jueves, 31 de julio de 2008

Fragilidad

El silencio
y su huella

Poema para desencuentros


Vergel
(menos la esencia, todo se vers-iona)

Llegué viva a la puerta del jardín
el último latido
hermano de la fuente

El alma quedó muerta en la cancela
en intento superfluo
quiso enredarse

Dentro
ángeles muertos

En el viaje
otras vidas
intuyeron
la soledad de las farolas

Llegué dolor a tu recuerdo

Circulé amapoleándote
sobre el lugar
donde pensé
estaba el corazón

las flores se giraron
sustrayéndome el pulso

llego muerta a la vida
en busca de tierra
que me petrifique

Soy
detrás de la celosía
la única estatua
que
entró
viva
en
el
Edén

miércoles, 30 de julio de 2008

Multitud de Reinos


Soy la hormiga Serafina y siempre voy en bicicleta. En verano amarro un trozo de madera con forma de plato y en ella voy llevando todo lo que encuentro al hormiguero. Para mi cumpleaños me han regalado un casco que pone mi nombre en letras brillantes, y ahora, cuando me dan los focos de las farolas, parece que soy una bombilla. Lo que más me gusta del mundo es pasear sin hacer nada, pero como nací hormiga, dice mi madre que no debo holgazanear. Que ninguna hormiga tiene vacaciones.

Y cabreada como estoy con tanto trabajo me he apuntado a una lista de bichos que quieren ser otras cosas. Es un médico muy famoso el que te transforma en lo que quieras. Mi familia no lo sabe y no puede enterarse nadie. He pensado mucho en qué quiero convertirme para trabajar menos y disfrutar más. Pero no quiero ser algo grande que no pueda montar en bicicleta… ni tampoco algún bicho que pueda atacar a mi familia y comer hormigas. Es difícil dejar de ser para ser otra cosa, porque yo no conozco como es la vida del pobre gusano. Sólo sé que se arrastra mucho y que debe dolerle la barriga. Y por ejemplo, una rana, que todos andan besando para conseguir un novio… eso no es vida…

Tengo varios meses para pensar en lo que quiero ser a partir de ahora. Quizás no sea tan fácil como pensé en un principio. Y como no puedo hablarlo con nadie… Si mi madre supiera que un día recibirá una carta diciendo que ya no existo, que me fui lejos… se moriría de la pena. Y para mí debe ser duro pasar por mi hormiguero, reconocer a mis hermanos y no poder decirles nada. ¡¡¡UFFFF!!!

Serafina… - me digo en el espejo – ¿lo has pensado bien?

De todo esto me enteré por mi amigo el saltamontes que antes era cucaracha. Se cansó de pisotones y decidió cambiar de vida. Él dice que está mejor, que come, vuela… casi igual que antes… pero que la gente no lo acosa ni le ponen tantos venenos. Que además le gusta más su color verde de ahora y que disfruta mucho dando saltos. Él me animó a esta experiencia.

Pero la vida es sorprendente. Ya lo verán.

Hoy recibí una carta que me dice que el Doctor se cansó de operaciones, que se aplicó a sí mismo el tratamiento que inventó. Ha elegido para ser, una serpiente de agua. Todos lo vieron salir de la máquina que transforma, lustroso y sonriente. No pudo despedirse en el idioma de antes… pero con su cabeza empinada y un movimiento suave, todos entendieron que decía “Hasta luego, me voy a buscar mi agua”

Su secretaria llora sin consuelo. Fui a verla para ver si se podía hacer algo. Dice que el doctor rompió la máquina al salir… y que la siguiente era ella, que se había enamorado de una bonita lagartija… y claro, quería unirse a su reino.

Soy la hormiga Serafina y siempre iré en bicicleta.
Pero nunca seré la misma que antes de este episodio.

martes, 29 de julio de 2008

Paz


Ya sí

Puedo esperar
que la estación se imponga
en su último impacto

Mientras fui no pude

Tenía que mover el aire
inflarme de la vida
soltarla cada vez
y resultó
Tiempo Muerto

Probé las esquinas
intento cabal corpóreo
para transformarme

Los rincones no me querían
el suelo me expulsaba
y en el techo me faltaste

probé al desnudo
apoyando el desamparo en la pared
esperé sus grietas
que un día amaneciera seco
como marisma
o salina
y me fue creciendo musgo

después el frío
la luna que me adopta
la ausencia de tacto
hasta deshumanizarme
y creerme inerte

tuve que no ser
sentirme dentro-fuera
como postigo olvidado
que el viento vence
y truena en la noche

he pasado a ser
tragaluz
ese duende que ya dije
suspira tras las ventanas

Salgo y me camuflo
para dar vida a mí pecho
busco el verde, su ternura
y una forma geométrica
que me duela menos que un cuerpo

en el derribo
lloraré
y vendrán todos a verme

las casas no lloran, dirán
mientras me fotografían

quizás alguien me distinga
entre tanta materia
y llore conmigo
seguro existen otros seres
que viven en las fachadas

Sub-munde-ando




EL CUERVO
Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más."

¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la perdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.

Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".

Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
"Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.

La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar...
sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco la volvió a nombrar.
Sólo eso y nada más.

Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
"Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!".

Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.

Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara "Nunca más".

Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".
Dijo entonces :"Nunca más".

Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
"Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
"Nunca, nunca más".

Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: "Nunca más".

Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.

Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Diós estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algun bálsamo en Galaad!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Diós que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".

"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".

Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará...¡nunca más!.

Edgar Alan Poe

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El cuervo (The Raven en inglés) es un poema narrativo escrito por Edgar Allan Poe y su composición poética más famosa. Fue publicado por primera vez en enero de 1845. Son notables su musicalidad, su lenguaje estilizado y su atmósfera sobrenatural. Habla de la misteriosa visita de un cuervo parlante a la casa de un amante afligido y el lento descenso hacia la locura de este último. El amante, que a menudo se ha identificado como un estudiante, llora la pérdida de su amada, Leonor. El negro cuervo, posado sobre un busto de Palas, parece azuzar su sufrimiento con la constante repetición de las palabras "Nunca más" (Nevermore). En el poema Poe hace alusión al folklore y a varias obras clásicas.
Poe afirmaba haber escrito el poema de forma muy lógica y metódica. Su intención era crear un poema que pudiese gustar tanto a las clases populares como a las personas de gusto más refinado, como explica él mismo en el siguiente ensayo: "La filosofía de la composición". El poema se inspira parcialmente en la figura del cuervo parlante de la novela Barnaby Rudge de Charles Dickens. Poe toma prestados el complejo ritmo y la métrica del poema "Geraldine", de Elizabeth Barrett.
La primera aparición de "El cuervo", el 29 de enero de 1845 en el diario New York Evening Mirror, convirtió a Poe en un personaje muy popular en su época. Pronto se hicieron reimpresiones, parodias y versiones ilustradas del poema. Aunque algunos críticos mantienen opiniones diversas acerca de su valor literario, el poema sigue siendo una de las composiciones más famosas que nunca se han escrito.



"El cuervo" está narrado desde el punto de vista de un personaje sin nombre, que al principio está sentado leyendo "un raro infolio de olvidados cronicones", con la intención de olvidar la pérdida de su amada Leonor.
Poema de ritmo obsesivo en el que la angustia se va apoderando del lector, lleno de rimas internas, la aliteración obsesiva de la erre va produciendo un desasosiego parecido al que produciría el roce de las alas de un cuervo al invadir nuestra vida cotidiana.
El proceso creativo del poema es descrito por Poe en su ensayo Filosofía de la composición, en el que se explica paso por paso la metodología seguida por el autor para su realización.
Han sido varias las traducciones que se han intentado de este poema al español, sin que ninguna haya podido considerarse definitiva hasta la fecha.


Fuente: Wilkipedia




lunes, 28 de julio de 2008

Mientras dura

La Sinérgica Viandante me ha enviado este poema y este bello atardecer. Ella se ve como una de esas barcas. Y por pura simbiosis me imagina igual. No sé si vacía por el momento... no sé si abandonada... o esperando al sol naciente. Ese que convierte en azul cualquier pena que nos encuentra en la noche.
Es probable que este blog durante un tiempo sea menos alegre. Los mundos de vez en cuando se sumergen y hasta que reflotan su halo es imprevisible y algo inquietante.
De cualquier forma, esta Madame Guignol, tiene que agradecerle al blog y a sus amigos, muchos momentos buenos y alegres. Nació de la alegría. Fue directo hacia ella. Y aunque recorra ahora caminos empolvados, no pierdo la esperanza de encontrar ese sol que el mar cada día se traga. Sé que juega conmigo de vez en cuando a esconderlo. A quedárselo para sí.
Sé que perderá fuerza mi literatura en estos tiempos de zozobra. Y que la deriva a la que voy me llevará a puertos donde sólo el alquitrán o el petróleo de algún barco insensato estén presentes. Se me llenarán los pies de fango. Ya casi los tengo negros. Y huellas de pies de barro no pasan nunca desapercibidas.
No puedo mentir. No seré una impostora de mi propia vida. Sea esta Madame, literaria o no, no dejaré de lado los nombres de las cosas. Las letras que son necesarias para nombrar el amor o la barbarie.
Son duros momentos para esta Madame alegre e irónica, cuya vida de circo perseguida desde hace tiempo, ha sido tragada por uno de sus tigres.
La Sinérgica Viandante lo sabe. Se sumerge en mi dolor hasta casi identificarse con él. Ello le lleva a este poema. Poema que yo agradezco y en el cuál ya estoy buceando.
Y porque somos de verdad parte de un mismo universo y no me canso de sentirlo y decirlo, las celúlas que hoy están comprimidas en mi cuerpo también lo están en algunos seres de este planeta. Sentimos de una forma espacial el dolor del otro. Sólo debemos dejarnos sentir y no tener miedo.
En algún momento, lo que nos llegue, no será dolor, sino calma. Y si seguimos abiertos a la vida, nos llegará el amor, la alegría y la paz.
Desde mi titanic particular, os envío un salvavidas... Ojalá quepamos mucha gente dentro.
Con todo mi cariño, os dejo con el poema de La Sinérgica Viandante.



