poema que me han regalado esta mañana. Es de Jaime Sabines y creo que merece la pena compartirlo. Espero que os guste.



No es nada de tu cuerpo
ni tu piel, ni tus ojos,
ni tu vientre,ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento:

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.

martes, 28 de octubre de 2008

La belleza del "No"

Comparto con vosotros el inicio de un texto que me ha parecido dulce y a la vez mordaz. Es de mi amiga Coni. Os dejo el enlace donde podéis leerlo al completo:

http://depupilasyconjurosalatinta.blogspot.com/2007/12/codigo-postal.html

Imposibles

Si tuviera que enumerar cada cosa que nunca haremos comenzaría sin duda por hablar de sumergir tu mirada en mi pupila y viceversa. Seguiría con nombrar cada segundo volado fumándonos la piel. Podría ahora hablar de todas las comidas afrodisíacas que prepararíamos con una sola taza de azúcar. Puedo recordar que, algo que definitivamente no haremos será tirar piedras a orillas de un lago azul. No llamaremos al amor por su nombre, ni nos colgaremos relicarios para sentirnos más cerca. Nunca correremos al encuentro con el corazón a punto de explotar. No vamos a extrañarnos por las noches, ni vamos a escribirnos versos dedicados en papeles sueltos para perderlos en cada rincón de la casa. No limpiaremos bajo la alfombra ni colgaremos los cuadros. No podremos secarnos las lágrimas oxidadas mutuamente ni llevaremos la sal a la mesa. No nos contaremos historias ni compartiremos teorías. No madrugaremos desvelados, ni me acomodarás la almohada al cerrar los ojos. No lloraremos la misma risa. No discutiremos ni una vez. No vas a secarme la lluvia de los labios, ni voy a abrigarte aunque mis manos sean pequeñas. No va a volverse mi oído absoluto con tu voz. Ni se te va a herizar la piel con mis besos al despertar. Jamás nos emocionaremos en el cine con la misma película. Ni vamos a deshacernos al observar el hambre alrededor. No plantaremos flores en las macetas, ni regaremos de miel los desayunos. No lograremos deshacernos de los fantasmas. No protagonizaremos la última cena. No comeremos la manzana prohibida, ni buscaremos a Cain y Abel. No voy a comprarte pan tostado ni vas a ayudarme a prender la cadenita de mi cuello. No voy a sacarte los zapatos cuando caigas de sueño ni vas a quitarme el vestido cuando no pueda accionar la presilla del cierre.No, claro que no vamos a bañarnos juntos.
Continúa... (pinchad en el enlace)

FEMIGRAMA - Poesía con Voz de Mujer

Os dejo el cartel del encuentro de poesía en el que participaré los próximos días 19 y 20 de noviembre.

Este encuentro, que se llama Femigrama, estará compuesto por talleres, recitales, conciertos, etc... Toda la información está en el tríptico que adjunto. Así como la página web del encuentro y los horarios y lugares. Espero que os apuntéis a alguna de las actividades que prometen ser interesantes.

El día de la inaguración me gustaría veros a la mayoría. Es el Miércoles 12 a las 19:00 en el Centro Civico las Sirenas, en la Alameda (Sevilla) Se presenta la antología que se ha elaborado con motivo del encuentro y es posible que se regalen algunos libros a los asistentes... así me dijeron. Así que ánimo. Y además de un recital, habrá concierto.

Y los días que yo participo junto a otras compañeras son:

1º día: 19 de noviembre a las 18:00 H. en la Biblioteca del Centro Cívico El Esqueleto.

2º día: 20 de noviembre a las 18:00 H. en la Biblioteca del Centro Cívico Entreparques.
La página web del encuentro es: www.femigrama.com

Como ya sabéis todos los "delasombro" (Para los que no lo son, explico que es el nombre de mi antigua tertulia literaria), me gustaría mucho veros a todos en Entreparques especialmente, ya que nos traerá muy buenos recuerdos. Cuento con vosotros, eh.