Barcas
derivando hacia puertos sin luz
-Infinito sosiego en la travesía-.
Cambian alas
por remos de papel dorado,
simulando redes con las manos extendidas,
cautivan ondinas inciertas
en plena danza.
Rosa de los vientos
deshojada
en rojos de amapola durmiente,
delicadamente desvestida.
Rosa del Tiempo
surco
en las aguas de las venas,
azules de recuerdos
de gozo
de congoja,
gritos en flor
como ópalos desgranados
de una piedra.
Y el augur escribe
con el grafito de un coral
el final de tanta espera
despacio.

Juego

Atravesar la esencia sin influir en la materia. Apenas la nada.
Hay algo que chilla dentro del colchón. Aquello que no has tocado. Y la ventana, otra ventana más, se siente innecesaria.

Es una visita que invoco. Pero llegas y te vas sin habar rozado mis circuitos. En el sueño quiero ver lo que la mañana me despeja. Quiero y no.

Vapores. Emitimos vapores que a veces se asemejan a las cosas y no queremos ver que ese halo sospechoso nos hará esclavos de una sustancia que no existe.

Te vi. Anduve por ti como si fueras. Un pájaro llegó con la mañana y tú, que quizás nunca fuiste, has aparecido junto al árbol: pequeñito, transparente… En la noche te engrandeces como la luna, pero sé que tu ciclo es más largo. Estás en cuarto menguante y habrá mucho tiempo para perderte.

Soy como la tierra. El verano me agrieta y necesito primaveras que renueven mi sangre. Cada noche me convierto en manantial sólo por ofrecerte calidez, pero no es cierto que lo sea. Soy desierto. Si me ves despacio contemplarás mis dunas… y algún pequeño escorpión dispuesto al sacrificio del fuego.

Me voy disolviendo entre las sábanas y el pensamiento. Vuelvo a invocarte y llegas. Me atraviesas más no me acaricias. Eso nos convierte en algo parecido a la sombras. Quizás ya no nos reflejen los espejos.

jueves, 24 de julio de 2008

Retahílas y contornos


Exterior - es


Mirarte desde dentro
con la vida reposando
y el invierno que reflejan
los ojos de árbol siempre

Demasiadas son las grietas
desconchados
y cortinas

Muchas las capas
que se fueron desprendiendo
y se creyeron verano

Pongo dentro la semilla
Con afán de magia
el pensamiento

Saco el verde de la tierra
lo deposito entre las hojas
y con el soplo de este reto
doy vida a lo obstruido

Me detengo
Se me antoja no tenerte
Es probable que no exista
que la voz haya quedado
entre cristal y luz
encarcelada

Si me muevo
paralizo
lo
que
queda
de
la
tarde

Cuando llega la tristeza
y me mueve las cortinas
sé que nunca fui
artífice de la nada

El azul que nadie añora
me está diciendo al oído
que necesita mi tristeza
para pintarse por dentro
sentirse mar
cuando tú llegues

He dicho sí a la ausencia
Ya es frecuente en este hogar.

Si tú vienes
somos tres
para mirar por la ventana

martes, 22 de julio de 2008

Rupturas


Hay días en que los muros se hacen más altos. Se levantan con ideas y crecen. En esos días la lentitud del caracol se manifiesta y entra en desesperación. Ellos acostumbran a subir paredes bajas, encaladas… no gustan de las piedras. Sí de las barandillas metálicas y sus rincones. He visto amontonados a muchos a unas alturas palpables. Imagino que llegan allí en una de esas subidas, cuando el muro insiste en crecerse y el caracol no tiene tiempo de bajarse. Una vez que el muro se achica, el caracol ha quedado fuera de su hábitat.

Igual que los muros, los escalones. En los días que los muros crecen, ellos, insisten en deformar lo que eres alargándote la sombra. Uno no quiere mirar atrás en días como estos. Porque qué pasaría si tu sombra deformada se manifiesta y rebela…qué podrías explicarle. En los lados del muro y para no ser menos, la sombra deja su halo a todo lo largo. La sombra, ya se sabe, no tiene ideas como los muros que se crecen, pero ellas son envidiosas y copian hasta ensancharse.

En esos días las casas son peligrosas. Si se entra en una, al salir, debe hacerse de puntillas, con el máximo sigilo y sin posar los ojos en ningún sitio. Como las miradas se presienten por la nuca, lo mejor sería taparse la cabeza. En cada ventana nacen ojos que con el tiempo se vuelven siempre malvados. La inactividad a la que están sujetos los vuelve mezquinos. Ellos también tienen ideas como los muros, pero no pueden expandirse, el edificio en sí, se lo tiene prohibido. Si todo se convirtiera en ventana-ojo, la casa terminaría desapareciendo y la pobre puerta no tendría razón para existir.

Detrás de cada puerta siempre están esperando los poemas. En cuanto se entra en una casa con propiedades de crecimiento, los poemas se arremolinan y a veces es imposible pasar de una habitación a otra sin haberte tropezado con alguno. Incluso puedes llegar a aplastar al mejor de ellos. Pero son desobedientes y se arriesgan demasiado. Lo peor viene cuando debemos abandonar la casa, es como una ley sujeta al capricho de la vida, que las puertas deben quedarse entreabiertas. Es entonces cuando los poemas escapan como papeles arrugados cualesquiera. Unos se arrastran, otros sobrevuelan tentándote para que mires atrás… y otros eligen la sombra aún a sabiendas que es una impostora.

Alrededor de las casas de este tipo, los árboles sufren de abandono. Hay días que parecen que no están. Y en los días en que los muros se han menguado, el visitante apenas repara en ellos. Por eso ya no se esfuerzan en pensar y sus hojas sin conversación, se evacuaron hace tiempo.

Y me quedan las cortinas. Son banderas o pestañas. Bien pensemos en ventanas o en ojos enquistados. Se levantan para ondear a modo de pañuelos que se usaron siempre en los adioses. Si al menos simularan “hasta pronto” pero son ajenas para ellas la importancia de las frases.

Con todo, es imprescindible pintar de verde la fachada y si es posible añadir la balaustra. El verde para que ningún muro se vea en el derecho de derrotar la primavera. La balaustra, porque el sol, y en algunos momentos la luna, gustan de entremezclarse con los barrotes y reflejar en las entradas, cada uno a su modo, lo que piensa el universo.

Mientras el atardecer es derrotado, el dolor del fin, hace más grandes las ausencias. Por eso hay casas que se achican a esa hora y en las ventanas sólo caben las pupilas. Los poemas entonces, se deshacen letra a letra. Y la puerta no es más que la boca de una hormiga.

Sólo siendo como el aire conseguiremos entrar en estas casas si nos sorprende el ocaso al borde de la escalera.

viernes, 18 de julio de 2008

Confesiones


He Olvidado Decirte…

Que soy pez.

De repente
soy pez
Se me alojan azulejos
que simulan mis escamas

Me divierten mis morritos
pero no hay besos a la vista
por mucho que mis labios
son amarillos como rosas

Me veo ágil y dinámico
me oriento sin problemas
La cola que no veo
la siento confortable
e incluso imprescindible

Me giro
Subo
Bajo
Muevo la boquita

Las burbujas que disparo
son dibujos instintivos
que cuando humano no tenía

Desde hoy soy pez
unas branquias me han nacido
que me hacen respirar
sólo dentro de lo azul

Y cómo contaros que no sé
desde cuándo
o cómo
Ya no recuerdo nada

La memoria que tenía
Se esfumó por una aleta

Soy pez
recordar en medio líquido
no es lo mismo que en el aire.

Y es probable que me amaran
que yo amara
amase
o que eso nunca sucediese

Soy pez
nada importa que no sea
de la forma del relámpago.

He olvidado para qué
comencé con el poema

Soy pez

Creo

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Me ha llegado a través de una botella tiranda al mar, esta carta y la foto que está al final del texto, que por lo visto es de su abuela, en cuyo abúl apolillado estuvo la carta durante mucho tiempo. Espero puedan ayudarla. Para cualquier información que puedan facilitar, dejen un comentario en esta entrada y yo se lo hará saber.


Gracias.



Estimadísima Madame G:


Como sabe, mi actual residencia carece del confort y el espacio que mi delicada naturaleza requiere para su esparcimiento y conveniente desarrollo, y me hallo inmersa en ardua búsqueda de nuevo y más feliz alojamiento.
Hasta el momento, como ya es de su conocimiento, mis pesquisas han dado desalentador fruto y no encuentro lugar apropiado a mis humildes posibilidades. Como diría cualquier pescadera del Mercado del Norte, estoy hasta la última puntilla de blonda francesa de la tercera enagua de patearme las calles en busca de casa.
Recurro a usted en este delicado momento de desesperación e incertidumbre para solicitar su ayuda. Es por ello que ruego traslade a sus afectos y conocidos esta misiva y su contenido, así como mi necesidad perentoria de hallar un hogar que reúna las condiciones que me son tan gratas y vitales al tiempo que no sobrepase las intenciones del arrendatario las menguadas rentas de que dispongo para aplacar su legítimo requerimiento .
La autorizo, llegado el caso, a ofrecer a quienes pidan a usted más información de quien suscribe, y a facilitar las referencias necesarias que avalen mi cuna y buenas intenciones, todo ello especificado en el pliego anexo a la carta que tiene en sus manos.
A la recepción de este billete me hallaré en negociaciones no del todo placenteras con el propietario de mi actual residencia, ya que se niega a contratar los servicios de un exterminador profesional de plagas, empeñado a sus años en acabar personalmente con la población de cucaracha nativa que se niega a abandonar los que sospecho, siempre han sido sus territorios, a regañadientes compartidos y por lo general disputados con anteriores inquilinos de nuestra especie.
Sin más, y agradeciéndole por anticipado sus esfuerzos por hacer llegar mi solicitud al mayor número posible de afines queda, como siempre, suya,

La Sinérgica Viandante


jueves, 17 de julio de 2008

Cualquier mañana...