Y por otro lado, deciros que no haré un recital pesado... sólo tengo 15 minutos que se pasan en nada... y es probable que haga mi primera Perfomance o algo parecido. De cualquier forma, intentaré que sea ameno y agradable.

Pasaré la información cuando quede menos tiempo, ya sabéis que soy constante, pero id anotando fechas... pasaré lista.

Me gustaría contar con la mayoría de vosotros, si es posible.

Hasta pronto.

Besos de invierno.

jueves, 23 de octubre de 2008

Detrás

Me ponían siempre a mirar hacia la calle. Era aburrida. Casi nunca pasaba nada. Bueno, sí. Pasaban cabras con su pastor que dejaban un reguero de bolitas negras parecidas a las canicas. Nunca pude comprobar si eran duras o si el olor intenso venía de ahí. Por alguna razón yo sabía que eran los pelos de las cabras los que olían mal. A pesar de no haberlas tocado. Desde la ventana el tacto es inútil.

Una vez pasado el rebaño, aparecían los pájaros. Se volvían locos picoteando. Y es por eso que pensé en que aquello no podía oler de forma tan intensa. Los pájaros no me parecían, por aquél entonces, tan tontos.

Había también un señor que pasaba vendiendo pan en un carro tirado por un caballo. Y unos palos largos y crujientes (de pan) que mi madre siempre me compraba y me daba a través de la ventana. El caballo, al irse, dejaba también algún regalo oloroso en la calle. Sobre las once o así, la habitación de mi madre olía a limpio, pero la calle olía a vida. Sólo yo estaba en la frontera. En ese instante me giraba y me dedicaba a contemplar lo que yo imaginaba como fantasmas.

Aparecían de repente muchos más postigos en las ventanas. La pared se desprendía por trozos y el espejo envejecía y ya no daba reflejos nítidos. Luego, de la nada, aparecían las figuras en el suelo.

Debo añadir que cuando esto empezaba yo apenas me movía y mis ojos se parecían a los dibujos de lo niños en los cuadros de mi casa. Mi madre de vez en cuando me preguntaba si estaba bien y yo tardaba en responder. Sentía miedo de que todo se diluyera. Nunca entró mi madre en este escenario y por ello no sé si hubiera podido verlo. Una mañana se coló un pájaro, y todo quedó igual, salvo por una pluma que se quedó un rato girando y que me distrajo hasta posarse.

Abajo los cuerpos si nada. Todo piel. Y yo en el vértice. Sentía que debía dejar espacio para el aire. El que ellos exhalaban. El necesitado debía poder entrar. Nunca eran gestos bruscos. Suavidad en cada pose como buenos bailarines. A mí me parecían peces blancos. Y no sabía si existían o no. Pero ellos eran peces blancos. Por alguna razón me gustaba más el cuerpo de ella. Era más parecida a los corales que veía en los libros del colegio. Sus brazos sutiles se movían como si la habitación estuviese llena de agua. Algún día lo pensé. Si no estaríamos flotando en aquél espacio y por eso no llegaban los ruidos exteriores.

Él hacía malabares como en los circos. Menos grácil, más disciplina en las piernas y la robustez que hacía que pareciera a veces un árbol.

Bellos los dos. Yo solo. Al borde de algo.

A las doce tocaban las campanas. Él se dejaba caer sobre ella con el último eco metálico. Mis peces blancos dormían.

Yo me centraba entonces en la ventana. Los postigos se convertían en dos y en la habitación comenzaba a haber sonidos de cocina. En la calle los aromas.