Rafalel Zabaleta
El Circo
Todo es posible
(contra el dolor, los caminos)

porque hay trenes que traspasan
paseo por el sueño
en las afueras
lloro duermo hablo
la mañana es sorprendida
como hormiga en la despensa

huesos arrinconados
a la sombra

el invierno rodado
se retrasa
y mi piel necesita del horno
antes
incluso antes
del desamparo del viento

el arcoiris de ayer
con su maquina dispuesta
el destino ligero
vapor de estación cedida
en
esta
mañana
de
nieve
en
el
bochorno

se van los pies
las dudas
las manos
y las gotas de lo que voy siendo

va quedando el hueco
que acicalo
con mariposas o circos pequeñitos
ya que es tanto el afán de latirme

soy número
aguardo
me cuento
cuentan
tantas
y
otras

el universo de mí
se espera a sí mismo
¿o es a ti?

Lo que sé no es puerta
sino cárcel
que sin duda será otra cosa

he comprado por impulso
dos tigres
una foca
y dos de todo

te cedo la silla y el látigo
la función comienza
en la pista número uno
trapecistas
en el patio de butacas
el niño que nunca fuiste.

Se acerca un payaso
te regala su nariz
y tú
perdido en la tristeza
no sabes que al ponértela
el mundo entero te sonríe

Llora el mago
ha perdido la esperanza
le han dicho que tú la escondes
mete la mano en tu bolsillo
saca tu dolor
lo hace humo
te toca el pecho
saca una flor
la huele
te la ofrece
te roba la nariz
No la necesitas

los tigres se tienden
la foca te mima
y dos enormes elefantes
te suben a la estrella
que arriba de la carpa se vislumbra

Pasen y vean…
en esta tarde de tormenta
todos pueden encontrarse cuando niños
¡Aprovechen la ocasión!










miércoles, 16 de julio de 2008

Investigando sobre Litvulpin

ENCICLOPEDÍA BRITÁNICA – Pag.387-388


Litvulpin: Geog. Aldea situada sobre el cerro de Vulp, a orillas del mar Veriático, en la región montañosa de Lateria. Clima templado y ventoso. Es célebre su artesanía basada en la lana de cabra montesa, que se cría en la zona. Litvulpin se hizo mundialmente conocida a partir del caso de La Casa de Mrs. Bolipampe, que a principios del pasado siglo se transformó misteriosamente en un gigantesco libro, que era visitado sobre todo por todos los gatos del país. El caso fue ampliamente estudiado por el investigador hipnopómpico W.H.Ukeltar (Vs.) que escribió sobre el tema el conocido ensayo Emanaciones Literarias en la Arquitectura Tradicional de Litvulpin. Desgraciadamente, en la actualidad no se conservan vestigios de la casa-libro, que fue derribada para levantar un supermercado.

Vista de la Casa de La Sr. Bolipampe - Emanaciones Pictóricas en la Fachada


Vista de la Casa del Sr. Ukeltar después de la agresión vecinal y coleccionistas de arte. Su fachada comenzó a sufrir emanaciones de cuadros clásicos. Todo el mundo quiso tener algún recuerdo en casa y poco a poco la fachada quedó derruida.


Vista General de Litvulpin en la Actualidad




martes, 15 de julio de 2008

Visitas Culturales



Litvulpin, a quince de julio de dos mil ocho

Estimado Sr:

Tengo la costumbre de leer. Mi casa está llena de todo tipo de papeles. La mayoría libros. A veces, cuando el tiempo lo permite, leo en la terraza. Y otras muchas, en la habitación con las ventanas abiertas y la puerta que da a la terraza también. Leo en voz alta. Incluso mi pareja y yo nos leemos mutuamente intercambiando el libro de manos como un pequeño trueque cultural. La voz. Todo es voz en aquella casa. Voz literaria que las paredes comienzan a captar. De hecho, hay algunas que comienzan a tener manchas que insinúan letras. Algo vagas aún pero prometen. Igual me pasa con los cristales. Las ventanas estuvieron en un tiempo, limpias del todo. Transparentes. Sin embargo, desde hace unos meses, se vislumbran al trasluz algo así como frases que cuelgan. Un día pensé si no sería agua que caía del tejado. Pero luego vi que no. Nadie entiende que no limpie mi casa pero sería un atentado contra la cultura. Se parecería bastante a una quema de libros. Eso nunca. Hace una semana encontré que los azulejos del baño comenzaban a tomar una consistencia de cubierta de libro. Incluso se hunde algo a la presión de los dedos. Un libro acolchado y con los lomos bien grabados. Ese parece el proyecto de mi baño. No puedo leer aún en ellos, pero confío que en breve todo adquiera nitidez. Luego están los grifos. ¡Ah!, los grifos me fascinan. Cuando chorrean y están húmedos, su superficie esmaltada deja de estar brillante y es como si en mi vaso estuviera cayendo diluido un poema. Lo escucho. Es poesía sonora. Apta para ciegos.

Claro está que este fenómeno no puedo contarlo a mucha gente. Me tomarían por un poco espesa o fantasiosa o ambas cosas… Me ando con cuidado y siempre procuro contarlo sólo a quienes, como yo, gustan de los libros y de su lectura a cualquier hora. El otro día sin más, le contaba a un amigo que cuando fui a barrer la casa tuve que soltar el cepillo porque al arrastrar las pelusas un par de verbos salieron corriendo. No podía hacerles eso. Sin duda yo soy culpable de que todas las cosas de mi casa estén transformándose en algo literario. No sería justo que aniquilara su iniciativa de unirse a mi causa. Era algo impensable hace poco. Mi casa estaba vacía hasta de silencio. Ahora se está llenando de grafías y contenido. Me dice cosas. Me escucha para componerse mejor.

Por ejemplo, las velas… Ahora les ha dado por doblarse haciendo números. No leo muchos números, la verdad, pero he pensado que quizás se haya puesto de acuerdo para ser el índice o el número de página. Me da pena cambiarlas. Parece todo tan organizado… Incluso creo que sería buena idea montar un museo para que todo el que quiera pueda ir leyendo capítulos dentro y fuera de la casa. Y como sé que la casa es un tanto bromista, creo que cada día cambiará el final de la historia para que nadie deje de ir. Por cierto, en la fachada se comienzan a manifestar otros fenómenos. Hay esbozos de pinturas. No suelo leer cuadros en voz alta, pero sí escribo sobre ellos… Como es tan inteligente mi casa lo mismo ha sentido ese impulso de mostrar por la parte de fuera lo que se escribirá por dentro, como reclamo. Le veo posibilidades. Creo que mi casa tiene más potencial como producto y marketing que yo misma.

Todo esto lo tengo ya bastante asumido. Al principio pensé si no me estaba volviendo excéntrica. Luego me dije: “mejor así, ¡que mi casa tenga voz propia!”.

Y si estoy escribiéndole, señor Ukeltar, es sólo porque ayer noche me pasó una cosa que sí me ha cogido por sorpresa y para la que quizás no esté preparada. Me han comentado que es usted de los mejores estudiosos de la mente y que además lee a sus pacientes en voz alta. Esto último ha sido definitivo para decidirme a escribirle puesto que necesito con urgencia que alguien me diga si lo que me pasó es normal o si debo preocuparme.

Sr. Ukeltar, anoche cuando estaba profundamente dormida, escuché un ruido raro que no sabía de dónde podía venir. Entre sueños pensé varias cosas pero seguía durmiendo sin fuerzas para despertarme. El ruido no paraba. Me despertó al fin. Entraba luz por la ventana. Miré hacía debajo de mi cama. Y justo allí, al lado izquierdo, el sitio donde tengo la mesita de noche con mis libros de cabecera… ¿qué cree usted que había…? Un gato. Sí, un gato.

Hasta aquí todo normal. Bueno, algo que puede asustar a mucha gente, claro. Sobre todo si no tienes gato. Pero lo que no sé cómo explicarme a mí misma ni a usted ahora, es cómo aquél gatito podía estar leyendo uno de mis libros mientras maullaba y con una patita pasaba la página. Sucedió tal y como se lo cuento. No me dejo nada por detrás. Lo tengo grabado en mi cabeza y me da vueltas todo el día. Hoy me he tenido que tomar tres analgésicos para el dolor.

Espero impaciente su respuesta ya que ahora no sé si debo dejar mis libros afuera para que los animales que se acerquen puedan ir ilustrándose, o alejarlos para no influir en su reino ni su forma de vida hasta la fecha. No quisiera ser culpable de alguna barbaridad.

Confío en que sabrá darle el tratamiento que debe a esta información tan delicada.

Su admiradora,

La Sra. Bolipampe

PD: Al acercarme al gatito, se tiró panza arriba para que lo acariciara. En esto, al menos, parece que la cosa no ha cambiado por ahora. Y por si le ayudara en algo le digo que el libro que había elegido era “Mil Cretinos de Quin Monzó”.

viernes, 11 de julio de 2008

Polos de Hielo

Imágen del libro "Cuentos Pulga" de Riki Blanco



Quise pertenecer a un circo cada verano. Y no sé por qué extraña asociación de ideas, cuando pasaban los niños de los gitanos pidiendo limosna sobre la hora de la siesta, yo los envidiaba porque los hacía viviendo en un circo. En aquél momento no entendía que caminar descalzo sobre las aceras o el asfalto casi derretido, llamar a las puertas casa por casa, o ir temblando a que el patriarca te diera una paliza cuando no llevabas suficiente dinero y comida, nada tenía que ver con la vida cirquense. Aunque se asocia ahora en el lenguaje a algo así como “qué circo tenemos montado” en muchas situaciones unas menos dramáticas que otras, yo les hablo del circo de verdad.