Mi madre me nombraba y sólo entonces, la vida de la parte de afuera de la ventana, volvía a interesarme.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Si hubiera de morir dentro de

Texto de : Jaime Sabines Gutiérrez (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; 25 de marzo de 1926 - Ciudad de México; 19 de marzo de 1999). Fue un poeta y escritor mexicano

Si hubiera de morir dentro de unos instantes, escribiría estas sabias palabras: árbol del pan y de la miel, ruibarbo, cocacola, zonite, cruz gamada. Y me echaría a llorar.
Uno puede llorar hasta con la palabra «excusado» si tiene ganas de llorar.
Y esto es lo que hoy me pasa. Estoy dispuesto a perder hasta las uñas, a sacarme los ojos y exprimirlos como limones sobre la taza de café. («Te convido a una taza de café con cascaritas de ojo, corazón mío»).
Antes de que caiga sobre mi lengua el hielo del silencio, antes de que se raje mi garganta y mi corazón se desplome como una bolsa de cuero, quiero decirte, vida mía, lo agradecido que estoy, por este hígado estupendo que me dejó comer todas tus rosas, el día que entré a tu jardín oculto sin que nadie me viera.
Lo recuerdo. Me llené el corazón de diamantes —que son estrellas caídas y envejecidas en el polvo de la tierra— y lo anduve sonando como una sonaja mientras reía. No tengo otro rencor que el que tengo, y eso porque pude nacer antes y no lo hiciste.
No pongas el amor en mis manos como un pájaro muerto.

lunes, 6 de octubre de 2008

bi-color

merendarnos
y poner a

C
H
O
R
R
E
A
R

la calma


sugiéreme
que te des-haga
o
hagamos un color
apropiado a la epidermis

que la vida invite
a besos

vendí-mi-amé
desde la luna a mi hombro
y pon mi racimo
en tu cesta

comernos sin prisa
en horizonte
de uvas con queso
quiero

seamos
gotas
que seducen
dentro de la garganta

todo
menos morir

em-
botella-
da-
mente

Burbujas


un papel en la mesa
la niña que juega
amontona vocales
y fabrica murallas

le huye el sonido
costumbre de viento
guarda-pestañas
y sorbos de risa

columpia
sus brazos
mientras la arena
se le despide

renuncia al acopio
no quiere atrapar
castillos aún
pretende la luna

se le caen
uno
a
uno
los nombres de los días

tiene al hambre en el asiento
un hombre en la línea divisoria
tres gatos que lloran como ella
y un perro que no sabe que lo es

nada por sus ojos un delfín
que cuando los cierra
duerme

un papel en el sobre
dentro, la niña
ha mezclado fonemas
como si fuera el zoológico

escucha a las fieras
al sellar con saliva
la salida
y por la boca
se le asoma un cocodrilo

me quedaré con él, se dice
ahora ya sé
cómo dar sentido
a las vocales

lunes, 29 de septiembre de 2008

A-la con-Fusión

queda rota la idea
contrahecha
ningún traje la afirma
no guarda la pose
ni se tiene

hace noches en mí
reconquista la luz
o sale a la sombra
en el árbol ya muerto

cascada de piel
cuenta nudos
aquellos probables
éstos indecisos

aparece nube hombre
de difuminado sacrificio
al pie de mí
pongo boca-abajo la boca
huyo
comienzo a estar
en el final de los objetos

al llegar
lo negro de lo verde
me siento desprevenida
águila o mamut
puerta cerrada al paradigma

formo el sextante
con ideas que ramifican
y son presas de motivos

ahora
ningún ángulo desconozco
hallo puertas libro
que caminan como humanos
dando sentido a la barbarie

con los dedos
enanezco la dureza
del vivir saltamontes
que rebota
de la entrada
a la salida

he nacido
aún

seré puzzle
desmembrado
en la casa que respira

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Soles

Andy Goldstein - Arborescencias - 1995
es que hay un país
en medio
de nosotros

y por dentro
fronteras

allá tu aire
de olores-fuego
aquí
tendencia de ola

no usar la letra
ni encajar la voz
que no seas palabra
ni eches raíces
seamos silencio

es que hay un océano
alrededor
de las manos

y por dentro
gritos

poner la boca
hacerla río
orilla o
duna

que nos beban los pronósticos
de tú país o el mío
y el límite no sea
un galimatías
sino flor de cereza

es que hay un enigma
entre las venas
del país nuestro

y
por
fuera
equinoccios

el impulso
de duende-hada
se subsiste
y nos espera
en una isla sin avance


martes, 23 de septiembre de 2008

Distancia

Foto: Roberto Martínez
"Chaparro"
Ambos somos prisioneros. Tú adentro. Yo afuera.
Y no entiendo de números a pesar de asumirlos enfrente. No detecto para qué. Tú adentro. De nada sirve cifrar la puerta. Yo afuera.
Quién libre.
Hay moho, hierros que han decidido florecerse en partículas que manchan. Si me acerco me hiere. Si te arrimas los limpias de tiempo. Todo atrapado.

Estar aquí donde el aire me vence no es forma. Ni lo son tus suspiros que a ningún lado van. Hemos perdido hasta el motivo. Olvidado el comienzo. Desde cuándo quietos.
A mis hojas le ofende la piedra. Ella vive. La veo desgastada. Por eso sé que siente. Tú no. Tú dentro. Muerta como una crisálida. O viva algún día. No hoy. Eso no.

Espero tu vuelo. El mío propio. Puse raíces a volar y andan secas. Serán los números la clave. O los dos ojos que alumbran el calvario. Ellos no estaban cuando tú afuera y yo adentro dábamos golpes para entender. Ahora sí. Y seguro piensan que siempre estuvimos callados. Comprendiendo.

Sabes y sé lo duro de dejar de latir. El ansia gobernada. La prueba de ver cambiar y nosotros estáticos. Ha cambiado la pared. Colores y animales han vivido y muerto en ella. Y nosotros iguales. Muertos desde la lombriz hasta el ocre.

Nos quedan algunos pámpanos. Si el número de la izquierda quisiera hacerse llave, nos queda el verde. Ahí agarrarnos. De ahí nutrirse.

Los dos encarcelados y es posible que conscientes. Hace tiempo me quemo. Cuánto hace que tu voz y tu aire se han dejado. ¿Hablo yo? ¿O sólo pienso?

Cárcel-Cerebro.




lunes, 22 de septiembre de 2008

Sustento

Llueve la prisa
minúsculas letras
sonidos de barro

tapa la huella
de mi cuerpo
ayer tuyo

coloca pantanos
entre los dientes
para que mimen

aguafuertes por las ventanas
dicen tu voz
y yo me giro

avisan las aves
una catástrofe:

se hacen líquidos
los sueños
el puente
la cuna
y germina la luz

un oxígeno se desprende
chorrea
como sangre de tábano
y llueve
llueve
llueve

con
o
sin
ti

Otoño

Quería tener primaveras en las manos. Sus ojos no opinaban igual. Deseaban el rojo de la tierra. Se sabía en otra estación. Una estación lejana donde a las mujeres les crecían hojas en vez de cabellos. Donde los años se medían por anillos y la piel hecha corteza se agrietaba como signo de belleza.

Anhelaba lo verde. La brisa de lo tierno. Lo primero nacido. Su cuerpo se torcía dejando visible su pasado. La cosecha de los días. Fuera de este tiempo buscaba sólo un camino. Se enternecía con el ensueño.

Acicalada, decidió sostener sus últimos brotes, cantarles una nana y echarlos a volar. Sabía que todo lo libre vuelve. Se miró. Su rostro reflejaba muchos contornos y alguna vida que no recordaba. Quizás el rastro del agua. Algo intuía de las corrientes que navegan por la profundidad. Nunca sus ojos habían estado tan maduros. Tuvo miedo de ser recolectada. Aún no es hora, pensó. Antes debo limpiar de malas hierbas la razón.

Al sentirse sacudida comprendió lo inevitable. Los ciclos son perfectos. Avanzó guardando las manos en la arena. En ese no-movimiento fue libre. Bebió y pudo esperar. Cuando otra mujer-otoño se vio cubierta de una hermosa cabellera de hojas, se repitió el proceso. Todas clavaron sus brazos.