Ese circo con fieras, malabaristas y hombres bala. El de los trapecistas sin red y las pulgas amaestradas. Yo sólo conocía las pulgas de los perros de mi vecina que nunca se pararon a escucharme. Que conste que quise tener mi propio circo de bichos.
Y cosas de la infancia, cuando veía los viejos carromatos llenos de “churumbeles” y perros flacos, garrafas de plástico para el agua y miles de utensilios poco usuales en las casas, lo que yo veía era una enorme carpa camuflada. Siempre vi el circo bajo aquella frente.
Aún recuerdo los ojos de una niña a la que le regalé un polo de hielo. Era de coca-cola… o eso decía la etiqueta. Llamó a mi puerta, mi madre abrió y a la altura de mis ojos, estaban los suyos. Pozos. Sus ojos eran lagunas o bosques… sólo tenía que abrir o cerrar los párpados para que fueran una cosa o la otra. Sus pestañas parecían enjambres de ramas… Me recordaron a los pinos. Y su iris el fondo del pozo de mi corral. Negro y tentador. Yo tenía un polo en la mano. Ella me miró, luego bajó los ojos a mis manos, otra vez a mis ojos y yo salí corriendo al congelador a por otro polo igual que el mío. No hubo palabras. No hicieron falta. La niña que yo creía del circo hablaba sin ellas. Mi madre le dio comida. Ella la cogió sin dejar de mirarme. Cerramos la puerta. Mi madre suspiró. Yo corrí a hacer un dibujo del circo. Me sentía feliz de haber podido regalar algo mío a una artista que iba de pueblo en pueblo.

Ahora soy adulta. El domingo es mi cumpleaños. Nací a la hora de la siesta. A las tres de la tarde de un día trece. Me siguen los impares y la calima que todo lo deforma. Mágico número que muchas religiones usan. Las tres de la tarde y mi madre sudando. Muchos años después las tres de la tarde fueron higos chumbos pelados por mi padre fresquitos en la nevera y algún cuento de mi abuela. Por cierto, que casi todos eran de miedo o suspense. Tuve una abuela moderna de mente fantasiosa. Soy producto de ella. Ahora, son las siestas sin sueño. A veces, como hoy, en el trabajo.

Y el verano para mí siempre tiene ese olor de los circos. Mi cumpleaños me trae añoranza de esa inocencia que hacía de mí un ser feliz. Donde había hambre yo veía talento. Y ahora sé que es posible. Que muchos de ellos son seres tan especiales que un circo se les quedaría pequeño. Malabaristas de la vida pueblo a pueblo.

En mi mente y como homenaje, he querido montar una carpa naranja con banderitas onduladas. Que parezcan en movimiento. Dejé fuera el carromato con todos los objetos valiosos guardados y a la sombra. Los animales que no se ven están detrás de los árboles, pastando. Me puse el vestido que una vez vi sobre un cuerpo viejito y flaco, pero que cuando caminaba se abría paso como el viento. Mejor dicho, me imaginé con ese vestido robado a los recuerdos.
Y me faltaba algún objeto, así que opté por el aro. Tuve uno de colores y lo movía hasta quedar exhausta y dolorida. Incluso llegué a pensar que podía volar con él.

Me tendí al sol del verano. Pensé con fuerza en mi afán de pertenecer a ese mundo donde todo es posible. Llegó la siesta. Sé que estoy flotando pero no quiero abrir los ojos. Proyecto una sombra que de vida a mi levitación. Todo existe si se puede contraponer. Me elevo. Mi aro me guía. Veo a la niña. Sus ojos.

Soy parte de este circo y sólo falta que llegue el público. Todo lo demás está preparado.

¡Con todos ustedes… la Magnifica Mujer Aérea…!

jueves, 10 de julio de 2008

Sonrían, por favor...

¿Quienes son los que de verdad están reunidos?
En este cuadro, me pido ser cualquier cosa que se mueva. Por ejemplo... el humo del té.

miércoles, 9 de julio de 2008

Abismos

Fishingroom



PRISIONES


Pongo un pez en la ventana
y le digo
vuela

con su carita de perfil
tentando a un mar donde nada aletea
intenta pegar su aleta al vacío

Y yo susurro
v u u u u e e e e l a a a a a

no es mi mar me dice
o eso creo escuchar
de su boca contraída

no tienes don de habla
creo que digo
o pensé decir

los coches
abajo
simulan olas
un coral en cada cruce
a veces verde

por aquél alféizar de allí
un niño sostiene un gato
dentro de una bañera
y siento como le dice
nada…nada… nada…

es casi seguro que le mira
mientras expone
temas retráctiles
o branquiales
ya no sé

pero algo tienen las ventanas
y los peces
que me incitan al extremo

es probable que mi pez reencarnado
me sujete un día bajo el agua
y grite
Reeeeeeespira



lunes, 7 de julio de 2008

Victoria

Amantes

http://www.nicoletta.info/


He caído.