Hoy pisamos un bosque lleno de senos, de leche que amamanta a la tierra y de cuyas caderas nacen valles.

Quería oír al universo, la mujer-otoño. Todos los demás se acercan, la abrazan y saben decir porque ella escucha. Se le ramifica el oído con las sílabas de otros. Con las suyas nada hace. Espera. Su silencio aguarda. Es quizás otro brote que un día pondrá en su mano y no sabemos si querrá dejarse llevar.


viernes, 19 de septiembre de 2008

Ajedrez

si vengo de la sábana
el hueco incita
y suplica quedarse
medio en nube
medio en tela

sé la trampa del reflejo
todo es círculo

las dos se comunican
se dicen cosas
me juegan
y cedo encariñada

como las pequeñas cosas
soy
importante como ellas
y menos
algunas veces
aunque el tiempo es sólo eso

tiempo
algunas veces

y si no quiero mirarlo
para no saber si vuela
o se me queda secuaz
la duda me convence
de lo absurdo de medirlo

entre o salga
ambas puertas me conocen
me conviven
sobre todo
en las mañanas

estoy al tanto del temor
gris
llueven perspectivas
y me inunda de libretas

me transcribo

hoy pinto fantasías
de negro sobre blanco
mañana
serán saltitos en el vértice
rememorando la estepa
y algún color
que de sentido a mi nombre
y sustancia de péndulo


jueves, 18 de septiembre de 2008

Ellos y Ellas

Me encuentro sin palabras. Quiero decir que no puedo verbalizarlas. Por eso me he puesto a escribirlas.

Hoy, y no sé cómo, ha llegado hasta mi mesa un folleto o una pequeña memoria de actividades de una empresa de tecnología, publicidad y no sé cuántas cosas más. Después de ojearlo aún no tengo claro si venden, compran o alquilan. Si buscan o nos buscan. Demasiados colores, frases, fotos y poses. Todos vestidos de negro sobre fondo naranja, letras blancas y un libro que parece troquelable. De esos como los cuentos infantiles que al abrirlos se monta en un plis plas el castillo con sus puertas abatibles incluidas…

Bueno… alucinando estaba cuando me da por leer alguno de los titulares y me encuentro con algo así: “Un robot que identifica el sexo de los peces. Automatización del sexado de pescado revoluciona el sector conservero”

¡Ayyyyy…! , esta imaginación mía. Ya se ha disparado con múltiples utilidades. En momentos como estos es cuando pienso que equivoqué mi rumbo, mi profesión. Yo sólo tendría que trabajar imaginando… Que me pagaran por ello. Sería eficiente y saldría barata a la larga. Todo producción. Y ningún coste. Pensar no requiere de demasiados artilugios.

Pues bien… que se vayan preparando los peces. Que no hay ambigüedad que valga. Que si un pez ha decidido disimular su sexo, jugarnos una mala pasada haciéndonos pensar que estamos comiendo sardinas hembras en vez de machos… o si a otro se le ocurre que pueden vivir en comunas como si nada, haciéndose pasar todos por hembras… en fin... que esos tiempos ya pasaron a la historia. Ahora deben tener cuidado. Que para eso el hombre, que es tan listo y cuidadoso para poner a cada cuál en su sitio y nosotros, los “no animales”, inventamos tanta máquinas. Bueno, perdón señor ¡Robot clasifica-sexo, que no tenemos nada contra usted…! que aún no sabemos si habrán hecho un androide que hasta tenga sentimientos o una válvula especial para distinguir el olor de las hormonas sexuales de los peces. Mira que si el robot piensa y le gustan las bromas…

Que imagino que todo habrá sido para las piscifactorías… ¿no? Seguro que una de los dos sexos es más rentable que el otro, o tiene mejor sabor, o es por aquello de las huevas… no sé. Pero da pavor pensar en qué pueden llegar a inventar si el género humano sigue igual de ambiguo para todo, incluyendo el sexo. Es como si de buenas a primeras no se pudieran permitir peces transexuales. Que si naces con ovarios debes estar de por vida sexada por no sé qué robot que por supuesto nunca te habrá preguntado si te sientes hombre o mujer. Que en las pescaderías debemos preguntar muy bien si ingerimos hormonas masculinas o femeninas… que ya se sabe que de lo que se come se cría y eso puede terminar mal… muy mal.

Tengo tantas dudas… y como algunas de las hortalizas que comemos ya van teniendo genética animal introducida. No tardará el día en que haya otro robot que te vaya diciendo con voz de alarma… “ALERTA, ALERTA… Tomate macho, tomate macho…” y nosotros avergonzados dejando al pobre tomate solito entre otros muchos machos... cuando lo que queríamos era convertir nuestra ensalada en una orgía y poder disfrutar de la comida como siempre habíamos hecho antes de saber que los sexos se pueden clasificar incluso en los peces.

¿Se harán para entonces clases sociales diferentes? ¿Los que siempre compran verduras macho y los que prefieren las hembras….? Los que tienen en su casa robots capaces de clasificarles todo y los que tienen que apretar el pimiento para ver si le sale la colita por alguna parte…

Me siento confundida, créanme. Y con cierto temor. Que esta empresa que envía el folleto citado, va en serio y con muy, pero que muy sanas intenciones. Y eso, como ya saben, facilita el acceso a subvenciones y facilidades para presionar a los pobres peces que hasta hoy mismo nada saben del peligro que corren.

Ni ellos, ni nosotros.
Tengan cuidado. Si un robot se os acerca y pretende levantaros la falda o agacharos el pantalón… ya sabéis qué andan buscando. El que avisa no es traidor.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Buenas Intenciones

Foto: Roberto Martínez "Chaparro"
Sólo espero que al igual que mi mirada se expande a toda la urbe, desde otro ser, el horizonte sea diferente y en algún momento esa ventana se le quede pequeña, le apriete y salga a comprobar que lo observado se transita.

Cuántas veces te he mirado, mar. Allá. Tan asequible e imponente. Tan lleno de lo dejado. Y vacío de mí.

Cuando te hablo los edificios cierran los ojos. El idioma nuestro es como un pacto. Sé que otros ya te hablaron, que te hablan aún. Depositan en ti sus expectativas y sus sombras. Poco das. La virtud del silencio es tu bandera. Y sin embargo cantas. Me adormezco en las ruinas que vas dejando en la arena. Vas y vienes. Pareces un niño ingenuo que no supiera que subir la piedra por la cuesta y dejarla caer no te llevará a ninguna parte. Sísifo se continúa en ti.

Das; a ratos das sabor a los recuerdos. Y enseguida vienes y te llevas y te adentras y te rompes. Quedo el aire. Pareces una cárcel donde todo es secreto. Admiro tu empatía con la sangre. Tú entiendes de flujos y en esos instantes parecieras casi humano.

Cómo te verán los bloques de cemento. Esos parches-panales agujereados para que podamos respirar, o incluso, tirarnos. Somos tan sobrantes para el mundo…

Ayer me llegó la brisa cargada de frecuencias y dispuse mi cámara. He penetrado el oxígeno que me permite la terraza y han aparecido en mi retina fracciones de vida. Las de los enterrados vivos. Esos ojos ocultos tras los toldos, las persianas o sus pantallas. Los oí gritar y quise rescatarlos. Ellos no lo saben pero están por siempre salvados. Detrás de cada hueco hay una cara, unos labios, unas manos y sueños cumplidos o rotos. Han sido retratados. Inmortalizados, dicen los que entienden de fotografía. Será por eso que antaño se hacían fotos a los muertos. Bebés muertos y de pulso atrapado en sus macabras posturas de niño-estatua. Y viejos que siempre lo serán. Me da miedo pensar si en algún lugar habrá algún cuerpo en espera de descomponerse. Que hasta que su foto no sea destruida sus huesos no se convertirán en ceniza. El poder de la imagen. Quizás atrapemos algo más que los instantes cuando jugamos a esto de poseernos con el rictus del momento.