Venciste con destreza
y solicito de la piel
el esfuerzo de seguirme

Soy tu soplo

Te arrodillas.
El abrazo de tu fuerza
me diseña
y tu mano me devuelve lo robado

Bocas como puertas.

Somos cuevas primitivas
que se dejan anidar
ofreciendo sus paredes

Nos habitan criaturas,
invisibles para el grito
de esta muerte por la voz
que nos cierra las ventanas

Igualados.

Sin diferencia en la cumbre
los ropajes nos camuflan
quedándonos cubiertos
por
mieles
que
destilan
el
manto
de
la
calma


Porque eres
mientras soy
ahora tiembla mi cosecha

me afirmo NutrientE
te percibo BálsamO

viernes, 4 de julio de 2008

Alimentos

Foto: Ardilla Jefa e Isabel
Sierra de Gredos
Se es instinto. También manos que forman parte del yo. Le decimos a los pies “¡Caminen…!” Luego se avanza. La cabeza en la tierra para ver dónde se pisa. Los pies que suben pensándose cielo. La avalancha de sangre que va y viene por circuitos que no vemos. El pulso rítmico suele tomarnos ventaja. Siempre llega antes que nosotros al límite. Se sabe que allí el horizonte nos sabrá a comida de siempre. Que donde nunca estuvimos nos parecerá de pronto el hogar, un sitio donde ya queremos volver y aún no llegamos. Se siente que quizás nacimos allí y no lo recordamos.

Cuando el paisaje y el cuerpo están en simbiosis, el alma flota, se eleva y nos mira desde lejos. Y hasta habla. Va diciendo “eres esto… montaña, prado… aire”

Lo interiorizamos. Allí, en lo más alto, se es por primera vez Ser Humano. Te das cuenta de todo lo que eres todos los días: trabajador, padre, madre, vecino… Pero ahora sabes de las etiquetas y que ninguna te pertenece. Eres. Sólo eres.

Junto a ti el esfuerzo se sienta. El sentido que todos llevamos medio dormido a la altura del vientre, justo detrás del ombligo, se despereza, abre las manitas y nos atrapa.

En lo más alto de una montaña el Ser Humano desea expansión. Se toca el alma. La siente. Y el grito inevitable sube por la garganta. Ambas gargantas. Un rato más y los dedos convertidos en raíces no nos dejarían marchar. Por eso nos movemos. Nos echamos fotos. Decidimos comer. Aparecen las dudas de si no somos nosotros el alimento. Lo que de verdad nutre. Se mira a los amigos. Se llaman. Nos tocamos con el miedo de no haber sido antes seres humanos. Con la timidez de los inicios.

Y una vez rotos todos los esquemas del no ser, archivamos el recuerdo lo más oculto que podemos.

¿Quién entendería que en ese momento sublime nos sentimos paisaje?

Se vuelve. Dejamos al humano para convertirnos de nuevo en cosas: el conductor, la amante, el jefe de una vida que para nada es nuestra porque ahora sabemos que sólo SOMOS.

Con todo mi cariño, para la Ardilla Jefa.

jueves, 3 de julio de 2008

Limit-ando

Estoy cerca y siento tras de mí la angustia del hambre. Se que ellos se regulan. Son capaces de ajustar los dientes a la necesidad. Todos menos uno. Sé que escaparé de él. Su arqueo es mayor de lo que puedo ofrecer. En cuanto se acerque comprenderá que no le intereso. Me dejará ir mientras contempla mi lucha por los límites. Siento un iceberg en la nuca. A veces quema.
Veo ante mí el infinito. Un abismo gris donde los dientes están camuflados. Pero se huye inevitablemente de los mordiscos conocidos.
Me siguen. No creo que se note que tiemblo. Mi cuerpo ya fue torturado para dejarme los caminos que debían seguir otros en mí. No respetaron mi esbeltez de metal. Se propusieron partirme, hacerme accesible, atornillable. Y heme aquí resbalándome la pena en hélices.

Y sé que sus números dicen mucho de la fuerza. Atisbo un diez. Procuro empujar mi pesada carga con la fuerza de la gravedad. El diez debe ser potente en un avance hacia la víctima. ¿Por qué no tendré números grabados? Quizás los tuve y una de las espirales de mi vida, mientras sujetaba algún mueble a la pared se me fue desgastando. Ya no tengo cifras. No soy.

Vienen. Hay letras que siguen a los números. Y muchos hermanos que montan sobre ellos. Mi familia es cómplice. Hacen fuerte a mis enemigos. No saben que cualquier día saldrán de sus cabezas y dejarán de brillar. Que en una mesa cualquiera habrá otras bocas dispuestas para perseguirlos ¿Dónde estaré yo entonces?

Debajo de mí un mundo mullido. Al que voy si llego. Ese que es campo abierto a los sentidos. Ellos son más. Se sabe que la probabilidad nunca fue un tema que interese a los tornillos y sin embargo…
Estadísticamente hablando, estoy muerto.

Fotografía: "Acoso" de Ricardo Clement Alecus - http://ricardoclement.blogspot.com/

Texto: Madame Guignol