Pero tú ciudad, qué poco conoces a los tuyos. Y qué poco se conocen entre ellos. Cuánto ruido para nada. Apenas un roce, una mala cara y unos ojos que pueden comerte sin apetito. Nadie se nutre en ti. Se van dejando estelas de pies que nadie sigue. Y es entonces cuando en las azoteas se mira al cielo y nos da por creer en las estrellas. Algo así como dioses que pudieran concedernos aquellos ocultos deseos que cada día paseamos por entre muchedumbres de pobres intenciones.

Menos mal que al final de ti está el mar. Y allí uno sabe que siempre puede ahogarlo todo. Aunque yo soy más de los que esperan encontrar la botella con el mensaje o me entretengo en pensar que aquél castillo de allí, el de arena, nunca será tragado por el mar y algún día las personas se darán cuenta de que dentro viven seres y cosas.

Lo reconozco: soy de esos que ven algo más de lo que un buen objetivo decide mostrarme.
El zoom, definitivamente, debe estar en el cerebro.


martes, 16 de septiembre de 2008

Superficies

The Red Model
René Magritte
Son innecesarios para mí,
decías
Tómalos
se amoldan al camino

Llegó el tiempo
la duda
la certeza
pensamiento esférico

Asumí mi ansía de calzarme
saber qué eres ahí dentro
aprender
y volver del revés la tierra

Llévate mis manos
susurrabas
Ten, cógelas
saben más de ti

En las dunas de madera
escucho cómo ofreces
alguno de tus ojos
otras, sólo el aire
y dejo tus pies al borde

Permíteme que las manos queden
un poco más en mí
Aún no dicen palabras
y espero
el conocimiento

Ahora dime

De dónde te sale el vacío
que nunca lo ofreces
y sin embargo se dilata

Eres fruto del hechizo
Sugerías
Ven, compruébalo
tu imagen ya no es

Tiemblo
el agua me lleva
contrastando la palabra con la efigie
y llega la verdad
en la falta de reflejo

Lo imprescindible es volar
me dice el búho
posándose en mi espalda

Me ha llevado
a un mundo de versos-aire
porque tus sendas aquí
no son
Y ten
llévate el silencio
que no sé dónde dejarlo

lunes, 1 de septiembre de 2008

Épocas

Todo comienza en septiembre: los besos que ivernaban a punto de cristalizarse, la piel que cubre las manos y que en agosto apenas nos era perceptible y los pasos hacia el otoño y su renovación.
Todo naciendo cuando parece justo al revés. El aire quiere impregnarnos del oxígeno de las cosas caducas y por eso sacude a los árboles para que sus hojas nos transporten a la nostalgia. Algo nace en septiembre. Algo o mucho, según se piense. Las posibilidades de un árbol vacío o de una calle crujiente son inimaginables.
Lap piel sabe de los meses y para ellos se prepara. Y luego están las cosechas. La tierra ofrece sus últimos frutos. El hombre, consciente, los recoge y exprime. Bebe su caldo. Se sabe empezando. Se intuye partícipe del comienzo. Hace lo posible por nacer al tiempo dorado.
Hay labios que en verano sa sabían todas las palabras. Al llegar el olor del cambio optan por el roce y las esencias de otros labios. En septiembre se modifican para comunicarse con los silencios.
Me llega por la espalda el otoño. Me abraza fuerte. Y cuando un día escribí el verso “Llámame en octubre...”, nada sabía yo de la fuerza de los deseos.
Te he invocado, Otoño. Y sé que vendrás a mí pénsadote primavera. Los dos sabemos que la savia contenida y bien alimentada puede reverdecer al primer rayo de sol. No es cuestión de estaciones. Sólo de ternura y calor.
Aquí acaba agosto.
Tú me comienzas, septiembre.
Me siento preparada para ver caer las hojas junto a tí; adentrarnos al crujir de las palabras, los besos y los silencios.